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Home Año7 2002 Boletin 149
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Boletin 149 7

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 7

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 149
2a Quincena de agosto de 2002
Fam. González De la Vega

UN RELATO DE CUANTU’A
... Cuando yo era una chitirís
D.R. © Doña Toni Carboney de Zebadúa
Derechos Reservados. Agosto de 2002

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La tarde declinaba. De la pieza contigua escuchamos el “cu-cú” del viejo reloj anunciando la hora: seis pasado meridiano y de manera similar, la campana de la Iglesia Grande tocaba a Oración. La cita era a las siete y yo aún no estaba lista.

Martes 26 de noviembre de 1941. Mi madre y yo nos encontrábamos en el zaguán de la casa de la familia Cancino, en donde Esthercita, una de las hijas que desempeñábase como cultora de belleza, acababa de hacerme un bonito peinado. Pero debido a la persistente llovizna, no podíamos abandonar la casa, ya que aquella había advertido que si el peinado se mojaba, éste se arruinaría. La situación se tornó angustiosa. En el rostro de mi madre se reflejaba la angustia y en el mío, la desesperanza, ilusionada por tener tan bien arreglado el cabello, libre de aquellos “tutzes” que cotidianamente me hacían, bien jalados y apretados, que distaban mucho de ser estéticos. No podía ser tanta mala suerte que la lluvia acabara con el peinado y con mis ilusiones.

Aquella creación consistió en hacerme anchoas con una tenaza especial para esos menesteres, previamente calentada en las brasas de un anafre, que la sirvienta conducía desde la cocina hasta la pieza que hacia las veces de Salón de Belleza. Una vez calentada la tenaza, se enrollaba en ella un mechón de pelo y unos instantes después se soltaba el artefacto quedando los bucles o anchoas como si fuesen naturales.

El tiempo corría y la noche empezó a caer. Pudimos abandonar la casa gracias a la gentileza de Don Juanito – el jefe de la familia – que nos proporcionó un paraguas, colocándome además un paliacate sobre la cabeza para protegerme de las gotas que caían de los aleros.

Al llegar a la casa a toda prisa me puse el vestido azul de olanes plisados, que semanas atrás me confeccionara Doña Julia Ventura. Era de fino flat comprado en la tienda de Doña María Ortiz. Como la ocasión así lo ameritaba, mamá me puso polvos en la cara con una mota y con mi papá nos dirigimos a la cita, a la vuelta de la casa, a un lado de la tienda de los señores Sarquis.

Allí fue instalado el nuevo estudio fotográfico, que por su moderno equipo y técnicas que poseía había causado expectación y por la novedad, muchas personas deseaban fotografiarse en él. A diferencia del tan familiar de Don Augusto Crócker que tomaba las fotos utilizando la luz del sol, a través de unos pequeños manteados colocados en el techo para regular la intensidad de ella; y que, en este caso, constituía un gran importancia, pues si el Astro Rey se negaba a salir, no había foto, hasta el día siguiente, pasado mañana..., otro día... En tanto en aquél, las tomaban utilizando luz eléctrica. Como ésta, en aquel entonces, la teníamos únicamente a partir de las dieciocho horas, las placas eran tomadas en la noche y eso, precisamente, era lo que había causado revuelo.

Los dueños, dos señores avecindados en esta ciudad, llegaron de lejos, del puerto de Veracruz, afirmaban unos. Ambos se distinguían con su eterno puro en la boca y para dirigirse a algún cliente, hablaban siempre a gritos, con un lenguaje incomprensible. Uno de ellos tenía un extraño apellido: Bisabilbazo – quizá de origen vasco – y era quien se ocupaba del manejo de la cámara. El otro era el encargado de las luces y de acomodar a las personas en las posturas adecuadas para la foto familiar, la de quinceañera, la tradicional de boda, etc., etc. Fue éste, quien levantándome de las axilas, me sentó en un alto taburete y, en la pose clásica de la época, quedó mi imagen grabada para la foto del recuerdo, de aquellos días tan felices e inolvidables de mi niñez.

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AMIGO
Derechos Reservados. Agosto de 2002
D.R. Profr. Carlos Romeo Nájera (Colibrí)

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La distancia es fatal para una gran amistad. El olvido y el silencio charlarán sólo de un ayer cuando fueran de un mañana.

Un mañana que se borrará como gotas de sal arrojándose, por los ojos tristes de aquella amistad donde los segundos fueron años de alegría, sonrisas, esfuerzos y sinsabores de la vida. Hubieron espacios que jamás podremos olvidar ni podrán ser ocupados por ninguna otra persona; por que las imágenes, quedan grabadas en el aire de la existencia.

La existencia de un mundo de recuerdos, donde se cruzaron los brazos para guardar el poco calor humano de un día frío de ese ayer tan dulce y tierno.

Dulce frío de un amanecer buscando esa imagen que solo quedo en el recuerdo...


UN HERMANO
TAL VEZ NO SERÁ,
TU MEJOR AMIGO;
PERO UN AMIGO,
SIEMPRE SERÁ
TU MEJOR
HERMANO.


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