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Home Año7 2002 Boletin 149
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Boletin 149 3

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 3

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 149
2a Quincena de agosto de 2002
Fam. González De la Vega

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SÍ CONOCI A ROSARIO CASTELLANOS FIGUEROA (2a parte)
Derechos Reservados. Agosto de 2002
D.R. © Marta Dolores Albores Albores.
Cronista Vitalicia de la Ciudad

>>> Continua del boletín anterior

Cuando viví en su casa le gustaba por las noches ir a mi recámara a contarme de sus estudios, me leía sonetos que después le parecían cursis y los rompía; salíamos al cine, paseábamos por el bosque de Chapultepec que estaba enfrente. Los papás de Rosario guardaban una devoción enorme a Minchito. Tenían los restos que vinieron a traer a Comitán en un cofrecito y en otro mas grande, el retrato del niño siempre con flores y veladoras. En un relicario tenían la foto y un mechón de cabellos que se lo ponían en la ropa de día y se la cambiaban a la ropa de noche; fue hasta cuando enterraron a doña Adriana, que en el mismo cajón pusieron los restos del niño. Después de la muerte de don César creo que Chayito se liberó de este recuerdo que fue durante toda su niñez y juventud un culto al hermano muerto.

Rosario y su papá se entendían muy bien cuando hablaban de escritores y de política, leía cada uno su periódico y cambiaban opiniones; doña Adriana quedaba aislada y por eso cuando yo estaba con ella se sentía contenta de tener con quien hablar de cosas más sencillas. No era de categoría inferior como muchos dicen. Las familias Castellanos y Figueroa eran iguales socialmente, dueños de fincas, pero como en esos tiempos las mujeres no asistían a escuelas superiores y solamente se dedicaban al hogar, don César, recibido de Ingeniero Civil en los Estados Unidos era más culto y por lo tanto podía entenderse mejor con Rosario. Pero como conversadora y observadora, doña Adriana les ganaba; yo siempre la vi serena y de carácter muy dulce. A don César, como un hombre muy sensible, que se dolía mucho de las penas ajenas y trataba a todos con mucha amabilidad y cortesía; así los recuerdo cuando tuve la oportunidad de vivir en su casa y ellos en la mía.

María Escandón fue la mujer que cuidó a Rosario cuando grande y hasta que la dejó casada regresó a Chiapas. Vivió y en la Posada Na-Bolom, en donde murió en el año de 1994; cuidó de Rosario, la acompañó en sus enfermedades y en los mejores momentos. Quiso mucho a doña Adriana a quien también cuidó y a don César; a ambos los vio morir y después quedó con Chayito. De ella guardo una gran gratitud y cariño pues conmigo también fue muy buena cuando viví en casa de Rosario. Ya viviendo en San Cristóbal siempre me visitó.

Cuando por televisión Juan José Arreola dio la noticia de la muerte de Rosario en Tel Aviv, vinieron a mí recuerdo muchas cosas vividas con ella y pensé ¡que bueno que se adelantaron sus papás!, no hubieran resistido perderla así como nunca se les olvidó la muerte de Benjamín.

Chayito en sus años de estudiante, y antes de su boda, era de carácter alegre, muy risueña, tenía unos ojos muy expresivos y luminosos, una sonrisa siempre al saludar, de estatura mediana, pies y manos chicas, su cabello en forma de melenita rizada. Después en sus últimos años y según fotografías que he visto, su imagen cambió mucho, el cabello se lo peinaba para atrás recogido en un moño, sus cejas arqueadas y delgadas, su expresión diferente. Cotejando fotografías de sus quince años y otras en una revista que le dedicaron sus amigos en diferentes lugares y eventos sus gestos son diferentes a la de sus últimos años. No se le puede imaginar risueña en un gesto adusto que antes no le conocí.

>>> Continuará en el próximo boletín

 

 

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