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Home Año7 2002 Boletin 148
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Boletin 148 6

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 6

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 148
1a Quincena de agosto de 2002
Fam. González De la Vega

SIN RECUERDO APARENTE
D.R. © Daniel Meza Saborío
Derechos Reservados. Agosto de 2002

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No recordaba mucho, pequeños recuerdos le asaltaban como relámpagos, se sentía adolorido, el clima era muy frío, y se sentía mareado.

00:35am Conducía en su camión, el radio comenzó a zumbar molestamente las estaciones estaban completamente interferidas, de pronto escuchaba locutores hablando en idiomas que jamás había escuchado, eso le causó gracias, era divertido escucharlos, pero lo raro es que se escuchaba con una claridad impresionante, ni las estaciones locales se habían escuchado así. El radio estaba loco pero eso no resolvía sus dudas, ¿en dónde estoy, qué me pasó?, el lugar parecía un cuarto de hospital, pero tenía la sensación de vértigo similar a la que produce un elevador en movimiento, pero esta era aún más fuerte. Para Álvaro Sánchez lo que sucedía era demasiado extraño, a sus 45 años nunca había creído que enloquecería o que se embriagaría a tal grado que no recordaría en dónde amanecería. En su cabeza escuchaba voces, en varias lenguas y otros sonidos que no entendía, era como si tuviera ahora un radio pero en su cerebro. La habitación era completamente blanca, en ella había una especie de cama, era como una bolsa de dormir, pero de lycra, se pegaba al cuerpo produciendo una sensación de calor reconfortante. En el centro había algo así como una batería de carro que se conectaba directo a la pared, y hacía un ruido molesto pero generaba aire, la habitación era como un refrigerador herméticamente cerrado, el aire permanecía allí, Álvaro no sabía qué era eso, no sabía que esa pequeña batería de carro le mantenía respirando.

00:50am Su camión se hacía muy lento, muy forzado, como si manejara con el freno de mano puesto. El radio ya era un conjunto de ruido del cual no se captaba nada. Se sintió mareado y le había sorprendido un dolor de cabeza, sus oídos se habían tapado y le comenzó a sangrar la nariz.

De nuevo en el extraño cuarto, Álvaro se sentía muy débil, le dolía el estómago como si le hubieran cortado; su hipótesis era que se había accidentado y que estaba en la antesala del cielo, esperando ha que le enjuiciaran. Pero le parecía que para ser el cielo era muy futurista, parecía un cuarto de esas películas de ciencia-ficción que le gustaban tanto a su hijo, recordó como se quedó dormido en el cine al llevar a su hijo a ver el Episodio 1 de Star Wars ¿así se llamaba? le daba igual, ahora sus problemas estaban en otro punto en el que “La fuerza” no le acompañaba.

Se logró levantar de la cama con mucho dolor, juraría que estaba recién operado, se iba a caer y se logró sostener de la pared, fue entonces que descubrió algo muy curioso, era como si toda la pared fuera un audífono, al tocarla, dentro de su cabeza ya no escucho varias voces, sino sólo una, pero eso no era una voz, era algo así como el sonido que hacen los delfines, al retirar la mano el efecto desaparecía.

Su camión estaba fallando, el radio era similar a un amplificador de guitarra, de pronto sintió algo, sintió que hablaban en su cabeza, se sentía operadora de teléfono pero en su propio cerebro, al principio parecía divertido pero después le comenzó a dar miedo la respuesta más lógica que se le ocurrió fue que estaba muy cansado y por lo mismo tenía alucinaciones, muy raras por cierto. En esos pensamientos estaba cuando tuvo que apretar fuertemente el freno haciendo rechinar las llantas. La causa era que por todos lados salían animales de todo tipo hacia la carretera, perros, gatos, ratas, tlacuaches; y los grillos estaban locos, lo primero que paso por su mente era que había un incendio y que huían los animales de éste, pero no podía ser ya que no veía fuego ni olía humo; eso ya era muy raro, no era producto del agotamiento eso sucedía realmente. Las náuseas no se le pasaban y un sudor frío bañaba su cuerpo, pero el miedo mayor fue cuando escuchó una voz que le hablaba directamente a él.

<<El virus nos esta acabando, necesitamos tripulación, ayúdanos, no somos tus enemigos, por el contrario te amamos>>
Álvaro sacó la cabeza por la ventanilla y vomitó. Sentía mucho vértigo, la pared había imantado su hebilla y un zumbido de oídos le molestaba. En las manos vio unos feos manchones cafés, sus uñas estaban moradas y el pelo se le caía a montones. La pared comenzó a vibrar y una puerta que era imperceptible se abrió dando paso a un ser, era pequeño, tal vez metro y medio, sin ningún pelo, con una mano de seis dedos y tres en los pies, estaba desnudo o eso parecía, no tenía sexo, su piel color de elefante le hacía tétrico, y esos ojos tan profundos penetraban como navajas, tenía boca, pero muy pequeña. El ser le observó un momento, parecía que el aire que producía la batería de carro le afectaba.

<<Gracias por tu ayuda, tu recompensa será no recordar esto>>
-Yo no he hecho nada, ni siquiera entiendo que está pasando, dónde estoy o qué eres tú- la respuesta le salió automática, estaba anonadado estaba en una gran experiencia de tercer tipo y de primero también, pero no tenía miedo, lo único que sentía era como si fuera un imán.

<<Nos has ayudado, la tripulación esta completa, el virus esta exterminado, hemos incubado fetos en tu cuerpo, ese era un hábitat idóneo para su reproducción, lo que te pasa son efectos secundarios, no te preocupes, se te quitará pronto>>
El ser se le acercó y le tocó la mano. Su mente se puso en blanco y sólo pudo recordar un pensamiento... era como un sueño de “La guerra de las galaxias”.

00:55am La noche tenía un clima muy agradable, estaba muy fresca y la luna tan hermosa que era imposible no enamorarse de ella a primera vista. En la radio pasaban las viejas canciones que tanto le gustaban. La herida de la operación de apéndice le dolía, lo chistoso era que no recordaba cuándo se operó ni en dónde, quizá de niño y por eso no lo recuerda, pero su herida si le molestaba. Se sentía muy cansado, el trabajo de camionero ya no era como antes. “Mañana será otro día” y sonrió pensando en un rico desayuno en algún lugar bonito, no sabía por qué pero de pronto le gustaba la idea de ser un astronauta.

  
 
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