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Home Año7 2002 Boletin 148
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Boletin 148 3

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 3

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 148
1a Quincena de agosto de 2002
Fam. González De la Vega

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SÍ CONOCI A ROSARIO CASTELLANOS FIGUEROA
Derechos Reservados. Agosto de 2002
D.R. © Marta Dolores Albores Albores.
Cronista Vitalicia de la Ciudad

La conocí desde chica cuando al pasar por su casa la veía sentada en su puerta o en el balcón, acompañada siempre de Mario Benjamín, su hermanito, cariñosamente llamado Minchito, y de la nana Rufina, una mujer traída de "El Rosario", la finca de los Castellanos. Indígena de la zona de Ocosingo, con su huipil bordado y tzec de color azul oscuro en el que se envolvía atada con una cinta roja a la cintura, acompañaba a los niños a fiestas infantiles. Yo tenía amistad, a través de mi madre, con doña Adriana la madre de Rosario y con don César, a quienes visitábamos pocas veces ya que ellos se iban largas temporadas a sus fincas.

Supimos de su dolor al perder a Minchito; y a Chayito la seguí viendo crecer. Siendo mayor que ella, no pude jugar como con otras niñas con quien estuvo en la escuela del maestro Gildardo Guillén y la señorita Ana María Roman.

Después estuvo en la Escuela Secundaria que dirigía precisamente don César. Para dicha escuela, había alquilado con mi madre la mitad de nuestra casa y se dividía por una cerca. La recuerdo con los demás muchachos y su primer novio, que fue el Dentista Guillermo Robles Domínguez, de cuyo noviazgo ella llevaba un diario que causaba mucha inquietud en doña Adriana según me dijo tiempo después.

Cuando se fueron a vivir a México, don César venía a visitar sus ranchos "Chapatengo" en la tierra caliente y " El Rosario" por la zona de Ocosingo. Entonces dejó en mi casa una hermosa cama de latón de grandes cabeceras doradas y llenas de bolitas y ropa de cama, para cuando viniera de visita.

Mi mamá le hacia sus antojitos y allí lo visitaban sus amigos, y platicábamos con él de muchas cosas; era un hombre muy culto, y siempre nos invitaba a que fuéramos a México a su casa en la calle de Madereros hoy Constituyentes.

En el año de 1944, por primera vez, fui y estuve viviendo con ellos cuatro meses; entonces Chayito iba al Colegio Luis G. de León. Cuando Chayito venia de vacaciones, se quedaba en mi casa y teníamos una alegre palomilla de amigos con quienes gozaba de nuestras reuniones. Jorge Pinto su primo y amigo le llevaba serenata de marimba para que se sintiera más contenta. Cuando venía con su mamá, doña Adriana, nos encargaba con tiempo le alquiláramos una casita y le buscáramos a sus antiguas sirvientas para que estuvieran a su servicio en los dos meses de vacaciones. Entonces don César quedaba en México. Amueblábamos la casa y las esperábamos con alegría; las amistades las visitaban y ellas se sentían muy a gusto en Comitán.

En el año 1948 cuando fui a estudiar enfermería y declamación, muere doña Adriana el 2 de enero y el 21 don César muere de un infarto caminando con Rosario por las calles de República del Brasil. Entonces me quedé acompañándola; ella vino luego a Comitán para ver lo de sus fincas y regresó a seguir sus estudios; para entonces su mejor amiga era Lolíta Castro. La visitaban Fedro Guillén, Jaime Sabines, Javier Peñaloza con quien se casó Lolita Castro, y muchos otros escritores y poetas con quien se reunía.

Por el año de 1949 dejé de ver a Chayito. Volví a visitarla en casa de su prima Lucita Lara Castellanos de Ruiz en 1951 o 52. La saludé ya casada en compañía del doctor Ricardo Guerra su esposo; supe cuando perdió a su primer niño y la segunda niña. Después, vino la alegría del nacimiento de Gabriel. La última vez que la vi fue cuando dio una conferencia en la Casa de la Cultura en 1968. La saludé y le comenté porqué ya no tenía lentes y el cambio de su voz. Me dijo que su voz la había educado y que los lentes allí estaban. Era muy humorista y le gustaba manejar la ironía; mucho de lo que ella escribió de Comitán fue narrado por su madre doña Adriana; que se reía mucho de la forma de vivir de los comitecos y criticaba muchas cosas; recordaba anécdotas y las contaba con una gracia muy propia de la cual mucho le heredó Rosario.

>>> Continuará en el próximo boletín

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