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Home Año7 2002 Boletin 147
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Boletin 147 3

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 3

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 147
2a Quincena de julio de 2002
Fam. González De la Vega

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RECUERDOS DE COMITÁN DEL SIGLO XIX
Derechos Reservados. Agostode 2002
D.R. © Marta Dolores Albores Albores.
Cronista Vitalicia de la Ciudad

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Se acabaron muchas de las costumbres; las fiestas que más se celebran son las fiestas patrias. Cambiaron los poblados los techos de paja por tejas, láminas, paredes de ladrillos, electrificación; después, llegaron los molinos de nixtamal, radios y antenas de televisión... Se oye en las comunidades música de tocadiscos o grabadoras, se anuncia con aparatos de sonido.

En las festividades llegan cervecerías, el ejidatario vive “mejor”, vende sus cosechas, cuenta con ayuda de bancos y créditos de gobierno, ya no camina a sólo a pie, las carreteras han comunicado a distintos caminos rurales y hay muchos autobuses de línea o camionetas de los mismos ejidatarios.

Perdieron mucho de sus costumbres en la forma de vestir, compran ya sus equipos de boda en casas comerciales, casi nadie está descalzo; en fin, las condiciones de vida mejoraron en todo sentido. Los niños van a la escuela, los programas de gobierno dan orientación en las comunidades y, aunque todavía conservan muchas creencias y siguen temiéndole a la brujería, ahora para curarse de estos males acuden a centros espiritistas, ya no solamente al brujo local; y siguen teniendo más fe a éstos que a los médicos.

Han empezado ya a comprender la que significa la planificación familiar y la están practicando, aceptan que sus hijos sean vacunados; en fin, el cambio desde la llegada del agrarismo a la fecha es notable y, desde luego, de gran beneficio para el ejidatario, aunque todavía en muchos ejidos los problemas se presentan por la falta de comprensión o por dejarse llevar por personas que tratan de confundirlos. Pero es evidente que el cambio fue progreso para ellos, antes mozos de un patrón y hoy dueños de su tierra. Fin

AROMAS Y SABORES DEL COMITÁN DE ANTAÑO
Derechos Reservados. Agosto de 2002
D.R. © María Antonia Carboney de Zebadúa

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Una fecha muy especial no podía soslayarse: el 24 de diciembre de todos los años en que la tradición obliga la hechura de las hojuelas (pañales del Niño Dios) y en la que las personas mayores de la casa y otras de la familia tomaban parte en su complicada elaboración.

Esta estampa de la vida de la familia Tovar Domínguez era como otras tantas de aquella época, tal y como lo describió Rosario Castellanos en su novela costumbrista “Balún Canán”. Padres que se preocupaban, en mucho, por el bienestar y buena educación de los hijos. A las hijas, es cierto, se les fomentaba el aprendizaje del arte culinario, elaborando, bajo la mirada vigilante de la madre, variedad de platillos; pero también eran inducidas a aprender a bordar, ejecutar bonitos tejidos de gancho; saber planchar muy bien las camisas y además se imponía tomar clases de solfeo impartidas diariamente por una maestra virtuosa en la ejecución del piano. Este instrumento, traído desde la ciudad de México en precarias circunstancias por la carencia de caminos adecuados, únicamente por el ferrocarril Panamericano, no podía faltar en la sala de los hogares de las familias pudientes, a fin de que las hijas, al paso del tiempo, se convirtieran también en virtuosas del teclado, ejecutando los valses en las tertulias del hogar.

La casa que habitó esta familia permanece aún en pie, no obstante el avance del llamado “progreso”, que radical o paulatinamente fue cambiando aquella tradicional arquitectura provinciana. Fue la número cuarenta de la segunda calle del Heliotropo, perteneciente al cuartel primero (como estaba dividida así la ciudad a principios del siglo XX, más tarde llamados barrios).

Como esta casa, existen aún, para satisfacción de muchos, una treintena de ellas, esparcidas por diversos rumbos de la ciudad, guardando cada uno los secretos y costumbres, incluyendo las recetas y aromas de aquellos platillos que degustaron quienes, a través de los años, las habitaron. Fin

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