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Home Año7 2002 Boletin 145
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Boletin 145 6

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 6

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Siete No. 145
2a Quincena de junio de 2002
Fam. González De la Vega


MI PERSONAJE INOLVIDABLE
Carta a la Familia Esponda Cristiani
D.R. © Regina González Carrascosa

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En Selecciones del Reader’s Digest, hace muchos años, venía un artículo que se titulaba “Mi Personaje Inolvidable”. Yo era muy niña, pero sin expresarlo a nadie pensaba: “Yo también tengo un personaje inolvidable”, y algún día cuando sea grande escribiré sobre él; el tiempo fue pasando y sin saber por qué, lo escribo cuando ya soy vieja.

Corría el año de 1930, cuando mi padre, el General Regino González Vaquera en esta ciudad capital del país, pasaba a mejor vida; mi madre Matilde Carrascosa Cristiani, al quedar viuda cumpliendo con las órdenes de mi padre, regresaba a su pueblo de origen “Comitán”. Yo contaba solamente con dos años; pero recuerdo -debe hacer sido 4 años después-, mi primera enfermedad. Por ser única hija, mi madre se puso angustiada y comentaba con mi abuela, “¿qué haré?, a lo que mi abuela contestó, no te preocupés, acaba de llegar ya titulado de médico el hijo de Doña Esther y Don Emilio Esponda, dicen que es muy buen médico, en la tarde da su consulta llevalo con él. Ese mismo día a las 4 de la tarde, nos fuimos mi mamá y yo a la consulta, lo tengo bien presente.

Estaba es una sala muy grande, se subían tres gradas para entrar, las sillas de bejuco estaban alineadas alrededor del cuarto; la gente llenando todo el lugar, esperaba con sus caras llenas de esperanza, pendientes de que se abriera la puerta de vidriera con los vidrios pintados de blanco; esperamos, se abrió la puerta y apareció el “Doctor Esponda”, un jovencito rubio de cara rubicunda y semblante sonriente. Nos llamo diciendo: “Pase usted Doña Maty”, me reviso con gran cuidado, calmó a mi madre y con receta en mano salimos muy contentas; este fue mi primer encuentro con el Doctor Esponda.

En muchas ocasiones, a lo largo de mi niñez y juventud, pude constatar, como este verdadero apóstol de la medicina, practicaba el gran mandamiento de Dios, amar al prójimo dándose a los demás, sin esperar recibir nada a cambio, casi nunca cobraba, a los pobres nada, a los ricos y parientes muy poco, pero como se dedicaba a sus enfermos; se le llamaba cuando alguien no podía ir a verlo y el Dr. Esponda acudía lo más pronto posible; a su llegada se oían los cascos de su caballo (así acostumbraba hacer sus visitas), muy bien vestido como se dice por allá, de corbata y con su saco sastre. Al escuchar las pisadas del caballo, la casa del enfermo se llenaba de alegría; yo creo que muchos se curaban con su sola presencia, fuera rica o pobre la gente no se preocupaba por los dineros de la consulta. Él visitaba diariamente al enfermo, hasta que lo dejaba recuperado y la cuenta se mandaba a pedir y casi nunca llegaba, ¿qué la quedaba?... la gran satisfacción de haber amado y de sentirse querido.

El pueblo de Comitán quería y comprendía al apóstol de la medicina. Una tarde se comentaba en mi casa, “hoy no tomaremos café con pan, cenaremos temprano”. Pregunté por qué, a lo que me respondieron ¿que no sabés?, mañana es el cumpleaños del Dr. Esponda, en la noche saldremos a los balcones, a mirar pasar la manifestación para el Doctor; también en la cocina había gran animación, la Cristina, una vieja gorda de naguas largas de flat, se apuraba a lavar los trastes con jabón de bola, la salera Caralampia, y la ayudante la Ángela también tomaban parte en el arreglo de la cocina; se mudarían de ropa y ellas si irían a la manifestación, llevando sus hachones de ocote, muy bien colorado para que la llama fuera fuerte... así me lo platicaron. A las ocho de la noche en punto nos asomamos a los balcones, y paso la manifestación; todo el pueblo tomaba parte, llevaban ellos, cuchitos, gallinas, flores, dulces y gritaban “Que viva el Dr. Esponda, que viva” y todos llevaban sus hachones de ocote; a través de todos esos gritos se respiraba cariño al buen Dr. Esponda, después de todo iba la marimba de Don Mingo Palacios, la mejor del pueblo, el saldría a recibirlos, a convivir con su pueblo, sí su pueblo, ganado con el precio de su apostolado sin esperar nada.

Queridos primos, en mi memoria guardo, muchas vivencias de verdadera caridad del padre de ustedes. Me casé, nació mi primera hija, esa noche se empezó a poner helada, era la una de la mañana, inmediatamente se llamó al Dr. Esponda, me dijo no te apures Reginita, le pondremos alrededor unas botellas de agua caliente y pronto se pondrá bien, pacientemente se sentó a mi lado, platicamos, le conté “Como tuve criatura, en 40 días no podré leer, tejer ni bañarme y tendré que tomar diariamente caldo de gallina”, se río y me dijo “ve chulita, no hagás caso a las cosas de viejas incultas, ¿qué saben de medicina?, podés bañarte, andar, tejer, leer y abrazar a tu criatura”. Con esto se calmo mi ánimo, me dormí, al despertar mi buen samaritano se había marchado, mi criatura sonrosada y calientita dormía profundamente y reinaba gran calma, mi madre sonreía y me dijo: “Ve nena, todo esta bien gracias a Dios y al Dr. Esponda que Dios lo bendiga, ¡qué haríamos sin él!.

Queridos primos Ma. Antonieta, Eugenia, Francisco, Jorge y Carlos, esta es una sencilla carta, que les recuerda la bondad y caridad de un Doctor que supo sublimar a su hermosa carrera de médico, y amar a los pobres, a los tristes, a los ancianos y a parientes, sin jamás comerciar y enriquecerse con el dolor, ¡que felices se sentirán de tener en el cielo a este Doctor Esponda!.

CARTAS DE NUESTROS LECTORES
Derechos Reservados. Junio de 2002
D.R. © Lucy López Cruz desde S. Pedro Copalar

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San Pedro Copalar Mpio. de Comitán, Chiapas.
21 de mayo de 2002.

Ingeniero Xavier González:

Por este medio le doy las gracias por permitir ser público la manera de como trabajo con lo de la costura, gracias al boletín de la revista ImaginARTE, ya son varias personas que me felicitan por esta publicidad pero esto se debe al apoyo de usted y por esta razón yo le doy las gracias y al mismo tiempo le mando un cordial saludo y salúdeme a su esposa. Lucy López Cruz.

 
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