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Home Año6 2001 Boletin 133
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Boletin 133 5

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 5

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Seis No. 133
2a Quincena de diciembre de 2001
Fam. González De la Vega

UNA MUJER CON ORO EN EL CORAZON (1/3)
Derechos Reservados. Diciembre 2001.
D.R. © Doña Tony Carboney de Zebadúa

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Los rayos del sol entraban ya en la recámara anunciando un nuevo día. Los alborozados trinos de los cenzontles y tiucas, así como el rumor de voces procedentes del corredor, me despertaron aquella mañana de primavera. ¿Quién llegaría tan temprano a la casa? Salté de la cama, me puse los zapatos y enfundada en mi largo camisón de dormir, salí para averiguarlo. Mas al llegar al lugar de donde supuse procedían las voces, no hallé más que una desconocida muchacha sentada en la banca, que al sentir mi presencia, volteó y me sonrió.

- ¿Quién eres? –pregunté –
- Cuca...-me dijo a secas, al tiempo que mi madre llegaba e ignorando mi presencia se dirigió a ella para darle instrucciones-.
- ¿Quién es, mamá?
- Es Cuca, la nueva muchacha que trabajará con nosotros – me respondió y dirigiéndose a ella le ordenó que la siguiese-.

Tomó la caja donde llevaba sus pertenencias atada con un mecate y ambas atravesaron el jardín para dirigirse a la cocina ubicada en el traspatio.
Abril de l940, cuando yo andaba por los cinco años. Fecha en que llegó a trabajar a la casa esta buena mujer, abnegada y sencilla; tan sencilla que ni zapatos tenía. Y a partir de entonces se convirtió en mi amiga, mi compañera de juegos, mi confidente y, con el tiempo –mucho tiempo- en mi Nana.
Este vocablo se ha ido quedando en el recuerdo, porque actualmente ya no hay personas que desempeñen este oficio. Por “nana”, se entendía la persona a quien las patronas confiaban el cuidado de los hijos –del sexo femenino preferentemente-, trabajando en la cocina y también haciendo un poco de todo.
Al poco de llegar ella, me fue gustando su presencia, pues era joven – 18 años-, platicadora y condescendiente. Como yo fui sola, sin hermanas o hermanos con quien jugar, me entretenía buena parte de la mañana en el jardín de la casa e iba a la cocina a jugar con Cuca de “comadres”, con mi muñeca de celuloide, amorosamente abrazada con un rebozo, fingiendo ser una persona mayor. Mas a mamá no le gustaba que fuese tanto allá, pues decía que le quitaba el tiempo a aquella. Y era cierto; además de “comadrear”, jugábamos a la “comidita”, con hojas y pétalos de las flores del jardín, de preferencia las de geranio, de forma circular, que me enseñó a enrollar como tacos. De la basura sacaba una larga cáscara de naranja o lima que alguien había mondado, colgándola en un lacito, como carne salada, igual que en los puestos del mercado, me decía. Jugábamos también a las “escondidas” en el traspatio, aprovechando los recovecos que allí había.

Aunque no he sido madrugadora, de vez en cuando la acompañaba temprano al molino de nixtamal, por el rumbo de Guadalupe. Y también, colgada de su brazo, me llevaba a la tienda de doña Mariana, en el barrio de San Sebastián, a comprar cacao, café en grano, garbanzo o frijol. Ir allá en ese entonces, por la tarde, requería de recomendaciones por parte de mamá: estaba lejos, debíamos regresar pronto, sin entretenernos en el parque cercano o en otra parte. Pero en una ocasión no hubo la mercancía en esa tienda, y se le ocurrió ir a buscarla en otras por el “Puente Hidalgo”. Ir hasta allá, ya eran palabras mayores, pues estaba más retirado. Por lo mismo, y por hallarse muy cerca el cuartel de soldados, nadie transitaba a esa hora por allí, ya que ellos no se distinguían por respetuosos. Por nuestra tardanza –ya casi oscureciendo-, y a pesar de haber explicado el motivo de ella, vino, desde luego, la consabida reprimenda, que compungidas tuvimos que aguantar.

Mi presencia en la cocina era cotidiana. En ella encontraba elementos para jugar, crear e imaginar. Cuando volvía del Jardín de Niños y después de haber observado a la maestra, Doña Carmelita Coello de Alvarado, cómo ejecutaba en el piano el canto del día, sentaba a la nana en un cajón junto a mí en el molendero para enseñarle, según yo, a tocar el piano a cuatro manos. Por ahí encontré un inservible sacabocados que utilizaba como pedal para mi piano. Ahora que evoco esta escena de hace tantos ayeres, no puedo menos que sonreír, para luego decirme cuán sencillos y fantasiosos éramos los niños de esa época; no exigíamos algo especial; nos bastaba la imaginación; y ahí, sentadas, gozábamos el “concierto”. Una de nuestras melodías preferidas era “Incertidumbre”, del compositor Gonzalo Curiel, tan de moda en ese año.
El papel que le fue encomendado a Cuca lo asimiló de tal forma que poco a poco se convirtió en mi ángel guardián; y con la anuencia de mamá, me llevaba a todas partes, enseñándome cosas referentes a su oficio. Me enseñó a almidonar la ropa, a zurcir las tobilleras, a trenzarme el pelo, a podar las ramas de los rosales con una gran tijera, que apenas si podía con ella; pero lo que más me agradaba era tortear, y lo hacía casi todos los días, en una hoja de plátano (previamente asada en el fuego para ablandarla), cuando era la hora de echar las tortillas en el comal recién untado de cal (sustancia que las buenas cocineras conocen, para evitar que aquellas se peguen). También la “ayudaba” a soplar el fuego con un “soplador” de palma, pero les tenía miedo a las chispas que con profusión saltaban de la hornilla, temiendo me quemaran.


>>>Continuará ...

DONCELLA CAUTIVA
Derechos Reservados. Nov. 2001.
D.R. © Julio César López Navarrete

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(Desde el CERESO No. 10.)

Porque eres flor de jazmín,
yo te halago con alarde,
pero no estoy junto a ti
por haber llegado tarde.

A tu vida me refiero
linda doncella cautiva
del esposo que primero
ve su bien y no te brinda
el amor que tan sincero,
conmigo disfrutarías.

No me importa por encima
de quien tenga que pasar
con tal de ocupar un día
ese bendito lugar
que ocupa el que hoy es tu esposo
y no aprendió a valorar.

El sol, la luna y el mar
todos juntos nunca igualan
la belleza de tu andar
la Venus que en ti hace gala.

Como quisiera amor mío
haberte conocido antes
que fueras tu, esposa mía,
que no fuera yo tu amante
.

 

 
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