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Home Año6 2001 Boletin 132
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Boletin 132 5

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 5

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Seis No. 132
1a Quincena de diciembre de 2001
Fam. González De la Vega

MEXICO, RA... RA... RA...
Derechos Reservados. Diciembre 2001.
D.R. © Doña Tony Carboney de Zebadúa

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El teléfono sonó y después de una breve conversación, el talante de Joaquín cambió por completo. Su disgusto fue muy evidente, más aún por no tener una alternativa para solucionar este dilema.

-Trae también a la comadre –le había dicho su interlocutor- y aquí nos bebemos unas “cheves”. Están por llegar los demás con sus viejas...

-¡¡Chin...!! y yo con este compromiso... –se dijo, sintiéndose impotente de no saber o poder resolver el asunto-. ¿Y si le pido favor a... No, de seguro andarán muy atareados con sus hijos –refiriéndose a los vecinos del piso superior con quienes compartían amistad.

Los gritos del mayor de sus hijos y el lloriqueo del más pequeño lo devolvieron a la realidad, apresurándose a calmar a ambos. En seguida le dio varias vueltas al asunto con la mira de librarse del compromiso. Pensó en su madre y en su suegra también, para que le dieran una mano con los niños, pero de inmediato se percató que el auto lo había llevado su esposa. No, definitivamente no estaba a su alcance salir de la casa, a menos que... Tampoco, se dijo, desechando la idea de llevar a los niños consigo a bordo de un taxi a la casa de su compadre. Eso sería una imprudencia –concluyó-.

Abatido, tomó asiento en el sofá, frente a los chiquillos que, indiferentes, retozaban.

Unos meses atrás, Beatriz, su consorte, habíase decidido –previo acuerdo entre ambos- a terminar su carrera de Administración, interrumpida por el matrimonio y la maternidad, cuando estaba ya por concluir el último semestre. Se le presentó la oportunidad de la escolaridad abierta, asistiendo los domingos a la Universidad, como lo hacen muchas personas en situación semejante a la suya o por estar empleados toda la semana.

De buena voluntad él aceptó y se ofreció hacerse cargo de los niños las horas que ella permanecería estudiando en el plantel. A su retorno a la casa, se disponían para salir a comer en algún restaurante, con otros amigos, incluso en casa de sus respectivos padres.

Todo de común acuerdo y ella consolidaba el deseo de graduarse en unos meses más.

El problema –así lo catalogó Joaquín- surgió hoy y, a decir verdad, lo contrarió, sacándolo de sus casillas. No se reprimió y vociferó su mala suerte, imaginando lo bien que estarían pasándola los cuates de siempre en día tan especial. Instintivamente prendió el televisor “para ver cualquier cosa” -se dijo-, ante su absurda situación. Absurda, por no haber tomado con tiempo las providencias necesarias que el caso requería.

El chiquitín lloraba de nuevo; esta vez advirtiendo hambre y sueño. Llevándose las manos a la cabeza, reprochando su olvido hacia el pequeño, se dirigió de inmediato a la cocina a preparar la consabida mamila, que haciendo gala de su fuerza pulmonar, el chiquitín la reclamaba. Al cabo, éste se durmió y en seguida de depositarlo en la cuna, retornó a la sala ya más ecuánime, sentándose de nuevo, manipulando el control a su canal preferido. De inmediato el aparato le dio la imagen previa al encuentro de futbol, donde los aficionados departían su entusiasmo vociferando, echando porras, enarbolando banderines tricolores y otros artefactos. Haciendo acopio de cordura, logró dominar su disgusto para concentrarse en el partido que en unos minutos iniciaría.

Pasado el primer tiempo y ya con una radical transformación en rostro y ánimo, demostrando euforia, fue por una cerveza, al tiempo que se frotaba las manos por la buena anotación de la Selección Azteca, disfrutando de antemano el triunfo que se dejaba entrever. El helado líquido en su garganta acrecentó su frustrado deseo de haber compartido este momento crucial con sus cuates que, de seguro, estarían armando tremendo alboroto con su compadre. A él le estaba vedado sacar a flote su reprimida euforia, pues despertaría al niño. Sin embargo al caer el siguiente gol, gritó de tan forma que aquel se despertó ipso facto, requiriendo atención.

Con el hijo en brazos retornó al lugar de los hechos, haciendo inusitadas maniobras con el fin de apaciguarlo. Todo inútil. Él se desgañitaba sin consideración y respeto a su progenitor que se hallaba al borde de la histeria. Llegó el tercer gol y el clímax lo rebasó. Fue tal su sentir, contagiado por los miles de aficionados en el estadio, que apretujó con fuerza al chiquillo. Gritó –aulló- de tal forma que aquel de súbito dejó de llorar.

-¿Lo ven, hijos...? ¡¡¡Ganamos... Ganamos...!!! ¡¡¡Viva México, ca...nijos!!!-. De puritito gusto –y no era para menos- se puso a bailar para festejar el triunfo. - En el estadio la euforia continuaba; los comentaristas hablaban sin cesar, conjuntando opiniones y los reporteros corrían en pos de los jugadores para lograr la mejor entrevista. ¡El acabóse!

Rato después, con el rostro radiante, Beatriz hizo acto de presencia, soltándole a boca de jarro: ¡Ganó México, mi amor...! ¡Ganó...!
-¿Cómo lo supiste?
-Nuestro asesor no hizo acto de presencia el día de hoy, así que convenimos todos los alumnos a ver el partido en el restaurante cercano. ¡Qué emoción...! ¡Cuanto nos divertimos echándoles porras...! hasta brindamos por el triunfo de la Selección. ¡¡¡Uhhh...yu...yuuuy, qué lindo...!!! –abrazó a todos por igual-. ¿Y los “cachorros” se portaron bien? ¿Te dejaron ver el partido...?

 

LA CRISIS
Derechos Reservados. Nov. 2001.
D.R. © Dr. José Eduardo Gómez Moreno

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Un día despiertas
y el cuerpo no te responde
cincuenta años cumpliste
por tu mente en veloces
imágenes se presenta la vida
las manos vacías
te enseñan los dedos
que sobran al contar
los amigos, que sólo
estuvieron, cuando
tu estrella brilló
en lo más alto
el corazón te recuerda
aquellos amores que compartieron
gran parte tu camino
no importa en que forma
al fin y al cabo, es lo más bello
amar por amar, sin esperar
si te aman o no
los huesos te duelen
y por esto sabes que la
juventud se fue, meditas
un poco, no quieres morir
cuántas cosas pasan
hay niños que sufren
mujeres y hombres, miles
de sectas, políticas vienen
políticos van, solo palabras
el débil siempre pierde
las articulaciones te impiden
andar, el frío taladra
esta mañana, en que reconoces
la crisis de los cincuenta
en esta vida se gana y pierde
es necesario sobreponerse al infierno
de todas las cosas, se vale llorar
la vida es única, tiene que continuar.

 

 
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