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Home Año6 2001 Boletin 127
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Boletin 127 5

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
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Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 5

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Seis No. 127
2a Quincena de septiembre de 2001
Fam. González De la Vega

UN PUEBLO MILAGRO
Derechos Reservados. Septiembre de 2001.
D.R. © Dr. José Eduardo Gómez Moreno

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Erase que se era alguna vez un pueblo apacible, perdido en la inmensidad del mundo. Su gente amable, servicial, vivía serenamente sus días durante la semana trabajando arduamente, esperando el día domingo en que se volcaban para acudir a misa por la mañana; por la tarde, se reunían en cine para una sana diversión. Posteriormente, en forma especial y como respondiendo a un protocolo no escrito pero conocido por todos, daban vueltas al parque girando las mujeres en el interior en el sentido de las manecillas del reloj; y, los varones, en el perímetro externo, en el sentido inverso, para poder así intercambiar miradas y sonrisas en cada vuelta. Cuando alguna damita deseaba que algún admirador la acompañara, se formaba en la parte externa de su grupo para que el galán pudiera contactarla e incorporarse al grupo de las mujeres para acompañarla. Algunas otras personas acudían a cenar o tomar un refresco en los restaurantes que existían alrededor de la plaza principal; y, después de las diez de la noche, unos cuantos trasnochados quedaban por las calles de este bendito Pueblito. Al pasar del tiempo, la sobrepoblación empezó a ejercer cambios en todos los ámbitos. Las calles, antes empedradas, cambiaron a pavimentación; sus calles -de por sí angostas-, con aceras estrechas, lograban mantener un equilibrio entre los automovilistas y los transeúntes.

El progreso generó muchos cambios en todo el entorno, algunos benéficos, otros no tanto, hasta llegar en la era del siglo XXI, a que el pueblito se convirtió en pueblote. Así, hasta hoy en que salir después de las doce del día para ir al centro es exponer la vida, ya que son tantos los automovilistas con alto grado de neurosis, -mis compañeros-, que tarda uno demasiado para poder avanzar; los transeúntes no pueden caminar en las aceras, primero por angostas y criminalmente mal hechas con resbaladillas para fracturarse, llamadas también “entrada de coches las veinticuatro horas”, anuncios, alambres sosteniendo postes; es decir, múltiples trampas para los de a pie. Por lo tanto, tiene uno que invadir el arroyo, toreando carros que -como son del año-, el chofer se lo avienta a las personas. Para completar, ciclistas que pasan como un vislumbre en sentido contrario, los discapacitados casi no tienen opción, al igual que la demás gente de a pie, deben salir confesados y decididos para buscar una oportunidad de regresar sanos y salvos a sus casas, en fin son cosas del destino o de la era cibernética, “al saber”... diría un amigo.

Pues este érase un pueblito que alguna vez tenía para sus habitantes, mejores expectativas de vida, quien sabe, érase que una vez.

warcoiris

DOMINGO EN LA TARDE
Derechos Reservados. Septiembre de 2001.
D.R. © Profr. Carlos Nájera (Colibrí)

 

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La luna alargaba su mano derecha tristemente, despidiéndose de un sol sofocado de alegría.

Las cortinas del manto nocturno, dejan entrever a innumerables parejas que acudían al parque para dar vueltas.

¿Cómo olvidar aquella estatua de cabeza de león que no rugía?; pero, sin embargo, tenía la cualidad de sacar agua por la boca, luciendo su melena sobre las dos columnas de gradas en ambos lados, su figura era majestuosa.

Sus ojos inertes, fueron mudos testigos de aquellos coqueteos comitecos que surgían ocasionados de dos círculos concéntricos, que rolaban de manera inversa, según el sexo.

Era muy peculiar ir al parque con los amigos; después de salir de la función del cine Comitán o Montebello.

Las mujeres estaban en el círculo de afuera, y los hombres en el de adentro, de manera inesperada, recibíamos un codazo del amigo que llevábamos al lado, indicándonos la presencia de una bella dama que por primera vez veíamos en aquel lugar.

Me confieso, que nos poníamos un poco nerviosos, pues teníamos que esperar hasta la próxima vuelta y de ser posible indicábamos una seña física (viene atrás de la muchacha de verde) tratando de localizar la presa inesperada.

Si la dama se interesaba por ese coqueteo masculino, se colocaba a la orilla de sus amigas; en caso contrario, se metía en medio de ellas de tal forma que no pudiéramos hacer ni el menor intento de hablarle, por lo que teníamos que recurrir a una estrategia involucrando a los amigos más cercanos para que nos “hiciera el quite” (quitar el estorbo) o “los quites” necesarios.

Todo pasado duele; el dolor aumenta, cuando nos damos cuenta que ya no podemos subirnos tan hábilmente a la silla para lustrar nuestros zapatos, seguir observando extrañamente como se perdió aquella costumbre o tradición, gracias a los avances mecánicos de la ciencia. Pues hoy en día aún podemos seguir mirando esos círculos, con la única diferencia que ya están motorizados... Por lo tanto, No sé cómo decirle a esa mujer hermosa que lleva el vehículo con placas TQM 7993, que me gusta y que la quiero mucho.

Colibrí.

 
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