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Home Año6 2001 Boletin 126
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Boletin 126 8

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LA MEJOR FORMA DE ESTAR EN FORMA
Derechos Reservados. Agosto de 2001.
D.R. © Profr. Cuauhtémoc Alcázar C. Consejero Deportivo
 

Ejercicio que rejuvenece:

 

A veces, al despertarnos, nos desperezamos con un gesto instintivo que el cuerpo adopta para recuperar su tono vital. Los estiramientos aprovechan esa sabiduría del cuerpo para que los músculos alcancen su tensión natural y ganen flexibilidad. La forma correcta de estirarse es realizar movimientos lentos, permaneciendo relajados y concentrados en los músculos que están trabajando, sin hacer movimientos de vaivén ni llegar a sentir ningún tipo de dolor.

Considero que todo lo dicho acá es de importancia, pero más aún ahora que voy a tratar un tema interesante como es la nutrición. Ahí le van unas preguntas: ¿Desea perder peso pero no es disciplinado(a), con las dietas? ¿Le gusta comer de todo y de vez en cuando concederse un capricho? La clave está en la moderación. Vera qué bien se siente mientras adelgaza con estos consejos:

Tenga en cuenta lo que come.
Elija bien, anotar lo que come puede ayudarle a darse cuenta de sus excesos.
Vigile las cantidades.
Disfrute de ese capricho si lleva una dieta equilibrada.
No se sienta culpable si se pasó porque tenía alguna fiesta o estaba de vacaciones. Intente equilibrar su dieta al día siguiente.

Para entender mejor lo antes dicho, consiste en combinar las carnes, pescados, pollos y otras grasas, con las verduras. Combinar las pastas y harinas integrales con las verduras, no comer nunca una carne con una pasta o un pescado con un arroz, o un huevo con una pasta la mayor gracia de esta dieta, que no es dieta en realidad, es que resulta adaptable a los tiempos en que vivimos. Y ahora si ¡buena suerte! Y buen provecho

Comita7

 

DD00919

“ELLOS” (Cuento 2 de 4)
Derechos Reservados. Septiembre de 2001.
D.R. © Daniel Meza Saborío


Al otro día, saliendo de la escuela, el pequeño José estaba temeroso, no quería volver a su casa, ahí estaban "ellos" y, lo más probable, es que su madre no le haría caso esta vez si gritaba de nuevo en la noche. Llegó a su casa y lo primero que hizo fue ir a buscar un pequeño crucifijo que guardaba en su cajón, se lo había dado su abuelo antes de su "largo viaje", un viaje que había tardado ya varios años. ¿A dónde fue mi abuelito mamá? -Tuvo que hacer un largo viaje, un viaje al cielo-. Le respondía su madre cada vez que le hacía la misma pregunta.

La tarde terminó y llegó la fría noche. José se había pasado escuchando los gritos de sus padres, últimamente era lo único que escuchaba de ellos; se puso el pijama y se acostó, no había apagado su lámpara... esta vez dormiría con luz. Mientras, en el otro cuarto sus padres aún discutían.

<<Pepito, escúchalos, pelean por tu culpa>>. El pequeño duende lo miraba con sus ojos costurados.

- No es cierto, ¡no es cierto!- gritó José. - Eres un mentiroso-. José agarro fuertemente su crucifijo. Garabateó la señal de la cruz en su frente y comenzó a repetir entre susurros: “los niños malos no sueñan pesadillas, los niños malos no sueñan pesadillas, los niños malos no sueñan pes...”

<<Pero tú ni siquiera estas soñando, nosotros somos tan reales como el olor apestoso que me dejaste>>

José observo a su juguetero, enfrente de su cama, en donde desde lo alto estaba "el señor oso" observándole y... ¡hablándole!

<<"Señor oso", no sea tan duro con el niño, el sólo tenía... miedo>> <<Sí.¡Es un mocoso miedoso!, yo pensé que ya era un niño grande>>

Estas frases se parecían mucho a las de sus padres. José lloraba y temblaba de miedo, se aferraba cada vez más a su crucifijo, trataba de no escucharlos; de pronto, comenzó a sentir una sensación ya conocida, quería ir al baño pero tenía miedo de levantarse.

<<Será mejor que vayas Pepito, tus padres no lo soportarán de nuevo>> El duende lo sabe, ¿cómo lo sabe? Será mejor que vaya. Pensó para si mismo. José se levanto de su cama y corrió hacia la puerta, pero a mitad del camino su lámpara se apagó, en realidad toda la casa había quedado en penumbras.

-¡Carajo se fue la luz!-. Oyó gritar a su padre desde el otro cuarto. <<Mejor vuelve a tu cama Pepito, no sabes lo que puedes encontrar al otro lado de la puerta en esta oscuridad... ¿sabes dónde esta tu cama o prefieres que te lleve de la mano>>

En ese momento José escucho al muñeco, como si éste se hubiera caído del juguetero... ¿se estaba moviendo?

<<No me has contestado Pepito, ¿sabes dónde esta tu cama?>>

José cerro los ojos... lo había hecho de nuevo, esta vez no gritaría... de todas formas nadie habría ido a cambiarle.

 

 
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