Joomla ServiceBest Web HostingWeb Hosting
Tenemos 49 invitados conectado
Home Año6 2001
Buscar

Boletin 121 2

portada_tachilguil El distraído de siempre

Se llama Elí y es un mesero muy atento que trabaja en ese restaurante que tiene nombre de mujer y donde se come muy sabroso. Bueno, pues él me dijo:

- Le voy a contar un cuento para que lo pongasté en su Tachilgüil. Pues fijesesté que vino a comer un señor que de por sí es muy destrampado y cuando me acerqué para tomarle su orden me dijo:

- Sírveme unas manos mientras me lavo los huevos. þ

 

Editorial

“Siempre da algo más de lo que se espera de ti...”

Don Héctor González Carrillo

regresocontenido
 

raul_espinosa_bw

EMOTIVA CELEBRACION DEL 5º ANIVERSARIO DEL BOLETIN

Derechos Reservados.
Junio de 2001 . 

 

 

 

regresocontenido

Como ya es tradición en estas fechas y aprovechando la celebración del Día del Padre (que fuera el motivo original de la creación del Boletín), las colaboradoras y colaboradores de esta publicación, tuvieron a bien organizar un sencillo pero emotivo convivio, para intercambiar ideas y experiencias, así como para reforzar los lazos de amistad y de compromiso de comunicación con nuestra querida comunidad comiteca y regional.

Como una innovación para el festejo anual, el Maestro Oscar Bonifaz instituyó el Premio “Banda Blanca del Tachilgüil del Honor” para quienes contribuyan a difundir la cultura comiteca. Este año, se otorgó a los editores del Boletín, la Señora Lourdes De la Vega Román y el Ing. Xavier González Alonso.

Otro momento cumbre de la reunión, fue el regalo que nos hizo el artista Raul Espinosa Mijangos, a través del retrato de la mayoría de los colaboradores permanentes del Boletín, que aparece en la portada de este número.

También fue muy aplaudida la mención especial para Doña Lolita Albores, la persona más querida y respetada del grupo, quien desafortunadamente no pudo acompañarnos en esta ocasión, por primera vez en cinco años, por estar delicada de salud.

Cabe mencionar que el equipo ImaginARTE otorgó diplomas de reconocimiento a colaboradoras y colaboradores, así como a personas que nos han ayudado especialmente en la elaboración y difusión del Boletín. Gracias a todos y cada uno de ellos y, para poder festejar el año próximo, nos espera todo un año de trabajo y cumplimiento del compromiso por rescatar y difundir el pasado, presente y futuro de Comitán y la región.

jose_luis

 

benito_jorge_bw

 

elvita_toni

 
COMITAN, dedicado a Don Héctor González

Derechos Reservados. Junio de 2001 . 

D.R. © Miguel Angel Carballo. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

 

 

 

 

regresocontenido

A Don Héctor González, quien soñó a Comitán y luego se puso a recorrer el mundo hasta encontrarlo. Con motivo del 5º aniversario de “ImaginArte”

Quien te amó, Comitán, sin conocerte,
adivinó en tu suelo y en tu gente,
la promesa divina de la verde pradera,
de los montes floridos; y halló en ti,
amor, familia y patria para siempre.

Sus hijos, hoy, persisten en soñarte;
como el amante mira a su adorada,
así te encuentran, pura, inmaculada,
plena de la virtud y la belleza
que sedujo a su padre antes de verte.

Han plantado en tu tierra su simiente,
subsiste su querencia tras la muerte,
y en su afán pertinaz de cultivarte,
¿quién lo habría de pensar?
después de tanto tiempo ¡ImaginArte! þ

fam_carballo_bw
 
CAMINANTE POR LA PAZ Y LA NIÑEZ

Derechos Reservados. Junio de 2001 . 

D.R. © Equipo ImaginARTE

 

 

 

 

regresocontenido

El 15 de junio de 2001, pasó por Comitán Jean Beliveau en su caminata alrededor del mundo, por la paz en la tierra y en beneficio de los niños y las niñas del planeta.

Este increíble atleta salió de Montreal, Canadá el 18 de agosto del año 2000, habiendo recorrido hasta ahora más de 6,000 kilómetros a pie, hasta Comitán. Su jornada sigue por Centro y Sud América, de donde viajará por avión al sur de Africa, caminará hacia el norte hasta Europa, para pasar luego por los países de Asia y Oceanía, hasta regresar a Canadá, en un recorrido de más de 82,000 kilómetros, que le llevará cerca de 10 años. 

En una entrevista que le hicimos en el Programa “Dígalo Usted Mismo”, Jean expresó estar maravillado por la belleza de Comitán, siendo nuestra ciudad y la de Nueva Orleáns en el Estado de Louissiana, en Estados Unidos, las dos que hasta ahora más le han impactado en su extraordinario viaje.þ

Su página en internet: http://wwwalk.org/

jean_beleveau
 

Crónica de Comitán

SERENATAS INOLVIDABLES

Derechos Reservados. Junio de 2001.

D.R. © Marta Dolores Albores Albores

Cronista Vitalicia de la Ciudad

 

lolita

 

 

 

 

 

 

regresocontenido

N. del E.: Con la debida autorización, continuamos esta sección con un texto tomado de “Así te recuerdo Comitán”.

Allá por los años 1900 a 1920, las serenatas en Comitán se daban con la orquesta de don Pancho Mandujano y se llevaba cargando el piano hasta la ventana de la mujer amada. La calle se iluminaba con ocoteros que se hacían con tripiés de palo, un comal y allí se ponían los ocotes encendidos. En muchas ocasiones se le avisaba a la dueña de la serenata, quien invitaba a sus amistades para oírla entre las 8 o 9 de la noche dentro de la sala de la casa, donde eran obsequiadas con sabroso ponche, curtidos y mistelas. La orquesta se componía de piano, violín, violón, guitarra y flauta y el repertorio de hermosísimos valses como: “Dios nunca muere”, “Perjura” y “Flor de Café”.

Después la marimba fue suplantando a esta orquesta por la del maestro Domingo García, más conocido por “Mingo Tunco”, ya que había perdido una mano y tocaba la marimba magistralmente con un gancho de fierro. Además, este soberbio músico fue un gran compositor. Después destacó la marimba del maestro Domingo Palacios, la de Ricardo Córdova, conocido como “Tica”, la de los hermanos Penagos, Ciro Juárez; para entonces ya las serenatas eran después de las doce de la noche y ya el alumbrado era eléctrico, por lo que se mandaba poner en la calle donde iba a tener lugar la serenata, un “foco de arco” o varios focos en la puerta de la agraciada.

La rúbrica del maestro Domingo Palacios era el vals “Mi adoración” del compositor Domingo García; estas marimbas tocaban en las fiestas de bodas, cumpleaños, bautizos; y los días jueves y domingos por la tarde y noche, así como en días nacionales o de feria, alternaban tocando en el kiosco del parque central. Las serenatas de gala se complementaban con cohetes y vistosos globos que se perdían en el infinito, elevándose unos y otros quemándose a poca altura, provocando alegría o desencanto en la multitud de chamacos que observaban desde que los estaban inflando con aire caliente, prendidos a un palo en las orillas del parque. Los toros de petate y quema de castillos, daban también a estas serenatas colorido y sabor pueblerino.

Una alternativa más económica por aquel entonces, era celebrar las fiestas con mandolinas y guitarra; otros, lo hacían con teclado, músicos inolvidables de aquellos tiempos. Don Vicente Alcázar que iba con su teclado, lo llevaba cargado un hombre a la espalda, a diferentes lugares, tanto para fiestas como para novenarios. Don Deifilio Gordillo, don Benito Alfonzo, don Felipe Trujillo, fueron estos músicos; y como mandolinistas Tino Conejo, Arnulfo Castañeda, Manuel Morales, Roque Espinoza, Caralampio Ruiz y Caralampio Espinoza.

También con esta música de mandolinas se daban mañanitas en los cumpleaños; serenatas con románticas canciones; paseos de campo eran amenizados con esta música, pues tenían la ventaja de ser pocos músicos y cobrar muy barato, la hora costaba $ 0.75 centavos y estaban dispuestos a ir donde se les llamara. þ

 

>>> Continuará

 
PROFESION: DESTINO (2 de 2)

Derechos Reservados. Junio de 2001.

D.R. © Lic. Socorro Román de Escandón.

 

 

coco_escandon

 

 

 

 

regresocontenido

 

>>> Continua del boletín anterior

El respeto implica valorar a la persona, en un nivel alto, reconocer su capacidad de decisión para conseguir lo que quiere en la vida. Una cosa es orientar y otra imponer.

Si nuestra elección es errónea, tendremos la frustración, que se producen en la mayoría de las veces, por la inadecuación del querer con el poder y, en la elección vocacional, es de gran importancia adecuar lo que queremos lograr, con lo que podemos hacer; es decir, reconocer y aceptar nuestras posibilidades y limitaciones de acuerdo con nuestras características físicas y psicológicas.

Al ejercer una profesión lo que buscamos es la autorrealización: y ésta se da principalmente cuando estoy contento con lo que hago, es un proceso de madurez, en la que va implícita la formación, como proceso espiritual, además de la información, instrucción o capacitación.

Profesionista, viene de profesar, el que se compromete públicamente a prestar un servicio. Es la misión que la sociedad le asigna y es para lo que ha sido capacitado.

Es una actividad específicamente humana y socialmente útil, por tanto remunerada. Su fin es prestar un servicio, la remuneración viene por consecuencia. La calidad de este quehacer depende de la actitud que se tome: por amor o por obligación. Por amor es agradable, por obligación se cumple. Depende de la actitud que se tome, por amor u obligación, su servicio será de calidad o no.

En la conferencia se recomendó tener en la biblioteca del Colegio Mariano N. Ruiz los catálogos de FIMPES (Federación de Instituciones Mexicanas Privadas de Enseñanza Superior) y de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Estudios Superiores, (ANUIES) en las que vienen registradas todas las universidades, tanto públicas y privadas, de la República, así como las carreras que se imparten. También conviene solicitar el perfil del profesionista de la carrera que nos interesa para saber si coincide con nuestras características, y el campo de trabajo. Hay que considerar que tanto el IPN como en universidades como la Anáhuac y Tecnológico de Monterrey, se imparten carreras, diplomados y maestrías a distancia, a través de Internet, en lo que se llama Universidad Virtual. þ

 

DEL DICHO AL HECHO


Derechos Reservados. Junio de 2001
D.R. © Doña Elvita Gómez

 

 

regresocontenido

 

· No todos los que montan a caballo son caballeros.

· Aprendiz de todo, oficial de nada.

· Tanto tiempo de atolera y no sabe menear.

· Nomás que levante el tiempo, le damos vuelo a la hilacha.

· No me han visto bien peinado y con mis otros trapitos.

· Por perezoso, el diablo te va a llevar.

· Como me lleva en sus hombros, ni cuidado me ha de dar.

· Salió junto con pegado.þ

elvita_gomez
 
A MI MAESTRO CON CARIÑO

Derechos Reservados. Junio de 2001. 

D.R. © Profr. y Lic. José Luis González Córdova

 

 

 

regresocontenido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

regresocontenido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

regresocontenido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

regresocontenido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

regresocontenido

 

No cabe duda, en la medida que pasa el tiempo, los recuerdos van regresando con mayor nitidez a nuestra memoria. Hoy por ejemplo, todo el día estuve repitiendo aquellas lecciones de mis primeras letras, del Libro “Poco a Poco” de Daniel Delgadillo: “Ese oso se asea así”, “Pepe pide la pelota, Lupe se la pasa”, “Agueda y Miguel” y mi mente voló muchos años atrás, hasta ubicarme en un 16 de septiembre de 1967, en la Escuela Fray Matías de Córdova (en la escuela vieja) en tercer grado, con el profesor Alberto Enrique Gómez Villatoro (Maestro Beto, q.e.p.d.).

Ese día, desde las seis de la mañana izamos bandera con los honores correspondientes, nos formamos en las afueras de la escuela, pues ahí se encontraba el asta (era de madera y pegada a la pared). Maestro Víctor Manuel Aranda León, (q.e.p.d.) Director del Plantel, nos colocó por grupos y ordenó: “Atención escuela, tomar distancias ¡ya!, alinearse por la derecha ¡ya!”; y a una orden de él, entonamos con todo fervor patrio, nuestro Glorioso Himno Nacional Mexicano; un pequeño discurso improvisado dio marco al acto, hizo una reseña de los actos heroicos de los próceres que nos dieron patria. Al concluir la ceremonia, nos recordó que debíamos estar puntuales a las 10:00 a.m. para participar en el desfile cívico, al que habían convocado las autoridades de la municipalidad. Rompimos filas, retirándonos cada quien a su casa. Uno a uno íbamos regresando a la Escuela a la hora indicada por Maestro Víctor; las puertas ya estaban abiertas: ¡cómo olvidar aquel olorcito a tierra mojada que despedían los ladrillos recién humedecidos y barridos!, las paredes adornadas con banderitas tricolores, con hermosas águilas en el centro, hechas con papel de china, que además servían de altar a grandes retratos de Hidalgo, Juárez y otros héroes que participaron en esta gesta nacional.

Era un día grandioso para los alumnos de nuestra querida escuela. Recuerdo que una semana antes empezaban los ensayos, en los que se cuidaban los más mínimos detalles del desfile; paso redoblado, alto, columna por dos, media vuelta por tiempos, alinearse por la derecha, etc.; en casa era lo mismo, mamá procuraba con anticipación, que el uniforme estuviera listo, realmente nos sentíamos soldados dispuestos al llamado de la patria para defender la soberanía nacional. Todo se preparaba con esmero: que los zapatos de piel estuvieran bien boleados en color negro, las polainas verdes, pantalón, camisa y guantes blancos. La espada de madera, hoja gris y el mango en color negro, asida a la cintura. La corbata verde, la mochila de campaña, el casco militar también en color olivo, con su mallita de cáñamo, en la que se colocaban hojitas de laurel. Era una inquietante felicidad, y sin parpadear esperábamos las ordenes de nuestro director, con aquel rudimentario altavoz, hecho con lámina y pintado también en color verde. (Me parecía que así se escuchaba más fuerte, segura y enérgica la voz, como si fuera la de un verdadero general de brigada) ¡Qué emoción! Todo estaba dispuesto para iniciar, al frente se colocaba la escolta, que por lo regular estaba integrada por una guapa abanderada (a criterio de los profesores) y por alumnos que se distinguían por su juicio y mayor edad. Luego se colocaba la banda de guerra, y detrás de ellos la tropa y al último los socorristas que por todo medicamento llevaban cubetitas con tapitas de limón para reanimar a los caídos en la marcha. (Siempre había más de dos desmayados).

Cuando ya estaban dispuestas las columnas, se escuchaba la inconfundible voz: “Escuela Fray Matías de Córdova, paaaso redoblado, ¡ya!” y las filas se desplazaban con toda marcialidad, y cuando estábamos a punto de pasar frente al balcón principal del Palacio Municipal, donde se encontraba el jefe político acompañado de autoridades civiles y militares, además de algunas damas de sociedad, vestidas con ropas brillantes y ruidosas, con rebozos nuevos, señores vestidos con trajes negros y sombreros de “Tardán”, con las manos sobre las prominentes barrigas, ese era el momento culminante, todo tenía que salir a la perfección, aguantábamos la respiración, casi sin parpadear y con el rabillo del ojo vigilábamos que no se desordenaran las filas, pecho al frente y el braceo era todo uno. Después de este paso culminante, ya podíamos relajarnos un poco, y empezábamos a buscar entre las caras del público, la mirada aprobadora de mamá y papá, que con un movimiento de manos y la mejor de las sonrisas daban su visto bueno por el éxito de la empresa. Después de romper filas todos corríamos al parque central a buscar a nuestros familiares y recibir las felicitaciones correspondientes.

Sin duda, es hermoso abrir el baúl de los recuerdos y ver que allí todo sigue igual. El tiempo, es verdad, no pasa en vano, ha desplegado su manto de olvido sobre muchas cosas, pero otras siguen tan nítidas como cuando sucedieron. Por ejemplo, de mi escuela vieja, tengo tan presente la puerta de calle, aquella enorme mole de madera desvencijada, enferma de gris, con sus aldabas oxidadas, por estar constantemente expuestas al sol, y que de tanto andar, ya había dejado su huella en el piso, por el constante abrir y cerrar; daba acceso a un pequeño zaguán y a los corredores, al fondo estaba ubicado el salón de tercer año, que tenía dos puertas, una de entrada por el frente y otra lateral que daba salida hacia la cancha, que también cumplía la encomienda de patio de recreo. Allí se encontraban los baños de hoyo, mohosos, hechos de madera, de entradas angostas; al fondo una galera que contenía una enorme cantidad de maderos viejos, colocados en desorden, pero que dejaban un pequeño espacio central, por el que nos deslizábamos, cruzando de lado a lado, en una travesía sensacional, llena de emoción. Las paredes blanquecinas, manchadas con las huellas de la lluvia, donde el musgo dibujaba siluetas verdinegras.

Pero entremos al salón de tercer año de hombres, los pupitres de aspecto miserable, con letreros y manchas de tinta morada, negra y roja, casi encimados unos con otros; una pequeña mesa para el maestro (maestro Beto) a cuyo lado y pegado al rincón se encontraba un estante que contenía algunos libros y gran cantidad de papeles viejos. En la parte superior se encontraba una esfera terrestre, que supongo en algún momento tuvo un color celeste, pero que para entonces ya era café cobrizo; en las paredes se encontraban colgados dos viejos mapas polvorientos y casi deshilachados por el uso, uno mundial y otro de la república mexicana, el sistema métrico-decimal, pliegos de papel de colores para forrar libros; pero en realidad, lo que nunca he podido olvidar, es esa caja de zapatos que contenía los más grandes tesoros que de niño podía imaginar: baleros, yoyos, canicas lecheras, morrocas y mármoles, gallitos de pelea (eran corcholatas aplanadas por sus lados, con dos agujeritos por el centro, donde se hacían pasar cáñamos atados por los extremos), trompos con clavos de asiento, lápices y plumas viejas, soldaditos de plomo y juguetes de madera etc. etc. ¡Que maravilla!.

Y qué decir de aquellas mañanas cuando oía la voz angustiada de mi madre, que me gritaba, ¡rápido, cométe ese desayuno, (del que casi nunca podía faltar el atole de avena) vamos, que se hace tarde! Aquel mal humor con que me levantaba casi todos los días, los pleitos constantes contra la criada que me restregaba con demasiada fuerza el estropajo y el jabón al lavarme el pescuezo; la brusquedad con que me peinaba y mi clásico desconsuelo al tomar mis útiles para ir a la escuela, trayecto que hacía casi a empujones, siguiendo los pasos más largos y rápidos de mi hermano mayor. Llegábamos justo cuando Maestro Víctor tocaba la campana de entrada.

Era tiempo de repasar las tablas de multiplicar y hacer divisiones, ¡qué fastidio!, si lo mejor era esperar el toque del recreo, para escapar, según yo, de la mirada inquisidora del profe, que cuando te cachaba en alguna travesura, no valían ruegos, no valían pretextos, podías intentar una última y desesperada súplica ¡Es la última vez que lo hago maestro Beto, se lo prometo! ¡Nada, era inflexible! y eso se reflejaba en las notas de mis calificaciones: Conducta, mal; aprovechamiento mal; puntualidad, regular; aseo, bien. Aquel gesto de permanente resignación con que mi madre me recibía al regreso de la escuela ¿cómo coser los pantalones casi hechos pedazos, principalmente en las rodillas, con manchas cafés de ladrillo? el saco lleno de gis, la camisa con tinta de todos colores ¿cómo curar moretones y raspones?

Maestro Beto, que tarde vengo a decir que te extraño, que tengo en el mejor de mis recuerdos tu forma de dar la clase, que no olvido que “gramática es el arte de hablar y escribir correctamente”, “que dos por dos son cuatro” los denominados y tu enorme emoción al hablar de la historia de México. Cierto, tú no tienes bustos de bronce, ni retratos en las bibliotecas y tu biografía no aparece en periódicos y libros, ni lleva tu nombre ninguna escuela, ninguna calle. Amigo de mis primeros años, me diste la guía para arrancar al libro su riqueza y esa velada sabiduría que diferencia al estúpido del hombre social. Tú, que a fuerza de enseñar, perdiste la oportunidad de aprender. Nunca fuiste un bilioso que castigaba sin justicia. Ahora lo sé, me arrepiento de mis malos pensamientos de niño; sólo brota de mis labios una inmensa gratitud y quisiera ahora mismo besar tu frente y darte las gracias, pero es demasiado tarde. Perdóname por no haber estado junto a ti, en el momento que fue tu momento final, porque seguro estoy que allí me habrías dado tu última lección. Pero el tiempo no perdona y no me queda más que decirte, que quien fue tu maestro una vez, lo será para toda la vida. -Descansa en paz Maestro Beto-.

Quizá alguien quiera recordar conmigo aquella poesía que nos aprendimos de memoria:

EL TRÓPICO

Que alegre y fresca la mañanita,
me agarra el aire por la nariz,
los perros ladran, un niño grita,
una muchacha gorda y bonita,
sobre una piedra muele maíz.
Un mozo viene por el sendero,
con sus herramientas en el morral,
y la patrona bate que bate
una gran taza de chocolate,
que me ha de pasar por el gaznate,
con las tostadas y el requesón.

Sirvan estas letras para rendir homenaje a los Maestros de la Escuela Primaria Urbana Fray Matías de Córdoba: Víctor Manuel Aranda León, Víctor Manuel Guillén Rodríguez, Ranulfo Hernández Solís, Alberto Enrique Gómez Villatoro, Javier Flores Torres, Juan Pérez López, Luis Alberto Vila Gallegos. Profesoras: Consuelo Vera Tellez, María Cristina León Cancino, Gloria Díaz López, Rosa Juventina Medina Vázquez, María Ofelia Cancino Pérez, Aminta Zebadúa Grajales. Vaya un recuerdo a todos mis compañeros de primaria, pero en especial a mis eternos amigos Rafael Pascacio Camacho, Alberto Pérez Pinto, Francisco Antonio Ruiz Guillén y Luis Ignacio Avendaño. þ

 
 
-