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Boletin 120 5

Comuni17

Comuni18
EL GIGANTE
Derechos Reservados. Junio de 2001.
D.R. © Profr. y Lic. José Luis González Córdova

De pronto todos guardamos silencio. Nos quedamos quietecitos, casi sin respirar. Nuestras miradas, se transformaron en vías portadoras de los más profundos miedos que un niño puede sentir. Los fuertes latidos del corazón, fueron, sin duda, la señal esperada para emprender la huida, pero nadie tomó la iniciativa.

El gigante nos observaba detenidamente, su cuerpo copaba casi todas las salidas, las posibilidades de escapar eran mínimas, así nos lo indicaba la desmedida sombra que proyectaba su figura. Parecía triunfador, después de haber luchado durante todo el día contra las fieras de la selva, contra todos los monstruos malignos de la noche, de seguro no había quedado ni un sólo dragón por liquidar. Por eso regresaba después de las batallas, todo sudoroso, desgarrado y con la mirada sombría.

El coloso movió la testa y aquellos enormes ojos abarcaron con una sola mirada todo el panorama. Bien podía notarse que el vértigo se había apoderado de su mirada y lo atraía ineludiblemente hacia el suelo. Sus descomunales manos empezaron hacer movimientos extraños, como esperando el momento más oportuno para atacar a sus víctimas.

Abajo, el espanto se acurrucaba, el pánico se podía respirar y el grito apenas era contenido. Pálidos de estupor, con el rabillo de los ojos vigilábamos cada uno de los movimientos de aquellos abultados pies descalzos, resecos y callosos. Sus uñas negras, parecían corvas navajas de afilado bronce. Las grietas se adelgazaban y se ensanchaban como muelles al balancearse el descomunal peso y parecían sobreponerse al mísero dolor de la carne. Quizá era el peso de la ingratitud, porque todos creíamos que aquel gigante era un loco que se comía a los niños.

De pronto una vocecilla adelgazada por el temor, musitó: Mario, ¿querés jugar lotería con nosotros? Pronto vimos, como el titán se agitaba invadido por una repentina emoción. Sus manos temblaban como ramas de árbol escuálido. Su rostro salvaje se contrae, y como por arte de magia cambia el gesto de infinita amargura, por el de una inmensa felicidad. Aquél cuerpo colosal que luchó en contra de los más feroces leones, aquella inmensa mole humana, mostró su cándida alma de niño. Caminó con paso torpe, como si de pronto fuese a caer pesadamente al vacío. Su cuerpo fue bajando hasta quedar a ras de suelo, a la altura exacta de su felicidad.

 

 

AIRE, AIRE


Derechos Reservados. Junio de 2001.
D.R. © Dr. José Eduardo Gómez Moreno

Aire, aire entre el espacio de la vida
la soledad, por la tarde te encontraba
sobre la sombra triste de tu mirada
esa lluvia acompasada que caía.

Hallado en tu cocina, meditabas
el pasar por la vida, acompañado
en la sombra, de tu espacio reducido,
empapada la camisa por la lluvia

 

EL RINCON DE AAA

Derechos Reservados. Junio de 2001
D.R. © Ing. Armando Alfonzo Alfonzo (q.e.p.d.)

N. del E.: Como ustedes saben, respetados lectores, nuestro amigo, admirado hombre de ciencia y escritor Armando Alfonzo Alfonzo, falleció recientemente y, entre los muchos homenajes que se merece, se ha hablado de establecer en nuestro Comitán un “rincón” o lugar desde donde se pueda difundir su obra tan importante para la ciencia y, en particular, para la cultura comiteca.

Por ello, como un preámbulo de ese lugar físico desde donde se proyectará su presencia inolvidable, iniciamos esta sección con la autorización debida de la familia del autor, para publicar sus ingeniosos y bellos escritos y, contribuir de esta manera, a la difusión de su importante obra. Comenzaremos con el prólogo rimado de su libro “Comitecadas en Verso”, que le dará una idea de la sencillez, ingenio y buen humor de uno de los más grandes hombres que ha dado esta tierra:

“Comitecadas en Verso”

dedicado al comiteco,
es de Comitán un eco,
en nostalgia y amor inmerso.

Todos mis modestos versos,
suenan a tambor y pito,
algunos de ellos son mito,
mas nunca versos perversos.

Quiero mucho a Comitán,
pero, Comitán... ¿quién sos?
¡lo sabe hasta un tayacán!
mano,... Comitán sos vos.

Comiteco ay’stan los versos
que yo escribí con amor,
todos ellos ‘tan inmersos
en alegrías y dolor.

Los rimé con buena fe,
los medí tacal tacal,
muchos me salieron mal,
por la máquina que usé.

Sé bien que sos indulgente,
por eso es que me lancé,
si juzgás severamente,
¡guay de mí!, ya me amolé.

Si en prosa escribo mal,
en verso y por vez primera,
la cosa va’star más fiera,
y el resultado, fatal.

Perdoná pue de antemano,
si mis versos no te cuadran,
meteles cuñas, mi hermano,
si’stán cojos y no encuadran.

Si ya lo empezaste a leer,
te gusta y lo disfrutás
contáselo a tu mujer,
CELE si no lo acabás.

 

Tayacán
: Caballerango. Persona sujeta a servicio.

Cele: Mentada de madre

Tayacán

: Caballerango. Persona sujeta a servicio.

Cele: Mentada de madre

 

 

 
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