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Home Año5 2001 Boletin 115
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Boletin 115 4

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
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Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 4

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Cinco No. 115
2a Quincena de Marzo de 2001
Fam. González De la Vega

IN MEMORIAM
Derechos Reservados. Marzo de 2001
D.R. © Profr. y Lic. José Luis González Córdova

wjoseluis

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Corría el año de mil novecientos setenta y cinco. Si mal no recuerdo, era el veintisiete de octubre por la tarde. Las campanas del Templo de Santo Domingo de Guzmán, llamaban con lúgubre gemido a la misa de cuerpo presente. Una lluvia pertinaz caía de manera ininterrumpida sobre las tejas de aquel caserío, produciendo un sonido sordo con su triste golpeteo. Los zigzags de los deslumbrantes relámpagos parecían partir el cielo, y el viento en su alocada carrera inclinaba las ramas de los árboles y azotaba las ventanas de las casas, que parecían ser las únicas heroínas por su pétrea resistencia al arrasador paso de la ventisca.

Como sombras tiritantes salidas de la nada, iban aquellas oscuras figuras, que daban la sensación de ser ánimas en pena; sus pasos monótonos y lentos se desplazaban por el centro de la calle, conformadas en comitiva fúnebre de resignación y despedida. Estas siluetas embozadas no permitían ver rostros, solo de vez en vez dejaban escapar un largo y profundo quejido, que profanaba el chas-chas de la lluvia en su contacto con el suelo.

Cuando el séquito ya se encontraba frente a la Iglesia, de aquellas sombras se desprendió una que parecía huir de entre todas ellas, llamó con tres fuertes golpes al pesado aldabón vetusto y oxidado que sonó secamente. Por dentro, alguien dio vuelta a la herrumbrosa cerradura y la enorme puerta cedió sobre sus gonces. De inmediato, seis de aquellas fantasmales siluetas tomaron por sus flancos el féretro y lo introdujeron, colocándolo al centro de la sala, que estaba inundada de olor a incienso y parafina; una mano acomedida abrió la caja mortuoria que hizo un chirrido especial, como si se quejara ante la fúnebre audiencia por el sacrilegio que acababa de cometerse.

El silencio se hizo más intenso, las gargantas contenían a duras penas los sollozos. Nadie se atrevía a pronunciar palabra alguna, impactados por la solemnidad del acto, hasta que apareció un sacerdote, quien con todo sigilo se fue acercando, se santiguó religiosamente y empezó a rezar una de aquellas oraciones para difuntos, al mismo tiempo que rociaba con agua bendita la caja, expresaba en voz baja "Ego te absolvo a peccatis tuis in nomine Patrís, et Filii et Spirítus Sancti"... y pidió que cerraran el ataúd, no sin antes contemplar por última vez aquel rostro cadavérico, pálido y frío, a quien una vecina caritativa había puesto un pañuelo alrededor del rostro, para evitar que las líneas modeladas por la muerte, fueran más impactantes. El cuerpo inerte, vestido de luto e invadido de una rigidez extrema, dejábase conducir sin oposición alguna. Una voz como murmullo secreto, expresó entre fuertes suspiros: "Dios mío, Dios mío, dale Tu eterno descanso, recoge su alma y llévale a Tu reino..." para luego empezar un "Yo Pecador".

Poco a poco fue saliendo el cortejo para ir a dar cristiana sepultura a ese cuerpo que ya era reclamado por la tierra con innegable derecho.

Afuera, el aguacero no había amainado, el cielo seguía empecinado en dejar caer aquella insoportable lluvia, las calles lodosas hacían más trabajoso el trayecto, pero nadie pensaba en eso, ni yo que había seguido a paso lento aquel penoso recorrido.

Una mujer de figura enjuta comentó a mi lado, -todo sucedió esta mañana a las tres- y con aire compungido llevándose las manos a los ojos dijo: era un hombre intachable, no merecía morir solo, aquí deberían estar todos aquellos a los que entregó su vida, para acompañarlo en su última vez antes de ir al cementerio. Pero no, a él sólo le queda esta inmisericorde soledad silenciosa. Nadie, nadie había venido a recoger su última mirada dulce, no había otro de sus alumnos que pudiera decir como yo, que ese rostro de muerto tenía una cara de santo.

Descanse en Paz EL MAESTRO REYNALDO AVENDAÑO.

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Seguramente esta foto y remembranza traerán lindos recuerdos para muchos de nuestros lectores. Condecoración al Profr. Reynaldo Avendaño con motivo de sus 25 años de labor docente en la Preparatoria de Comitán. Marzo 17, 1962. Fotografía: propiedad del Maestro Oscar Bonifaz.

DEL DICHO AL HECHO...
Derechos Reservados. Marzo de 2001
D.R. © Doña Elvita Gómez

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Según el diccionario de la Real Academia Española, los refranes son dichos sentenciosos de uso común; se les ha tenido como evangelios chicos, tanto por lo atinado de su contenido, como por los preceptos filosóficos que encierran. En realidad no les damos el valor que de ellos emana, ya que son tan verdaderos, que fueron moldeados en el taller de la espontaneidad y de la llaneza; y han florecido siempre por la similitud de lo dicho y la realidad; y se ha legado por generaciones, por ser obra de genios.

En la biblioteca municipal de Madrid España, se conserva la obra de D. Luis Martínez Kleiser, que logró reunir más de setenta mil refranes. Y por eso decimos:

DEL DICHO AL HECHO HAY UN GRAN TRECHO.

- No me hables de cosas agrias que se me destemplan los dientes.
- Nadie sabe lo que sirve el agua, hasta el día que le hace falta.
- Más vale malo por conocido que ¿Bueno, con quién hablo?
- Para eso es el dinero, pa' que ruede.
- Para mentir y comer pescado, mucho cuidado.
- Me sabes algo o me hablas al tanteo.
- Hasta el más chimuelo masca tuercas.
- No es defecto correr cuando no se iguala la pelea.
- No es buena la venganza, pero si la desquitanza.
- Me caes como mentada de madre en ayunas.
- Cada lunes y cada martes, hay mensos por todas partes.
- Cuando Dios dice a fregar, del cielo caen las escobetas.
- Cuchillito de palo, no corta, pero como jode.
- De ésta me saque Dios, que en otra no me meto.
- La envidia es serpiente que el que la abriga le muerde.
- La campana no suena, si el badajo no la golpea.
- Ahora si, violín de rancho, ya te agarró el profesor.

welvita

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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