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Boletin 114 5

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EL ROMANCE DE LAS AGUAS DE LOS LAGOS DE COLORES
Derechos Reservados. Marzo de 2001
D.R. © Profr. y Lic. José Luis González Córdova

¡Pues verán, ustedes!, Este cuento de las aguas que se quedaron quietas, me lo contó mi nana, que a su vez, se lo contó su abuelo, ya que él era intérprete directo de los augures, que son los comunicadores de las insaculaciones y los sueños. Estos augures tenían su casa en el fondo de los lagos de colores, y desde allí salían todas las noches convertidos en viento a contar las historias de los primeros tiempos. Mi nana decía, que, como los augures despertaban al caer la oscuridad, los cuentos se debían contar cuando ya nos está venciendo el sueño.

-Bueno mi niño, empezá a llamar tu sueño mientras yo te voy contando.

Hace muchos años, cuando aún no se inventaba el tiempo, que fue un poquito antes de que hubiera nacido el quinto sol, junto al primero de nuestros abuelos. En esa época, no había nada, sólo agua y cielo. En todos los lugares reinaba la quietud, todo estaba tranquilo, vacío, ni el silencio se escuchaba. No había tierra, no había selvas humilladas, ni llanuras afligidas. No había serpientes emplumadas ni águilas caídas. No había hombre ni mujer, ni cueva, ni barrancas, ni maíz, ni pozol, no había nada, en verdad, nada.

Sólo los poderosos del cielo estaban pensando cuándo bajar al agua. Se reunieron en consejo y juntaron sus sabidurías, y nació en todos el deseo de trabajar; unos pintaron las flores, otros juntaron las nubes, alguien agitó el aire y se creó el viento. El más viejo de los poderosos, con su bastón de mando movió el agua, y el agua fue corriente, fue torrente y fue cascada. Todo fue correr, un afán de huir, ninguna quería quedarse estancada.

También ordenaron los poderosos, que las tierras asomaran, y surgieron con sus panzas verdes, y fueron montañas, bosques y cañadas. El sabio del amor, juntó la tierra con el agua, formó figurillas, las besó y ordenó que en parejas caminaran. Así comenzó la fiesta de la creación y, junto al nacimiento del quinto sol, los sabios festejaron con pozol y tamales que fue el primer alimento que probaron los que todo lo crearon.

Hasta que la atronadora voz del más poderoso de los sabios ordenó a todos los confines, ¡silencio! Los creados se callaron, y la voz todo poderosa, dijo: vengan todos a escuchar la última palabra. Las aves volaron, las de lindo plumaje y las de alegre canto; los animales corrieron, reptaron y andaron. Las aguas bajaron de las montañas, resbalando por las piedras, desplomándose en cascadas. Así se juntaron ríos, mares y océanos.

Pero hubo unas aguas que no pudieron correr, porque estaban dormidas, absortas, mirando el cielo, enamoradas del azul intenso. No escucharon las voces de aviso que les dieron sus hermanas, las que sí corrieron. Así nacieron las aguas de los lagos, llenas de quietud, de paz y de silencio.

Fue el amor quien no las dejó correr, se olvidaron de ese delirio de

 

BREVES RECUERDOS DE COMITAN

Derechos Reservados. Febrero de 2001.
D.R. © Dr. José Eduardo Gómez Moreno

Una noche obscura como las alas de un cuervo, sentado frente al ventanal de la casa de bajarec de dos pisos, donde antiguamente se divisaba lo que fue la Ciénaga, los recuerdos se fueron agolpando en la mente. Cuando parvadas de patos surcaban el cielo de Comitán, haciendo en su vuelo formas geométricas para aterrizar dentro del tule que crecía en el agua, estas aves anidaban formando colonias, así también los pijijes, gallaretas, todo era vida, la Ciénaga tenía peces de regular tamaño, charales; a poca distancia el llamado Río Grande contenía en su seno ostras (almejas), en sus márgenes los majestuosos sauces cantaban melodías al compás del movimiento de sus ramas, aquí acudían gran cantidad de palomas pumuces en la época de la pizca de maíz, la flora y la fauna era abundante, actualmente al desecar la Ciénaga y contaminar con aguas negras el río, solo recibimos polvaredas que cubren al pueblo en tiempo de seca. Los recuerdos acudían a la mente representándose las serpenteantes calles bellamente empedradas, tal vez en esa época los materiales eran mejores o los obreros, o quizás las piedras se aferraban con amor a la tierra pues se mantenían tercamente en su lugar y no como ahora que son más hoyos que calles o avenidas, en cada esquina un foco pendiente de un poste de madera apenas alumbraba la mitad de la esquina, en algún lugar se escuchaba la melancólica marimba esparciendo sus notas de una serenata a la mujer amada.

En algún barrio, cuando celebraban algún festejo, se preparaba la casa con arreglos de papel de china que cubría primero la sala, con abundantes fotos de la familia; el corredor y el patio lo engalanaban con juncia; la luz eléctrica no era suficiente, agregándose uno que otro quinqué para iluminar mejor.

>>> Continuará en el siguiente boletín


persecución y de las ganas de llegar primero.

No fue la pereza, ni la desobediencia, sólo fue el amor, que las dejó presas, dormidas, como muertas. Condenadas a vivir su amor platónico, sin la más mínima posibilidad de reunirse con su amado. Sus aguas están fijas, copiando y reproduciendo la belleza del bien amado, esperando una gota de lluvia para fecundar su amor.

Por eso mi nana decía que los lagos de colores son los más grandes alcahuetes para todos los enamorados. Permiten mensajes sin palabras y las caricias sólo son miradas.

Esto se lo contaron los augures, que sabían del amor secreto, entre las aguas de los lagos de colores y el cielo.

 

DD00919

 
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