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Home Año5 2001 Boletin 111
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Boletin 111 5

Comuni18

Comuni19

SOLO PARA COSITIAS
Derechos Reservados. Enero de 2001
D.R. © Profr. y Lic. José Luis González Córdova

Les presentamos una lección del más puro idioma comiteco de alta escuela... Ojo, si sos un joven comiteco y no entendés por lo menos la mitad de este texto, entonces ¡estás perdiendo el piso! Y tus raíces se están borrando...

Iday, cómo tás pué cositía, fijáte que toy rete azariado con vos, porque de una buena vez te dejé íngrimo y la resmolición no me deja en paz; ni un tu telefonazo, ni siquiera un pringue de letras te he escrito. Pero mirá, quiero que me comprendás, no es que yo no te quiera, porque bien sabés que para vos mi corazón no tiene shubic, pero la mera verdá, es que este trabajo que tengo, dealtiro me tiene como bayunquero de aquí para allá, y como todo lo tengo que hacer yo, las cotachas no dan pa más, hay me mirás que voy regresando todos los días corno a eso de las siete con las coas cansadas y estas patotas chuchas no aguantan toda la runfla de cosas que tengo que hacer. Por eso cuando regreso a tu humilde casa, con paso tembelec me jimbo sobre mi cama y ‘dios pue tata jasta al otro día. Clarostá que esto no es del diario, no soy soflamero, por eso en este mi ratito libre puse a trabajar mi tzola y decidí escribirte esta carta.

Verdá que me perdonás, no dejés que mi corazón se enferme de caramonía o de tiricia y se ponga tutím, humm... tampoco creás que quiero hacerte batzear, no, jirimiquiar no es para una persona como vos, mejor dejáme que yo saque del bolcojosh de mi imaginación una pequeña historia de esas que tanto te gustan, dulce como oblea y tierna como jilotío.

Fijáte que un día de estos, estuve con mucha armonía, me sentía yo no sé cómo, medio amudencado, apulismado, con el alma abollada, nada me alebrestaba, por eso una tarde agarré camino rumbo a Quijá, se me antojó ir a comer limas de pechito, pensando que con eso tal vez se me iba a refrescar el ánimo, me senté a la sombra de un árbol de chío, pero ¿qué pensás?, pelando estaba yo la primera lima, cuando no se de por donde empecé a oír una musiquita que me arrulló, sin más ni más, aflojé el cuerpo, me acomodé y paré la oreja para escucharla mejor, no me lo vas a creer pero era una orquesta de animalitos que armaban tal rebumbio, que solo yo que lo vi puedo creerlo. Cómo me hubiera gustado que los hubieras visto, allí estaban, una tiuca, un tzulio, un chonte, un chinchibul y un chinchintor cantaban con sus delicadas voces, las palomas muy emperifolladas y tumputzes tocaban las guitarras, allí estaban la sabalmut, la patojona y la pumuz, los grillos tocaban con gran maestría los violines, un chojoté llevaba el tololoch; una runfla de tzapos: tzisquirines, jonoshes y sulupes se encargaban de los instrumentos de percusión; si vieras las tortolítas que chulitías con los metales; un güet y un pijij llevan las primeras voces; un canajau cuchán era el declamador, un zanate cholenco andaba tacuatzeandose con el estandarte y un chento ancolín con su traje guangoch era el director de la orquesta.

La noche llegó de romplón con su bolón de estrellitas haciendo chiras en el cielo, y sorprendió tocando a aquella orquesta, más de pronto me di cuenta que estaba yo en medio de una plaza, y salidos de no se donde empezaron a llegar una catazumba de hormigas con juncia, la luz se hizo cuando asomaron los luminosos mushcaques, y encendieron sus candelitas y quinqués, poco a poco se fue armando la fiesta, las arañas argüenderas y los chibojes jeshes chentos, con sus timbas chuquijes se lanzaban a la pista de baile; las mulitas con su aire de refinada coquetería y luciendo elegantes vestidos de noche, bailaban gozosas en brazos de aristocráticos chapulines, que enfundados en preciosos trajes de cola, inquietos y bisbírindos cantaban al compás de la orquesta, aquella vieja melodía "el vals de las mariposas". La bulla estaba en su apogeo, todo era un bulbuluqueo de embelequeros, ah pero no falta pue el incordio, en eso fue entrando con su andar pausado, con cansancio de toda la vida, un cosijoso bolocoy despistado, que a lejos se veía que ya se había zampado un su guachifulazo de taguarniz, intentando vencer con eso la cuscusera de su timidez y para estar por encima de las consabidas críticas que le harían toda la bola de cucarachas y arañas cotorras, pero nada lo hizo atutizarse y fue a sacar a bailar a una pesada cigarra y, para remate de sus desgracias, fue despreciado; las criticas no se hicieron esperar, icómo se atreve ese jediondo calash venir a una fiesta decente! ¡Si será mudenco este burro atrabancado! corre el rumor que tiene un trabajo no muy digno, por si fuera poco dicen que es tziclán o medio mampo y para colmo ve a quien fue a sacar a bailar, si esa chocante secarrona solo baila con ese verde y rechoncho curguatón; pero eso sí, nadie la salvaba de la chiviada y de la cura de disipela.

Bien se ve que en esta fiesta no hay chalequeros, todos son invitados, y así poco a poco va agarrando sabor el guateque, las entusiastas arrieras sirven botanas, hay de todo, chumis, tiligüet, mora silvestre, manía, matoch, ajancul y jocotíto tierno con polvojuan; la mesa para los comensales está lista y bien adornada con bellas flores de palpaníchim, quequeslites, quiebracajetes y juchuches; la cena requete sabrosa, hay cantzú, saquil, canip, puré de camotillo y cueza, no podía faltar el chajlib, los patzitos de chipilín y de momón acompañados de vasitos do jocuatol y tostadas con asiento.

Y como siempre, nunca faltan los jerushes que pidieron su buen arrayán, a las damas se les dio mistela de jocote, los jóvenes chuparon refinado bien destilado, solo se oía el tzilín de sus copas y todos pedían su pitz de cordón cerrado. Y así siguieron llegando más y más invitados. Ay... si lo vieras que bonito, la familia gusanita acomodada en primera fila, el abuelo tzúcumo muy cashlán y bien peinado de camino en medio, una secarrona lombriz con moño rosado, papá peteséc y su hijo cienpiés llevaban un su animado, un yol albino y chelón bien emperifollado, los cuchitos bien tumputzitos cada ratito se hacían bolita, los langaruzos cargapalos, con aquellas flaquencias que parecen puro güergüero, como si toda la vida estuvieran entapiados.

Todo era volar de tzisimes y danzar de ronrones, hasta que llegó la madrugada y sorprende la fiesta aún muy animada; poco a poco van regresando cada quien a su casa y a lo que hay que hacer; risas, bulla de bolenqueros, comentarios y cantos desafinados, todo esto por efectos del buen refinado. De nuevo quedó la plaza en silencio, por la calle sólo se escuchan los pasos del bolocoy trasnochado, va muy enflatado y todo desguachipado, lleva el saco al hombro y la corbata de lado, pensando en que quizás otro día tenga más suerte y la chocante cigarra se digne a bailar con él. Me despertó un fresco airecillo que corría de por el rumbo de la difunta ciénega. Me levanté medio zoroco y me dije, ¡que mudo soy!, creo que me quedé dormido; y me regresé a Comitán.

Bueno mi caro y fino amigo, ya me despido de vos, pues empieza a llegar la tranquilidad, los ruidos de la calle poco a poco van guardando silencio, el día extenuado empieza a dormitar. El astro rey tiene rato que ha dejado de peinar el cielo murush y la hora más chitirís de la noche con su chucub empieza a arremolinar mis mejores pensamientos para vos. Así que no tés gutz.

Adiós pue cositía. Hay será pué otro día, que San Caralampio Bendito y Tatadios saquen de su pumpo, un potz de bendiciones y te lo restreguen donde más te convenga.

¡Ayjuela! ¿qué pensás?, con todo este argüende me olvide de decirte que te mando un saludo y una caterva de abrazos, y que también te mandan a saludar el Tono colocho y la Chayo chibolas.

DD00919

 
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