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Home Año5 2001 Boletin 111
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Boletin 111 4

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ADIOS MUCHACHOS COMPAÑEROS DE MI VIDA... Desde La Trinitaria con humor
Derechos Reservados. Enero de 2001. D.R. © Profr. Raúl Gordillo Martínez

Nos llegó por fax esta contribución en la que el Profr. Raúl Gordillo Mártinez, nos comenta que Don Policrónio Figueroa, oriundo de ese pueblo de La Trinitaria, Chiapas, (antes Zapaluta), era un asiduo escritor de Fábulas y Leyendas del terruño y entre ellas se conocen los fragmentos de LA REJEGA del género SATÍRICO.

Con gran tino y oportunidad, el Profr. Gordillo nos dice: “Va con dedicación al boletín ImaginArte para que si a bien lo tiene(n) sea publicado, principalmente para aquellos que han dejado los escritorios por el reciente cambio del poder.

“La Rejega”

Ya nos van a destetar,
ese triste instante llega,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

La suerte nos había dado
nuestra comida segura,
sin trabajos ni amargura
de las rentas del Estado.

Ya vivimos sin cuidado,
pero hoy debemos llorar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Nuestras eran ya las rentas
que formaban el erario
nuestro pan alimentario
era de jerga sin cuentas;
oh suerte cruel que no aciertas
un perpetuo bienestar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Ser siempre y por siempre empleado
en la creencia descansada,
pues que no es moco de pava
ser alto y privilegiado;
más de pena da cuidado
el sólo considerar,
que perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Al más bonito y pintado,
le bordábamos la cuera
y salía de cárcel fiera
hasta haber algo aflojado
y agradecido y fregado
de nosotros debía estar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Mas hoy ha lanzado el grito
contra don Porfirio Díaz
y cuenta con simpatías
ese general maldito;
y con voz tiple de un pito
oímos al oído chillar,
han perdido la Rejega
que les daba de mamar.

Nunca nos faltó dinero,
ya con cárcel, palo o cuero,
al que tenía le quitamos
pero hoy le suspiramos
porque fue para votar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Malo es que ni un bien hicimos
en quince años que mandamos,
pues todo lo derrochamos
y como entramos salimos,
por eso el odio sufrimos
más común y popular,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

La mente no se despeja
ni en una hora transitoria,
porque da fin nuestra historia
como el cuento de la vieja,
y acaso tras una reja
pronto iremos a parar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

¡Ay! Rejega pues te dejo,
o mejor dicho me dejas,
ya sea por fas o por Nefas
y con riesgo del pellejo
y ni el alabado viejo
nos podrá de esto librar,
ya perdimos la Rejega
que nos daba de mamar.

Adiós Rejega querida,
Rejega del alma mía,
por Dios que ya llegó el día,
en que nos dejas mi vida,
nuestra esperanza es perdida,
de volver teta a chupar,
“Ya nos van a destetar,
ese triste instante llega,
ya perdimos la Rejega,
que nos daba de mamar”.

N. del E.: Rejega es la vaca que está en ordeña

 

ANECDOTAS COMITECAS
Derechos Reservados. Enero de 2001
D.R. © Rubén Guillén Ortiz

Recuerdo cuando mi familia comentaba una de las pláticas que tuvo lugar en la casa de una “modista” o “costurera” como se le llamaba aquí en Comitán. En este “costurero” se reunían por las tardes varias señoras con el pretexto de entregar sus telas, tomarse medidas o recoger algunas prendas ya terminadas. Pero el motivo principal era comentar los acontecimientos del pueblo, algunos “chismes” y quejarse de los maridos y de las criadas; como siempre. En una ocasión el tema vespertino fue sobre el impedimento tan grande que sucede cuando uno se lastima una mano; no se puede trabajar, no se puede comer cómodamente ni persignarse, ni lavar ropa, ni nada, porque generalmente se daña la mano derecha.

Otra señora toma la palabra y dice: Es muy cierto, fíjense que una vez, al cerrar la puerta, me “machuqué” mis cuatro dedos de la mano y quede inútil de esta mi mano casi dos meses por la “hinchazón” y la infección por sacarle la “pus” con una aguja sucia.

Yo –dijo otra señora- una vez me puse a “pelar” un canasto de limas que no eran de “pechito” y me salió “uñero” en tres dedos, que se infectaron hasta que cayeron mis uñas y retoñaron las otras. Como tres meses quede inútil de mi mano derecha.

Otra señora comentó: pues yo, la gran “burra” por colgar un mi santo en una pared, agarré un clavo y un martillo, me subí en una silla y al pegar el martillazo le pegué a mi dedo gordo y fue tan fuerte el golpe que tuve que ver Doctor y tuve inválida varias semanas y brava con el santo que iba yo a colgar, porque no me cuidó.

La siguiente señora dijo: yo fíjense que me metí a ayudar mi marido a remendar unos costales, con aguja de “árrea” (de arriero) de esas grandotas y no la gran caballo al meter la “aguja de árrea” al costal con fuerza que tenía yo en la mano izquierda, casi me atravesó la mano con la aguja y “chorros” de sangre y vendas, “mercuriocromo” y todo; pero, lo bueno que fue en la mano izquierda y que no soy “zurda”.

La última señora en opinar que era la más seria y más callada del grupo dijo esto: A mí, gracias a Dios, no me ha pasado nada porque como toco piano cuido mis manos, pero mi esposo una vez, como tenemos rancho, caminando por un “montarral” donde había muchas espinas al hacer un lado una rama se le entierra una espina en la mera YEMA DEL HUEVO. Todos soltaron grandes carcajadas y ella dijo: ¡Que boba soy! por decir yema del dedo, dije yema del huevo; perdonen, saber que estaba yo pensando...

Así somos los comitecos

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