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Home Año5 2000 Boletin 109
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Boletin 109 5

Comuni15

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EL TROVADOR ENAMORADO
Derechos Reservados. Diciembre de 2000.
D.R. © Carlos Siliceo Narváez

Al caminar por las calles de este barrio
de enormes bajadas y prolongadas subidas
soportando el suave peso de bella enredadera
y en el silencio de una noche fría...
las notas de extraña melodía dejábase escuchar...
allá muy lejos...

Curioso, encaminé mis pasos para verificar
de donde provenían... por fin descubrí,
ayudado por la luz de un pequeño farol
la silueta de un hombre... un trovador
que emocionado pulsaba su instrumento con dulzura
entonando, el pie de un gran balcón, su serenata...
sin duda a su amada.

Las notas que de ahí brotaban, eran así muy tristes
tal parecía que al cantar de esa manera
dejaba escapar el alma de un ser desesperado...
que me hizo adivinar que no era comprendido
y que a él, no le querían...

Al escucharlo... sentí tal compasión
que creí que lloraría... ya que mi corazón
latía tan fuertemente, que confundido,
se agregaba a esa pasión tan grande
del pobre trovador enamorado.

Quien, después de haber permanecido varias horas
al pie de aquel balcón, sin que le oyeran
llorando se alejó, quizás sin rumbo fijo,
tal vez con una idea... la vida le era cruel
y a él, ya no le importaba.

El tiempo ha transcurrido, fugaz y pasajero
y hoy que de nuevo deambulo en este barrio.
estoy en esas calles, de los verdosos muros
coronados de frescas bugambilias...
y en el suave murmullo de la noche...
me parece escuchar aquella serenata...
aquel ruego de amor... de alguien que no fue comprendido
de un pobre trovador enamorado

 

 

 

 

 

 

 

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EL DIA QUE CAYO CENIZA

Derechos Reservados. Noviembre 2000
D.R. © Profr. José Luis González Córdova

>>> Continua del boletín anterior

 

Poco a poco iba retornando la calma, eran las doce del día, mas de pronto entró un jinete a todo galope, la cabalgadura iba desbocada como alma que lleva el diablo, su jinete más pálido que una vela, decía a gritos: Alarma, alarma, alarma, en Zapaluta (hoy La Trinitaria) el día parece noche y está lloviendo arena. Instintivamente todos los presentes levantaron la vista al cielo, veíase avanzar una nube obscura en forma de masa muy negra, ahumada, que bien podría ser el anuncio de un fuerte temporal, pero presentíamos que se acercaba algo extraordinario, en el horizonte se veía ya imposibilitado el sol y la nube negra seguía extendiéndose con aspecto de niebla. Alguien se subió a la torre de la iglesia y desde allí gritó: Está perdiendo la guerra el sol, esto es el fin.

 

La gente empezó a extender las palmas de las manos, tratando de recoger lo que caía del cielo, era arena blanca y pomoza, de inmediato empezó a invadirnos una semi-oscuridad, que fue aumentando a medida que la arena era más profusa, hasta llegar la oscuridad completa. Eran las doce treinta horas y ya no se distinguía a una persona a dos metros de distancia, la lluvia de arena era tan persistente que lastimaba los ojos.

 

Se escuchaban algunas voces que pretendían dar un tono de serenidad en medio del total caos. Llantos, gritos desesperados, la ansiedad se expresaba en el rostro de toda la gente. En un santiamén la plaza quedo vacía, los comercios cerraron, las comunicaciones quedaron interrumpidas. Solo algunos temerarios osaban deambular por las calles y avenidas, iluminados por lámparas y candiles de petróleo, que la ceniza apagaba a menudo.

 

Durante la noche, a media cuadra del mercado se incendió una bodega bien provista de mercancía, fue imposible apagarla. Se hundieron los techos de algunas casas, que cedieron al peso de la ceniza. Era imposible ver el cielo, nadie podía sostener la mirada más de medio segundo. Había el temor bien fundado, de que la precipitación aumentara y más techos se fueran hacia abajo, y empezaran a suscitarse algunas desgracias personales.

 

El espanto iba en aumento, oyéronse ruidos extraños, algunas veces eran subterráneos y otros en la atmósfera, no podía precisarse con exactitud de donde venían esos ruidos.

 

Llegó el día 26, hasta eso de las 11:45 es que empezó a disminuir la lluvia de ceniza, notándose que caían algunas gotas de lodo muy negro, al mismo tiempo se observó en el horizonte una claridad muy vaga y muy efímera, pero suficiente para imprimir aliento de vida entre la gente. Las noticias corrían como reguero, más casas habían caído, algunos jacales de gente humilde no resistieron la gravedad del peso y cedieron hasta desplomarse. Los temblores no disminuían, el agua escaseaba, los niños y los ancianos tenían problemas respiratorios. La oscuridad parecía no ceder, siendo Comitán una ciudad de clima templado, la temperatura comenzaba a aumentar, al grado de hacerse sofocante. El cielo presentaba un aspecto siniestro, las grandes masas de humo parecían enrojecidas lenguas de fuego.

>>> Continuará en el próximo boletín

 

 
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