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Home Año5 2000 Boletin 107
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Boletin 107 4

Comuni18

Comuni19
EL CURANDERO
Derechos Reservados. Noviembre de 2000
D.R. © Dr. José Eduardo Gómez Moreno

En el Barrio de la Lana, rumbo a la famosa “tranca”, vivía don Juan el curandero, en una hermosa casa de bajarec con sus paredes altas, un amplio zaguán con su techo de dos aguas, de teja, su tapanco donde guardaban un sin fin de cosas que aparentemente no servían, los pisos de ladrillo, colindaban con el gran patio, donde la gente aguardaba para ser atendida y platicaban de sus enfermos, así como también preparaban sus alimentos, utilizando el agua del tubo, para deshacer su bola de pozol para matar el hambre.

En un pequeño cuarto, donde se encontraba un altar, con múltiples imágenes de santos, adornado con papel de china recortado, flores y veladoras, a un lado varias pequeñas sillas en medio se sentaba don Juan para atender a los pacientes. De esta manera entró la primera señora con su hijo de unos diez años, ¿qué tiene?, de la noche a la mañana amaneció con calentura y se le hincharon los cachetes, don Juan dijo tiene orejones (paperas), inmediatamente preparó manteca, polvo de ladrillo rojo, tomate de cáscara y dos campanas (papalnichim), se lo aplicó en las partes inflamadas y lo amarró haciendo un nudo sobre el cuero cabelludo con un paliacate de color rojo.

El siguiente era un niño de unos nueve años, la afligida madre dijo, esta muy tilico (delgado), no come, está pálido, el curandero lo revisó, llegando a la conclusión de que estaba anémico. Fijate bien, es necesario que consigás zacatinta (arbusto que en ese entonces era abundante en los cercos de las casas), en dos litros de agua le agregás unas tres o cuatro puntas que estén tiernas, que hiervan bien para que suelte todo su poder, esa agua de color vino oscuro lo dejás en el sereno y al otro día le ponés azúcar y que lo tome por nueve días.

Un joven de quince años, se quejaba de un aire en la rodilla. Don Juan cortó unas ramas de chilca, las puso en el comal, y ya que estaban medias doradas las aplicó en la rodilla, amarrándola con un paliacate (la chilca es un arbusto que antes servía también como punto de referencia en las casas, cuando alguien solicitaba permiso para entrar al baño, le decían “ahí tras las chilcas”).

Doña María entró llevando a una jovencita muy pupusa (pálida, amarillenta), es muy berrinchuda (enojona), por cualquier cosa se pone un basilisco (se enfurece), tiene regada la bilis dijo don Juan hay que poner a hervir verbena, el té que suelta lo deberá tomar en ayunas unos quince días. (El agua de la verbena es super amarga), así que al segundo té se quitaba lo enojón.

Don Pedro, acudió con su hijo que presentaba varios moretones en el cuerpo, se cayo del árbol de jocote de corona, como eran puros golpes, el curandero procedió a machacar unas ramas de la planta llamada maravilla, aplicándolo sobre los moretones, hay que ponérselo por siete días.

Doña Pascacia comentó, mi Ramón esta muy malo tiene mal de orines, cada vez que va ajuerear (ir al baño) pega de gritos, don Juan le dio unas ramas de malva, lo ponés a hervir y que lo tome como agua del tiempo durante el día, lo alternás con pelo de elote, estas aguas lo deberá tomar por nueve días.

Doña Matilde, le dijo a don Juan aquí le traigo a mi hija que saber que vió, pues amaneció con shoy (orzuelo, infección en alguno de los párpados). Se va a curar fácilmente, dejás en el sereno una llave (las llaves antiguas eras enormes) y por la mañana lo tallás sobre el shoy, por siete días.

Los tiempos han cambiado, pero algunas costumbres de nuestro pueblo permanecen y continuarán, para bien o para mal.

PERSONAJES : EL CHACHARERO
Derechos Reservados. Noviembre de 2000
D.R. © Profr. Raúl Espinosa Mijangos

Nada te llevarás, cuando te marches” dice un fragmento de la canción “Vive” de José María Napoleón, y esta frase encierra mucha filosofía para la vida. Muchas veces nos regimos bajo un materialismo destructivo, aferrándonos a bienes, como si fuésemos eternos, aún a sabiendas de que muchas de las cosas que poseemos o adquirimos ni siquiera nos hacen falta o con el conocimiento de que existe gente, que realmente necesita de tales cosas y objetos.

Por otra parte también hay gente que atesora objetos inservibles obtenidos en la “pepena”, actualmente para no ser peyorativo ya no decimos “chacharero” sino mas bien “coleccionista”.

Hace algunos años existió en Comitán una señora a quién llamaban “Lola Chácharas” porque le gustaba “coleccionar” cosas inútiles. Al personaje de quién hoy hablaré lo conocemos como “El Chacharero”, desafortunadamente desconozco su nombre y apellidos; seguramente usted sí lo sabe o cuando menos lo identifica.

A él lo encuentra usted caminando a lo largo del boulevard, cargando siempre un costal, mismo en el que guarda sus objetos recolectados. Otra característica singular de este personaje es que siempre va hablando solo, quizá, narrando los aconteceres de su pueblo; aunque, a veces, se le escucha como si peleara contra alguien. Lo cierto es que así se le pasa la vida, juntando cosas o charlando con el tiempo, que seguramente es su amigo.

En muchas ciudades, existen personajes dedicadas a cambiar objetos inútiles por otros, a estos personajes se les llama “Ropavejeros” y han hecho de este oficio, su modo de vida, muy peculiar por cierto, pues por la calle suelen pregonar; “¡Sombreros, camisas, ropa usada, que veendan!” También hay gente que trabaja en los basureros públicos, se les llama “pepenadores”, quienes separan y clasifican la basura, misma que venden a las fábricas de reciclado. Ojalá y nuestro personaje de hoy “El Chacharero”, saque provecho de lo que “Pepena” y no solo sea “Coleccionista”.

Respetuosamente. Raúl Espinosa Mijangos.

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