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Home Año5 2000 Boletin 107
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NOVIEMBRE Y DICIEMBRE ... MESES DE VACACIONES Y COSECHAS
Derechos Reservados. Noviembre de 2000
D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Cronista Vitalicia de la Ciudad

Por aquellos años de 1930 antes de la llegada del agrarismo, muchas familias de Comitán tenían fincas, algunos en tierra caliente y tierra fría, y se aprovechaban los dos meses de vacaciones de los niños para ir con toda la familia a pasarlos en sus fincas y era también el tiempo de las tapiscas que para todos eran épocas de mucha alegría.Cronic17

Se empezaba por levantar el zacate que en manojos se guardaba en los techos de las trojes para darle de comer a los animales en tiempo de cuaresma; después la tapisca, levantar el maíz en mazorcas, quitarles el doblador (la hoja) y llevarlo para desgranarlo guardar y vender, después quedaba el rastrojo y dejaban entrar el ganado. Antes se hacía el llamado mitzolej, un rastreo para ver si no quedaban olvidadas mazorcas, calabazas, tecomates, pumpos y tzilacayotes. En los días de las tapiscas todo el mundo iba a las milpas, se quemaban cohetes y los patrones acompañados de los tapiscadores comían carnero asado, cocido con verduras, un recado especial y ramas de epazote, al caldo se le ponían picosos chiles “siete caldos”, y las mujeres preparaban la comida y tortillas.

La casa grande se engalanaba con la presencia de los patrones; y a los patroncitos se les ensillaba caballos mansos para que aprendieran a montar. La ermita estaba arreglada, para que los sábados se rezara el rosario y luego bailaran frente a ella.

En otras fincas también se aprovechaba la presencia de la familia en la casa para las hierras o sea la marca y recuento de animales. Se metían a los corrales los trozos del ganado, los vaqueros iban descolando a las reses y gritaban “vaca” o “toro”, y el patrón apuntaba. A los becerros de la nueva nacencia se les marcaba con el fierro de la finca y la señal en una oreja; los patrones en un pequeño palco presenciaban esto y registraban con cuántos animales más contaban. Luego, en los corrales, los animales lamían sal en canoas y se les regresaba a los diferentes lugares donde pastaban; quedando en los establos de la casa las vacas lecheras que serían ordeñadas diariamente. Con esa leche se hacía queso, mantequilla y se apartaba la leche que se tomaba en la familia. Los niños de aquella feliz época disfrutaban de los dos meses de vacaciones, para el día dos de enero retornar a clases. Posiblemente los niños de hoy no tienen oportunidad de conocer y mirar todo esto.

Aquel Comitán de los años 30, cuando al Palacio Municipal le llamábamos “Cabildo”; cuando los policías eran “gendarmes o jeruces”; cuando el Centro Cultural era “Cuartel”; la Oficina Federal de Hacienda era “el Timbre”; Hacienda del Estado, “la Colecturía”; los empleados de la aduana, “celadores”; la Iglesia de Santo Domingo era “la Iglesia Grande”; los barrios eran nueve y las tiendas de comercio eran contadas: La Popular de don Rubén Pulido, La Ferretera de don Ernesto Pinto y otras pocas farmacias, Paz y Unión de don Olegario Tovar, La Guadalupana y María Auxiliadora que hasta la fecha está en el mismo lugar. Era un lindo pueblo de 12 a 14 mil habitantes, tenía 14 calles y 16 avenidas; pero quienes tuvimos la dicha de vivir en esas épocas añoramos mucho ese pasado, sin menospreciar todos los adelantos que hoy tenemos.

CUESTION DE CREENCIAS

Derechos Reservados. Noviembre de 2000.
D.R. © Lucky Guillén de Alvarado

En Trinitaria, como en muchos pueblos se ha hecho costumbre, que las sirvientas se vayan a la ciudad de México a trabajar; unas por mejorar su situación y otras para empeorarla, pero de todos modos se van.

A una de tantas de las que se han ido, le costo mucho trabajo que sus padres le dieran permiso, pero al fin se fue no sin antes ofrecer a sus padres que los ayudaría en todo lo que pudiera. Pero pasaron muchos meses y no daba señales de vida hasta que por fin les comunicó a sus padres que llegaba de vacaciones.

De esta forma, toda la familia fue a esperarla a la terminal de autobuses. La mamá muy contenta no podía creer el cambio de su hija pues traía el cabello rubio, minifalda y zapatillas de grandes tacones y el maquillaje un poco recargado.

  • El papá y los hermanos no pararon de preguntarle cómo era la capital y luego el papá le dice:
  • Bueno hijita no me has dicho en que estas trabajando, hay papacito estoy trabajando de prostituta porque no encontré otra cosa.
  • ¡No puede ser posible! Es una gran vergüenza. Mejor si te vas de mi casa, no te quiero ver más.
  • Bueno pues “ni modos”, me regreso mañana, pero les voy a dejar estos regalos que les traje, estas cajas de ropa para todos y este dinero para que usted ya no tenga que trabajar.
  • Ay hijita ¿De qué me dijiste que estas trabajando? De prostituta papi.
  • Ah, bueno, manos mal, yo pensé que de protestante

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