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Boletin 106 4

Expres11

¿Y VOS... ¿QUIÉN SOS?
Derechos Reservados. Noviembre de 2000
D.R. © Lic. José Luis González Córdova

Los que por estas tierras nacimos, crecimos hablándonos de vos; de vos nos hablaban nuestras madres y de vos nos cantaban para arrullarnos y convidarnos a dulces sueños: el vos sonaba a intimidad en labios frescos, cuando al amor del rescoldito que quedaba en el fogón, cantaban las criadas sus consejas memorables; de vos nos peleábamos unos con otros y de vos finalmente nos amábamos los de antier y los de ayer; los de hoy, lamentablemente ya es otro su lenguaje.

El vos era el sustituto completo del tú; y tan necesario que normalmente en un día se le empleaba por lo menos en mil ocasiones y estaba tan arraigado, que cuando una persona pretendía eliminarlo y sustituirlo por el tú, incurría a cada paso en equivocaciones, quedando una graciosísima mezcolanza que desesperaría al más acertado gramático.

Hay algo carísimo a nuestros oídos en esta música del lenguaje familiar de nuestro terruño, (amén del cantadito) triste es decirlo, pero ya somos muchos los que suspiramos con nostalgia por el Comitán de hace algunos ayeres; parecería que es otra ciudad y no aquella en que rodó nuestra cuna y en la que está enterrado nuestro ombligo. Actualmente al escuchar ese modo de hablar, parece que respiramos perfumes del Comitán de las Flores y empezamos a revivir días de nuestra infancia, entrever visiones ya casi esfumadas en los senos recónditos de nuestra memoria.

Cómo olvidar cuando mi nana Paula me cantaba “Dormite mi niño, que tengo quehacer, lavar tus pañales sentarme a coser...”. Otra del mismo género “Dormite pichito, cabeza de ayote, si no te dormís te come el coyote”. Y la clásica canción de cuna “Señora Santa Ana porqué llora el niño, por una manzana que se le ha perdido. Si es por eso que llora, yo te daré dos, una para el niño y otra para vos”. De este mismo modo recuerdo casi con nítida perfección lo que una familiar mía le dijo a su hijo, cuando este, aspirante a centauro insistió en montar un brioso caballo: “Como sos de jodón, si eso querés, montáte y matáte.”

Bajo este tenor, ustedes amigos lectores podrán recordar infinidad de situaciones chuscas; por mi parte, quisiera platicarles la siguiente anécdota: Todos sabemos que aquí en Comitán no es muy común que se sientan temblores ya que éstos fenómenos físicos se presentan, a Dios gracias de manera muy esporádica; pero cuentan por ahí que un señor muy conocido en estos lares, la vida le había regalado cuatro hijas y él quería tener un su chiquitío, por lo que acudió a ver a su compadre el médico para decirle: Oíte vos compa, fijáte que la gallina ya está echada y vos sabés que lo que más quiero es abrazar un mi indizuelo. El padre tiempo hizo de las suyas y por fin llegó el momento del parto. Eran como las nueve de la noche, todo estaba listo como salido de un scrip; la parturienta y el partero, el agua caliente, las toallas, los quejidos, los sudores; cuando de pronto se sintió un fuerte temblor que dejo a oscuras toda la ciudad. Se utilizaron velas y quinqués para continuar con el trabajo de parto. Al fin salió todo bien, el médico fue a donde estaba el nervioso padre y le dijo: Ora si compadrito, le atinaste, ya sos papá de un tu hermoso pichito, machito como querías. El feliz papá corrió a comprobar con sus

propios ojos lo que su compa le dijo, en ese momento regreso la luz y se comprobó que el recién nacido no era niño sino niña, y el médico con cara de susto solo atinó a decir: Hay compadrito, tedoy mi palabra de honor que era varón, vos sabés que soy muy acertado, cuando nació era muchachito a lo mejor con el temblor se cuarteó.

Así es queridos amigos, no nos queda más que aceptar que nuestra peculiar forma de hablar va quedando en el pasado. Dicen los que saben, que las lenguas son organismos que nacen, crecen, se desarrollan, sufren de tiempo en tiempo enfermedades y decadencias y al fin mueren, bien por exceso de vitalidad, ora por estancamiento y falta de cultivo.

Hay en efecto una lengua consagrada por la academia, podríamos decir fina (con esto no podemos dejar de recordar con enorme cariño al Maestro Bernardo Villatoro) pero hay una lengua que habla el pueblo, que es la que se enseña a los niños, con la que se transmiten los quereres, los penares y los saberes. Tal vez no sería mucho pedir, si este tipo de acentuación y sentido de las palabras se incluyeran en un libro de texto exclusivo para el Estado de Chiapas. Los comitecos deberíamos hacer todo lo posible por rescatar de las garras del olvido nuestra hermosa forma de hablar ¿No creen?

Por mi parte les dejo mi corazón que no tiene shubic.


RAZON

Derechos Reservados. Octubre 2000
D.R. © José Daniel Jiménez

No hay un no, sin un sí,
no hay un bien sin un mal,
no habrá luna sin sol
al igual que no habría
un tú sin un yo.
No habrá un mar
si no hay agua,
no existe el día
si no hay luz,
mucho menos vida
si me faltaras tú.
No habría noche
sin oscuridad,
no hay sonrisas
sin felicidad,
no existe la mentira
mientras no aparezca la verdad,
nunca habrá compañía
si se esta uno en soledad,
no habría meses
sin los días,
no hay perdón
si no existe amor,
no hubiera hecho este poema
si no fueras mi razón

DD00919

 
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