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Boletin 104 5

Comuni12

EL TRAILERO
Derechos Reservados. Octubre de 2000.
D.R. © Profr. José Benito Vera Guerrero

Relato basado en un accidente que sufrió una exalumna mía

y de quien no encontraron su cadáver (los nombres y algunos lugares son ficticios).

La lluvia no había cesado por completo, pero había dejado de ser el aguacero torrencial, propio del trópico, para convertirse en una llovizna pertinaz. La carretera se tornaba más peligrosa por la humedad del asfalto el trailer subía lentamente, la cargComuni13a era pesada, la cuesta empinada, demasiado empinada, zigzagueaba por toda la sierra, como todas las carreteras de esta región de Chiapas cada curva que libraba era un suspiro de alivio. Cuántos accidentes señalaban otras tantas cruces en ese tramo de Parral a Motozintla. Qué bueno que el tráfico era nulo a esas horas recién pasada la media noche.

Gerardo era de baja estatura, apenas rebasaba el metro sesenta. Complexión delgada, no era, ni con mucho, el tipo del clásico trailero. Con sus flacos 60 kilogramos, más parecía ayudante de boticario; pero él era trailero -y de los buenos-, bueno en todos los sentidos. Su resistencia al cansancio era poco común, por eso y por su honestidad en el trabajo, siempre estaba empleado y disfrutaba de buen sueldo. Si la carga era delicada, llegaba intacta. Si eran productos del mar, fresquecitos, siempre se daba "maña" para cumplir y "pasarla bien; su patrón lo sabía con una sonrisa pícara le decía: ¡ Gerardoooó..

La noche era obscura, obscura como un inmenso azabache, conforme ascendía la cima, el frío se hacía más intenso. El acogedor "calorcito" de la cabina y el monótono ruido del motor, lo arrullaban. Luchaba por no cerrar los ojos, un parpadeo podía ser fatal. Se esforzaba por llevar sus pensamientos a revivir recuerdos bonitos, para que no le ganara el sueño. Le gustaba su oficio, la paga era buena, aunque entre su familia, el sostenimiento de su mamá sola y lo desorganizado que era, poco dinero le sobraba. Su carácter despreocupado, le hacía ver la vida por su mejor faceta. Vivir intensamente cada día; el futuro lo dejaba al destino. Su oficio duro y peligroso lo tenía satisfecho, se adaptaba a su filosofía; nadie vive un minuto más ni un minuto menos de lo que le toca, no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad de Dios; por lo otro, nadie como un trailero para disfrutar la vida, contemplar paisajes lentamente a 10, 20 kilómetros por hora, encaramado en su cabina admiraba los paisajes, valles y montañas, cimas y simas, amaneceres y atardeceres del trópico y de la sierra toda la naturaleza es una fiesta, y de todas las bellezas que la naturaleza nos ofrece el tenía una debilidad: la mujer. A pesar de no ser, ni con mucho, un Adonis, tampoco era feo y tenia una labia y un carisma tal, que siempre o casi siempre, iba acompañado por una dama.

Ahora pensaba en su última aventura, tal vez la más extraña, la había conocido hacía ya 18 años, era una niña de 17 años, pecosita larguirucha, flaquita y muy graciosa. Se enamoró de él a pesar de las diferencias sociales. Sus padres, para quitarle ese "capricho" la mandaron a la ciudad de México a estudiar y a olvidar. Desapareció de su vida, no volvió a saber de ella, pero no contaban con las jugarretas del destino... cómo iban a imaginar que tantos años después se encontrarían en aquella pequeña ciudad del norte del estado, iqué metamorfosis había sufrido el cuerpo de Angelita! Y sobre todo ¡qué noches volvieron a pasar juntos este ardiente verano!. Entonces, el trailer se "descompuso" y tuvo que quedarse a “repararlo" durante una semana. No se preocupaba, el patrón lo apoyaba, su familia le creía. Los detalles de esta historia ¡qué detalles! Los revivía y los disfrutaba nuevamente.

Así se entretenía para no dormirse, ¿cómo terminó esta aventura? ... Iniciaba la historia, cuando, de repente, como a tres curvas adelante, pero en línea recta, los faros reflejaron una silueta de mujer, fue un segundo pero la vio, y la vio todita.

No podía equivocarse, su mente había registrado en un segundo una esbelta mujer. Él sabía de talles y detalles femeninos. Sacudió la cabeza para “despabilarse”. ¿Sería un sueño? ¿Alucinaciones? .... ¡No se equivocó! Con extraña claridad, reflejo de los faros, ahí estaba; alta, esbelta, presencia de mujer bella. La mano levantada, haciendo "la parada". En otras circunstancias no se habría detenido, detrás de una mujer... Los asaltantes. Sin embargo, esta vez se paró, no podía explicarse exactamente por qué, pero ahí estaba, dándole la mano a una mujer muy joven, alta, talle exquisito, rostro de bellas facciones: "el abuelo está muy enfermo, serpenteando una vereda, en un pequeño valle, entre montañas está su ranchito. La abuela, un tío, su esposa y tres pequeños niños forman la familia. Hace una semana vine, fue por mí el tío... Mis pequeñas hijas se quedaron en el rancho "La Campana" con la vecina. Estoy muy preocupada”... Siguió informándole. El no le importaba si era "puro cuento'... o verdad. Lo interesante era esa sonrisa prometedora. Pronto, ella apretujó su cuerpo, mojado aún, contra el de Gerardo y su pequeña mano blanca le acariciaba el cabello. Mientras la mano de él, exploraba partes de ese bello cuerpo. Ella no protestaba. Al contrario, se acercaba más y le susurraba al oído sus "preocupaciones" por llegar esa misma noche por sus dos pequeñas hijas.

Las caricias, la noche, el frío, apresuraron lo que ambos estaban deseando. Por mucha prisa que tuviera o dijera tener, dejó que el trailero estacionara el enorme vehículo, ella no reclamó, es más, lo alentó. En lo más alto de la sierra, ahí apagaron las luces del trailer y encendieron el fuego de sus cuerpos jóvenes...

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