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Home Año5 2000 Boletin 101
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Boletin 101 4

Expres12

Un personaje inolvidable. Parte 1 de 2.
Derechos Reservados. Agosto de 2000 .
D.R. © Doña Tony Carboney de Zebadúa

Con el ostentoso nombre de “La Gran Rusia”, a mediados de 1940, en la 7ª. Avenida Número 37, abrió sus puertas al público una tienda donde podía encontrarse toda clase de abarrotes, telas de las más diversas clases y precios, así también juguetería y regalos. Su dueño, el señor Abraham Guttman, quien después de dedicarse arduamente en el comercio en el otrora San Bartolomé de los Llanos, arribó con su familia para establecerse definitivamente en esta ciudad y proseguir comerciando. Dado su optimismo y buena voluntad en el trabajo, muy pronto se adueñó de numerosa clientela y del mote de “El Ruso”, en alusión al nombre de la tienda. (de ruso, nada tenía, ignorándose entonces el porqué de ese nombre al establecimiento).

Este personaje, de ascendencia judía, nació en Skempe, cercano lugar a Varsovia, capital de Polonia, el 12 de mayo de 1904, según datos proporcionados por dos de sus descendientes, Esther y Abraham. Debido a ciertos conflictos políticos suscitados en su país de origen, los familiares, al igual que muchas otras personas, se vieron obligados a abandonar su patria, haciéndose a la mar en el vapor “Toledo”, rumbo a América, la tierra prometida. Tras mes y medio de travesía, llegaron al puerto de Veracruz, allá por los años veinte, poniéndose a trabajar por unos años en ese lugar para luego dispersarse a otras partes en busca de nuevos horizontes para desarrollar el comercio. Don Abraham optó por el sureste, concretamente Chiapas.

En 1929 contrae nupcias con la señorita Hermila Vicente, oriunda de Chiapa de Corzo, procreando tres hijos: Esther, Gregoria y Abraham, así también vivieron bajo el mismo techo, Martha y Carmen, de un matrimonio anterior. Con capital aportado por los padres de la esposa, la pareja expandió su comercio trabajando en pueblos vecinos a San Bartolomé.

Apenas instalados aquí, los esposos enseñaron su casta animosa y bullanguera organizando en su hogar fiestas y bailes de toda índole. Con el menor de los pretextos, la juventud de esa época siempre estaba dispuesta a divertirse. Dos bailes se volvieron tradicionales: el de Carnaval, en febrero y el de la Raza, el 12 de octubre. En el mes de diciembre no podía faltar la fiesta familiar en el nacimiento del Niño Jesús, contratando a don Felipe Trujillo y a su hijo Serafín para entonar en su armonio, la acostumbrada letanía. Cuando algún agente viajero visitaba “La Gran Rusia” y enterábase que en esa casa habría baile, de inmediato solicitaban ser invitados por el anfitrión para asistir, pues esta clase de eventos que a menudo se llevaban a cabo, ya tenían fama por la alegría que ahí se derrochaba. Usted, lector, que vivió en aquella época, ¿los recuerda aún?

Con el espíritu orientado siempre en el comercio, nuestro personaje compra un camión para destinarlo a lo que sería el primer servicio urbano en nuestra ciudad, con la ruta: La Castalia, San Sebastián, Panteón, La Pila, Cruz Grande y Mercado. El negocio fue un éxito, todo caminó “sobre ruedas” hasta que tiempo después el chofer de la unidad tuvo la mala suerte de atropellar a una persona, por lo que, obviamente, tanto el chofer como el camión fueron detenidos por Tránsito del Estado. Tras haber pagado la multa, la atención médica del atropellado y demás, por falta de recursos económicos ya no logró recuperar la unidad, quedando su propietario bastante endeudado.

No obstante, como buen judío emprendedor, dedicado siempre a forjarse metas, no perdió los estribos y Don Abraham continuó comerciando, ahora con variedad de frutas, pescado seco e incluso pericos y otras aves.

>>>Continuará en el próximo boletín.

Un caso un tanto raro era el hecho de que esta pareja se conjugara bien en el aspecto religioso, pues él, a pesar de su ascendencia, se mostró complaciente con las creencias de su esposa e hijos que profesaban la fe católica. Tan es así, que cuando posteriormente su hijo le comunicó su deseo de ingresar al seminario, no se opuso, llegando a visitarlo en ese plantel en el curso de nueve años que permaneció él, para su formación sacerdotal. Empero, Don Abraham jamás olvidó sus creencias, pues desde que abandonó su patria siempre tuvo consigo, como una reliquia los objetos que utilizaba para la oración, tales como el TEFILIN – cinta que se ponía en la frente antes de iniciar sus preces cotidianas, completando el ritual, cubriéndose con un manto llamado TALIT.- es una ordenanza del Antiguo Testamento, me asegura su hijo, así mismo la Estrella de David –signo del pueblo judío- que su padre siempre usó con una cadena atada al cuello. A falta de Sinagoga, don Abraham se retiraba a la “Cueva del Tío Ticho” para hacer oración y ayunar en las grandes fiestas judías, llevando para comer, únicamente un membrillo y galletas hechas de pan ácimo.

Siguiendo con su dinamismo, forma un equipo de fútbol llamado “El Continental” integrado, entre otras personas, con don Chepón Gordillo, el Dr. Ortiz y don Ernesto Cifuentes, enfrentándose en los llanos de la Cueva con el único contrincante de ese entonces, el equipo de” San Sebastián”.

La vida continuó su curso. Don Abraham, ya entrado en años empezó por añorar sus primeros años de vida errante en América y acosado por deudas, emprendió viaje a Tapachula para proseguir comerciando; más tarde, por la región de La Frailesca, instalándose, finalmente en Jaltenango de la Paz, donde radicó por varios años hasta el día de su fallecimiento, el 21 de noviembre de 1961.

Este personaje quiso mucho a esta tierra, tan es así que lo llamaban “El Ruso de Comitán”, porque este pueblo le abrió las puertas, lo acogió como otro hijo más y él correspondió con creces, acumulando una enorme cauda e amigos.

María Antonia Carboney de Zebadúa.

Agosto de 2000

<<<Continuara en el proximo boletin<<<

PERSONAJE: EL PUMA

Derechos Reservados. Agosto de 2000
D.R. © Lourdes De la Vega

Dígalo Usted Mismo... es una de las frases más conocidas en Comitán, porque representa una genuina oportunidad de expresión ciudadana, al alcance de todos. 

Y detrás de esa frase está el personaje que le presentamos esta quincenca, el Profesor Juan Manuel González Tovar, mejor conocido como “El Puma” y, a veces, como “San Manuel”, por los “milagros” que su fiel público radioescucha realiza, a través del programa de opinión más popular de nuestra comunidad.

 

El “Profe” Juan Manuel nació en Progreso de Obregón, Hidalgo, en 1951 y viajó por primera vez a Comitán en 1963, cuando su sensibilidad le hizo enamorarse de esta bella tierra, a donde regresó a quedarse en 1974, después de realizar sus estudios en la Ciudad de México, y en donde formó su familia con la Sra. Miroslava Moreno y sus hijos Claudia Miroslava, Juan Manuel y Lilia Gabriela.

 

Aquí, aparte de ser un reconocido y querido locutor, maestro de ceremonias y catedrático en la Escuela Preparatoria de Comitán, ha dirigido los programas “Hablemos de nosotros” en la XEUI, “De Viva Voz “ en XHCTS y, actualmente, el exitoso “Dígalo Usted Mismo”, que nos acompaña todas las mañanas de 9 a 10:30 en nuestro desayuno o nuestro trabajo.

 

Para este boletín, es un privilegio contar desde este número con una nueva sección para dar seguimiento y destacar lo mejor del Programa “Dígalo Usted Mismo”.

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