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Boletin 099 6

Comita18

FESTIVAL BALUN CANAN. Parte 2 de 3
Derechos Reservados. Julio de 2000
D.R. © Lic. Luis Armando Suárez Argüello

El Centro Histórico de Comitán, remozado y embellecido, fue el marco ideal para que un festival como el Balún Canán luciera esplendorosamente; los comitecos nos sentimos desde entonces orgullosos de brindar a nuestros visitantesComita19 esa magnífica oferta de turismo cultural en que se ha convertido el Festival Balún Canán, el Festival Cultural de Chiapas, como le hemos comenzado a llamar a partir de este tercer milenio de la era cristiana.

Si bien en un principio tuvo finalidades didácticas en cuanto a dar oportunidad a artistas, ejecutantes, gente de teatro y demás gente cuya actividad gira en torno a la cultura, de que entrase en contacto con lo que colegas suyos hacen en otras latitudes del país, cumpliendo con ello una importante función dentro del esquema de la promotoría cultural municipal y regional, en el decurso de los meses captamos las amplísimas posibilidades de llevar los beneficios del arte y la cultura a otros municipios del estado y fue por ello que, ya en la tercera edición, abarcamos a Teopisca, San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez y Tapachula; además de los municipios aledaños a Comitán: Las Margaritas, La Independencia, La Trinitaria, Tzimol y Frontera Comalapa.

Así fue como el festival rebasó sus propios límites y saltó del Teatro de la Ciudad Junchavín de Comitán, del auditorio de la Casa de la Cultura, del Parque Central, del Barrio de San Sebastián, del Barrio de la Pila, del Barrio de Quijá, de la Iglesia del Calvario, del Templo de San José, del Templo de San Sebastián y del Templo de Santo Domingo de Guzmán, a los foros de las más importantes ciudades del estado.

Memorable, sin duda, aquella tarde de agosto en que un actor caucásico llamado Anatoli Loutkatchouk presentó su “Pelotón del Jitomate Bola” en una soleada plaza de Tzimol, mientras que de manera simultánea Mihail Vassilev regalaba a los niños en el Teatro Junchavín de Comitán con una función de títeres del Teatro Muf, al tiempo que en el Templo del Santo Niño de Atocha la dos veces sorprendida población de Comalapa escuchaba el Huapango de Moncayo interpretado por el Cuarteto de Guitarras “Manuel M. Ponce” de la Ciudad de México (y digo dos veces sorprendida refiriéndome a la población, porque fue grande la sorpresa colectiva al enterarse de que un templo puede ser espacio para la cultura y el arte y sorprendida también porque en los anales del pueblo jamás se supo antes que cuatro guitarrista vestidos de etiqueta impecable fuesen capaces de llegar hasta aquellos remotos linderos del país a desafiar el bochorno de las seis de la tarde de aquel infierno en que estaba convertida la comarca).

Agencia Balún Canán 1ª Ave. Poniente Norte 31 Tel. 63 2 03 07
Agencia Junchavín 3ª Calle Sur Poniente 12 Tel. 63 2 35 19
Agencia Tenam Pasaje Morales 8-A Tel. 63 2 16 54
Agencia ViaSur 2ª Calle Norte Oriente 10 Tel. 63 2 33 46
Agencia Montebello Hotel Lagos de Montebello Tel. 63 2 40 18
Aeromar Terminal Civil Aeropuero Copalar Tel. 01-963-62206
Tel. 01-963-62143
Transporte Aeropuerto Cel. 044-963-32564 Tel. 63 2 29 69

Comita20

Alentador fue también escuchar la intensidad de los aplausos y vítores de alegría con que la gente de Quijá rubricó el éxito que tuvo la presentación de nuestro grupo de Danza Folklórica de la Casa de la Cultura y el silencio profundo y sordo que nos hizo temer por nuestra integridad física cuando los organizadores del festival estuvimos en medio de una multitud de ejidatarios de la colonia Abelardo L. Rodríguez (antaño San Francisco), en tanto que la compañía de Teatro Media Luna de San Cristóbal, L.C. nos presentaba la escena que Rosario Castellanos nos narra en Balún Canán en que don César fuetea a Ernesto, su sobrino bastardo, lo cual hizo recordar a aquellos ejidatarios las vejaciones de los finqueros contra los indios. En realidad no sabíamos cómo habría de ser la reacción de los ejidatarios, a quienes, paradójicamente, habíamos tratado de entretener llevándoles una tarde de esparcimiento. En aquel momento de catarsis colectiva recuerdo que volteé a ver al maestro Ricardo Cuéllar Valencia, que tuvimos la fortuna de que nos acompañase, e intercambiamos una mirada de angustia porque el momento era muy tenso. Para bien de todos, y pese a que los ánimos en todo el estado estaban caldeados y no era ocasión de estarse con jugueteos de ese tipo, vimos cómo las chispas de rencor que de pronto aparecieron en los ojos de los ejidatarios se extinguieron inmediatamente. Aquel experimento de promotoría cultural en zonas rurales nos dejó una gran enseñanza: checar previamente con minucia el contenido de todos los espectáculos a presentar y la videograbación de aficionados que desde entonces pretendemos enviar a un concurso no convocado aún y que podría titularse “concurso de teatro en zonas rurales”.

Tantas y tantas anécdotas como esa nos han ocurrido a lo largo de estos años en que un grupo de amigos nos dimos a la tarea de cargar a cuestas (nuevos atlas) el maravilloso “mundo” del festival.

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