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Boletin 097 5

Expres1

AQUELLOS AÑOS
Derechos Reservados. Junio de 2000
D.R. © Profr. Jose Luis González Córdova

Bajo el lema de “todo tiempo pasado, fue mejor” puede empezar a hacerse un análisis, si no minucioso, sí un tanto cuanto serio y cómico a la vez, de cómo ha pasado el tiempo y cuales han sido sus efectos en nuestra sociedad, y de cómo hemos cambiado nuestra forma de interrelacionarnos con todas aquellas cosas que nos son importantes para el desarrollo de la vida: la música y las fiestas, la ropa y el aspecto, la forma de hablar y el amor, etc.

Muchos de nosotros somos anteriores (al menos aquí en Comitán) a la televisión, a los alimentos congelados, a las máquinas copiadoras, las teles, los teléfonos celulares, las computadoras, los faxes, las maquinitas de juegos, los lentes de contacto, los condones con sabor o con música, los animales clonados, el sky y a los espectáculos travesties. Nacimos antes que las tarjetas de crédito, los hornos de microondas, las cirugías con rayos láser, los microcomponentes y los “cidis”, y nunca pudimos entender la lambada y la quebradita, los punk’s y los hippies.

Imagínense, nosotros somos de aquella época en que nos casábamos primero y después vivíamos juntos. La educación sexual se limitaba a que los bebés venían de París y los traía la cigüeña y una relación íntima significaba una gran amistad. Los homosexuales no salían a la calle vestidos de mujer; y, nosotros, sabíamos que “clavarse un puñal” era hacerse una herida con un cuchillo y no otra cosa.

Cuando nacimos, nuestros papás no cambiaban pañales desechables, ni había hervidores eléctricos de biberones. Las mujeres no asistían a los” baby shower’s”; y para dormir usaban camisón no baby doll. No se hablaba de la peda ni la hueva. No había mujeres barberas, ni peluquerías “unisex” y en la radio no se solicitaban “personas de ambos sexos” para ocupar empleos, porque sabían que era muy difícil encontrar una persona con ambos sexos, mas bien los empleos eran huesos de tío “Jul”, las cartas eran de papel y no e-mail electrónicos. La gente vivía en barrios y no en condominios; la yerba se cortaba, no se fumaba; la salsa se comía, no se bailaba; la coca se tomaba, no se inhalaba. Plátano era una fruta, no una persona que cometía un error, el mandil lo usaban los talabarteros, no era una forma de comportamiento conyugal; las mamilas eran chupetas para la leche del bebé, ahora son de carne y hueso; los rollos los encontrábamos en la tienda, ahora lo tiene el que habla mucho; antes se decía no molestes, ahora es “no manches”. SIDA no significaba nada. Conocíamos la diferencia entre los sexos, pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo; nos conformábamos con el único que teníamos. Los heterosexuales, los bisexuales y los homosexuales vivían en otros lugares, nunca cerca de nosotros. Los hombres no usaban aretes ni el cabello largo, las mujeres no usaban el cabello corto y muy pocas usaban pantalón.

Cuando vinimos a este mundo nuestros papás bailaban “de cachetito” y había un ritmazo atrevido que se llamaba cha cha cha; las letras de las canciones hablan que las mujeres tenían ojitos de perlas y labios de coral. Hoy nos preguntamos, si eso fuera cierto, quizá esas mujeres estarán guardadas en algún banco, pues con tanta inseguridad correrían el riesgo de que las dejaran ciegas y mudas. Nunca estuvo en nuestro repertorio canciones como, “no te metas con mi cucu” y “¿cuánto por las nachas doña cuca?”, ni el “baile del mono sensual” ni “matarili con el maricón”. A todos los bailes se asistía de traje y eran eventos muy serios, ahora se asiste con cualquier ropa llamada “casual” y se le nombra “chupe de gorra” o “reventón”. Los iluminados salones de baile con música moderada, ahora se les dice “disco” , antro o tugurio, es a media luz, con sonido estridente y cada quien jala por donde quiere y como puede; y, si estuvo animado, se dice “el reve estuvo de pelos, bien grueso”.

Las formas de llamarle a los estados de ánimo también ya cambiaron, antes se amanecía gutz, ahora se dice le dio la “depre”, despertó resmolido, ahora se dice, está estresado, a un chinaj y enojón se le dice, “se le subió el PH”, una buena idea es un “alucine.

 

 

 

También se invitaba a tomar una copita, ahora se dice “dos y a escupir afuera”. A los viejos se les dice “rucos”, a los amigos se les dice “cuates”, las señoritas son las “chavas” y los papás son “la momiza” y los fresas son “mamones”.

La ropa se guardaba en roperos o armarios, hoy en clossets, habían calzones no pantalones, habían calzoncillos no tangas, eran más románticos cuando se trataba de “matanga dijo la changa”, short era una palabra extranjera, lo mismo que bikini; habían toallas no klinex; el pan compuesto ahora es el sandwich, las quesadillas son sincronizadas, el temperante era un excelente refresco y el tzejeb era un margariteño.

Había época para el trompo, el balero y las canicas, hoy sólo existen los “power rangers”, los “transformes” y “pókemon”. Quizá todo el tiempo pasado fue mejor, y para despedirme en el tono adecuado, les diré: Chao, chao, bye, bye.


REMEMBRANZA

Derechos Reservados. Junio de 2000
D.R. © María Luisa Macal García.

¡ Esas noches ¡
Esas noches en que fuimos
por místico sendero.

Esas noches en que fueron
serenatas de luceros
y los cantos de dos almas,
¡Nuestras almas!
se fundieron en suspiros
y en latidos presurosos.

¡Esas noches!
Esas noches coronadas
de ilusiones, sin saberlo
nuestras almas se fundían
en las sombras
y en la nada.

Hoy que sola,
muda y triste
retroceden en mi mente
los recuerdos de aquella hora,
voy sintiendo los suspiros
de una noche en que dos almas
se fundían en las sombras
y en la muerte
y en la nada.

DD00919

 
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