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Boletin 086 4

Derechos Reservados.
D.R. ©1974-2002
González De la Vega
Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
Email: Editor del Boletín
Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,500 ejemplares
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PAGINA 4

Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
Año Cuatro No. 86
1a Quincena de Enero de 2000
Fam. González De la Vega

COMITAN DE LAS BANQUETAS CHUECAS
D.R. © Alejandro López López
Comitán, Chiapas, Enero del 2000

 

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Se ha vuelto un tema de discusión el estado tan deplorable de las banquetas de Comitán, lo cual tiene especial significado si lo vemos desde el punto de vista de las personas con alguna discapacidad o de la tercera edad.

Basta con observar detenidamente cualquier calle de nuestra querida ciudad y veremos como el individualismo se impone en el “diseño” de las banquetas pues, evidentemente, se le da más importancia a la entrada de autos que al paso de la gente.

Se ve con claridad la falta de consideración por los demás y la falta de una regulación correcta del diseño urbano, siendo lo más lamentable que las banquetas de las calles que recientemente se han remodelado, presentan también graves problemas para la circulación segura de los seres humanos.

Si a este diseño descuidado agregamos el tráfico creciente y poco educado de nuestra ciudad, vemos con alarma como se vuelve un verdadero peligro el circular a pie por Comitán tanto para las personas discapacitadas como para los discapacitados en potencia, al ser tan fácil accidentarse en la mayoría de nuestras banquetas chuecas.

Nuestra propuesta: que nuestras autoridades inicien una campaña de rediseño de banquetas, con la participación de la Asociación de Comitecos Discapacitados, la cual se financie con recursos del gobierno y los propios vecinos.

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PAGINAS SUELTAS... UNA BREVE HISTORIA (1)
D.R. © Doña Toni Carboney de Zebadúa
Comitán, Chiapas. Enero del 2000

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Es indudable que la crisis económica que se perfila en el país, en nuestro estado y en la provincia está dejando huella en una o en diversas formas. Hace unos cuantos años, todavía percibíamos la bonanza y miramos de reojo a la crisis que empezaba ya a sentar sus reales. En ese entonces, teníamos la suerte de que alguien nos obsequiara un útil e indispensable calendario.

Hace dos años apenas alcancé que una casa comercial me otorgara, mediante la consabida compra, un almanaque de regular tamaño, mismo que me sirvió eficazmente. En el pasado 98 tuve dos, uno chico y otro que me proporcionó la esposa de un amigo, propietarios ambos de una recién inaugurada zapatería. “Para lo que se ofrezca, ya sabes” me dijo ella muy obsequiosa, al tiempo que me entregaba junto con el almanaque una elegante tarjeta de presentación donde, obviamente, llevaba impreso el nombre del citado comercio, así como el de sus propietarios. Le agradecí, guardé la tarjeta y extendí en su presencia el calendario, dándome cuenta que era, como casi siempre, un bello paisaje europeo con la razón social impresa al pie de él.

Es una lástima, de veras, que los encargados de realizar estos cromos, llámense paisajistas, fotógrafos en general o coordinadores de diseño, no se atrevan a ofrecer más profusamente los cientos de bellos paisajes que posee nuestra patria y, muy particularmente, nuestro estado; plasmarlos en cromos y hacerlos circular por todas partes. Pues bien, este año en la casa de ustedes no hay, por ahora en ningún lado, un almanaque. Hice, por supuesto, compras aquí, allá y acullá, pero en ninguna parte obtuve el deseado presente. Finalizaba diciembre y yo andaba en la espera. “No es posible” me dije, pero así sucedía. Pocas, muy pocas casas comerciales se dieron el lujo este año de obsequiar un útil e indispensable calendario.

En los últimos días del año que agonizaba, haciendo compras en una tienda vislumbré la posibilidad de ser propietaria de un almanaque. Lo divisé a cierta distancia y esperé resultados. Su propietaria fue una distraída ama de casa que, al hacer su pago en la caja, lo olvidó en ese lugar, justo en el momento de llegar a hacer mi pago y antes de que se percatara de su pérdida, lo tomé apresuradamente, feliz por la obtención y satisfecha por mi audacia. Pero –castigo de Dios, como decían las abuelitas– al llegar al departamento donde entregan la mercancía, tuve el mal tino y la mala suerte de dejarlo –ahora yo– olvidado, al recoger la bolsa de la compra. Al llegar a casa y vaciar aquella bolsa, me di cuenta de mi imperdonable olvido, pero al mismo tiempo me alegré a medias al encontrar, en el fondo de la bolsa vacía, un diminuto almanaque de bolsillo que la tienda - una super tienda-, no una del montón había tenido la gentileza de obsequiarme. “Peor es nada” me dije.

>>Continuará en el próximo Boletín

 
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