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Home Año4 1999 Boletin 085
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Boletin 085 4

hoja4.9

ORACION DE FIN DE AÑO / COMIENZO DE AÑO
D.R. © Doña Toni Carboney de Zebadúa
Comitán, Chiapas, Diciembre de 1999

 

CONTENIDO

Al terminar el año, al finalizar el siglo, al concluir el milenio...

Gracias, Señor, por todo lo que en este año nos diste.

Gracias por los días de sol y los nublados tristes.

Gracias por las noches tranquilas y por las inquietas horas obscuras.

Gracias por la salud y la enfermedad, por las penas y las alegrías.

Gracias por todo lo que me prestaste y después me pediste.

Gracias, Señor, por la sonrisa amable y la mano amiga; por el amor y todo lo hermoso y dulce; por las flores y las estrellas y la existencia de los niños y de las almas buenas.

Gracias por la soledad en el trabajo; por las dificultades y las lágrimas; por todo lo que me acercó a Ti más íntimamente.

Gracias por tu presencia en el Sagrario y las gracias de tus Sacramentos.

¡Gracias por haberme dejado vivir...!

Son las doce... Un siglo termina... Un milenio se va...

Al comenzar el nuevo año

... Y da vuelta otra hoja del libro de la vida.

¿Qué traerá el año que empieza?

¡Lo que Tú quieras, Señor...!

Pero te pido Fe para mirarte en todo.

Esperanza para no desfallecer.

Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.

Dame paciencia y humildad.

Dame desprendimiento y un olvido total de mí mismo.

Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.

Que pueda amarte cada vez más y hacerte amar de los que me rodean.

Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto...

Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa... 

hoja4.10

CONTENIDO

PERSONAJES DE COMITAN: LAS CANASTERAS
D.R. © Profr. Raúl Espinosa Mijangos
Comitán, Chiapas. Diciembre de 1999

hoja4.11

“Si no compra no magulle”, espeta tajantemente un refrán, ¡Qué mal! ¿verdad? Porque casi siempre confiamos al “buen tacto” la compra de algún artículo y creo que si lo hiciéramos a “ojo de buen cubero”, siempre nos darían “gato por liebre”.

Actualmente, adquirir un producto, se ha convertido en una verdadera calamidad, los establecimientos comerciales nos convierten en “autómatas” y dejan atrás la interrelación humana, la calidez de la palabra e incluso; no podemos “regatear” (negociar el precio). Es probable que me tilden de “chapado a la antigua”, pero con toda honestidad prefiero comprar las cosas con las “marchantas”, que acudir a los autoservicios.

Después de esta breve introducción pasemos al tema y a los personajes de quien hoy hablaré: “Las Canasteras”. A través de los años, hemos visto deambular por las estrechas y empinadas calles a éstas singulares mujeres, mismas a quienes escuchamos pregonar una extensa variedad de productos y comestibles, de manera singular también.

“¿Va’ste a querer maníaaaaa...?”, “¿No compra’sté jilotío?”, “¿Calabacita Tierna?”, “No quiere’sté una su cueza?”...

En Comitán, les llamamos “Canasteras” a las mujeres que llegan de las comunidades cercanas, ofreciendo su mercancía y “Marchantas” a las que de manera continua nos entregan determinado producto (la que nos entrega tortillas, tostadas o las que nos vende frijol, por ejemplo).

Se cuenta que cuando la gente era más ingenua, o no eran tan mal pensada como somos ahora, el “Marchante”, de voz ya reconocida por la familia, se paraba frente a la puerta y sin pregonar su producto, después de tocar la puerta, escuchar desde adentro el grito de “¿Quién?”, este gritaba:

“¿Va’ste a coger’ora...?”

Y desde adentro recibía como respuesta, a gritos también:

“¡No! ¡ya cogí ayer...!.

Por lo que el “Marchante” se retiraba triste, por haber perdido la venta cotidiana a su cliente.

En la actualidad con los autoservicios, insisto, se ha perdido mucho ese trato directo, ese singular estilo de adquisición, esa garantía de comprar un buen producto, y también parte de nuestro folklore, que en ocasiones añoro. Sobre todo cuando las “Canasteras”, ya no gritan: “¿Va’ste a querer manía...?”, si no que dicen “¿no compra cacahuates?”.

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Sinceramente. Raúl Espinosa Mijangos

CONTENIDO

 
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