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Boletin 082 2

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HOY NO CIRCULA... ¡EL NEGRO!
Derechos Reservados. Noviembre de 1999
D.R. © Xavier González Alonso.

CONTENIDO

 

 

En el pasado mes de octubre tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes en la historia contemporánea: el nacimiento del habitante humano del planeta Tierra, número seis mil millones. Indudablemente este nuevo personaje -que por cierto fue varón-, es bienvenido en todo el mundo; puesto que no hay momento más sublime que el nacimiento de un ser humano. En realidad cuando uno tiene la oportunidad de acompañar y presenciar el nacimiento de un hijo, cambia la perspectiva de la paternidad y de la corresponsabilidad con la pareja.

Sin embargo, visto en contexto y también desde una perspectiva no personal sino global, el haber llegado a tal número de habitantes, significa un riesgo contra nuestra propia supervivencia, pues tal cantidad de gente aunada a una cultura basada en el dinero y el desperdicio, se refleja en el hacinamiento en los centros de poder económico, en el deterioro del medio ambiente, en el consumo acelerado de recursos naturales NO renovables y, en suma, en la disminución paulatina de la calidad de vida para todos.

Aclaro pues, que no solamente es el que seamos tantos humanos el problema, sino la forma irresponsable y descuidada en que participamos en nuestro entorno ecológico, social y económico. Pero -como dice el dicho-, “a todo se acostumbra uno, menos a no comer”. Y así, vemos con sorpresa e irremediable resignación la manera en que la gente en la ciudad de México, tristemente célebre por ser la más poblada del mundo, ya no puede actuar normalmente. Esto es, por ejemplo, si una persona compra un automóvil, precisamente para desplazarse con mayor comodidad y seguridad en aquellas largas distancias del DF para ir a cualquier parte, pues resulta que no lo puede usar una o dos veces por semana, porque “no circula” el color de su engomado. Esto no quiere decir que de todas formas para ir al trabajo o escuela se evite usar un automóvil, pues para eso están los taxis o un segundo auto de la familia. Lo asombroso de todo esto, es que la gente en la “gran ciudad” ya ve esto con toda naturalidad, así como el hecho de que en época de invierno se recomienda NO hacer ejercicio por la inversión térmica y demás calamidades ligadas a la sobrepoblación y contaminación de la capital del país.

Me pregunto ¿qué pasará si seguimos creciendo sin medida en población dentro de esta cultura del desperdicio y de la confianza en que “Dios proveerá”?. Tenemos que tomar en cuenta que, como dice el anuncio de un banco en la televisión, ya se ha comprobado que los bebés NO vienen con “torta bajo el brazo” y , por lo mismo, no hay planeta que aguante que sigamos creciendo irresponsablemente a razón de 3 personas por segundo; es decir 260,000 nuevas personas al día. De seguir así, posiblemente en un futuro los que “NO CIRCULEN” seamos los seres humanos y, así, dependiendo del color de la piel o de otra característica similar, nos dirán, por ejemplo: “HOY NO CIRCULA.... EL NEGRO”. Aunque no creo que con esto se restrinja realmente el crecimiento poblacional... Ya me imagino el diálogo en el futuro: “Venga pa’ca mi negro, aprovechemos que hoy usté no circula”. `

 

 

 

 

 

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PARADOJA DE NUESTRO TIEMPO
D.R. © George Carlin. Enviado desde Monterrey por Noemí Pedrero Esponda
La Paradoja de Nuestro Tiempo en la Historia es que en la actualidad tenemos edificios más altos y temperamentos más cortos; carreteras más amplias, pero puntos de vista más angostos. Nosotros gastamos más, pero tenemos menos; compramos más, pero lo disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más pequeñas; más conveniencias y menos tiempo; tenemos más estudio, pero menos sensibilidad; más sabiduría y menos juicio; más expertos, pero más problemas; más medicina, pero menos salud.

Tomamos mucho, fumamos demasiado, gastamos sin necesidad, reímos muy poco, manejamos muy rápido, y nos enojamos muy rápido, nos desvelamos, nos levantamos cansados, raramente leemos, vemos mucha TV, y rezamos muy poco. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores humanos.

Hablamos mucho, pero amamos poco y odiamos muy seguido. Hemos aprendido cómo ganarnos la vida pero no sabemos vivir; le hemos agregado años a la vida, no vida a los años. Hemos ido a la luna y regresado, pero tenemos problemas para cruzar la calle para conocer al vecino. Hemos conquistado el espacio sideral, pero no el espacio interno. Hemos hecho cosas más grandes, pero no cosas mejores. Hemos limpiado el aire, pero ensuciado el alma. Hemos partido el átomo, pero no nuestros prejuicios.

Escribimos más, pero aprendemos menos. Hacemos más planes, pero no los sacamos adelante. Aprendimos a vivir aprisa, pero no a ser pacientes. Creamos más computadoras para retener más información para producir más copias que antes, pero tenemos menos comunicación. Este es el tiempo de comidas rápidas y digestiones lentas; hombres altos y caracteres cortos; ganancias altas y relaciones vacías.

Es el tiempo de búsqueda de la paz mundial, pero de mayor guerra doméstica; tenemos más diversiones, pero menos diversión; más variedad de comida, pero menos valor nutritivo. Estos son los días de dos sueldos por familia, pero más divorcios; de casas más lujosas, pero hogares quebrados. Estos son los días de viajes rápidos, pañales desechables, moralidad desechable, amor de una noche, cuerpos sobrepasados, y pastillas para todo, para ser alegre, para ser callado, para matar.

Es un tiempo cuando hay mucho en el aparador y nada en el almacén; un tiempo en que la tecnología te puede brindar esta carta, y un tiempo en el cual tu puedes elegir si compartes este pensamiento con algún ser querido, o simplemente lo desechas y lo conviertes en más basura. 

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