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Home Año4 1999 Boletin 077
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Boletin 077 3

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Agua Electropura en Comitán
Derechos Reservados. Agosto de 1999.
D.R. © Marta Dolores Albores Albores.
Allá por los años 60 empezamos a saber del agua de garrafón, como le llamamos a “La Brisa Chiapaneca” que Don Jorge Soto empezó a vender.

Mucha gente compramos el equipo consistente en un llamado trapecio y el garrafón de vidrio que entregábamos al recibir el nuevo garrafón lleno, que era transportado por don Leonardo, quien sobre los hombros los repartía. Este, por cierto, era un hombre muy enamorado que, por este reparto de agua, se hizo novio de muchas sirvientas de Comitán, entre las cuales se conocieron varios pleitos en busca de ser las preferidas. Todo esto terminó, como también la fábrica de gaseosas inolvidables de “La Brisa Chiapaneca”.

Desde principios de siglo se acostumbraba el agua filtrada en las casas de la gente rica. En algunas casas teníamos unos filtros que, según se nos decía, venían de países europeos y que consistían en un botellón de color café, cuello y boca de porcelana blanca. Este botellón se ponía en un recipiente lleno de agua como un apaste de barro de Amatenango y el botellón iba filtrando el agua. Posteriormente se sacaba el agua transparente y fresca directamente del botellón.

Otras personas tenía un filtro de piedra de los metates de moler, por el que también salía el agua filtrada, pero lo más acostumbrado era el filtro hecho en casa con una tinaja de Amatenengo, a la que se le abría un pequeño agujero en el asiento. Se le ponía unos carbones de la cocina y un poquito de cal y arena hasta media tinaja, se llenaba de agua se ponía un tripié de madera o fierro y abajo se ponía una jarra u otro cantarito de barro o tinajita en el que, gota por gota, iba cayendo el agua a la que se le llamaba filtrada. Otro método sencillo usado en los ranchos y aquí en Comitán cuando el agua estaba turbia por el tiempo de lluvias o con pequeñas basuras, era poner en una estaca o penca de nopal pelada para darle muchas vueltas dentro del trasto con agua, ya fuera éste una olla de barro, barril o tinaco; y con esto recogía la suciedad del agua dejándola clara y lista para ser bebida. Casi toda la gente del pueblo tomaba el agua como salía de la pila; algunas personas con muchos escrúpulos la hervían antes de tomarla, aunque con un sabor muy diferente a la cruda que no muy gustaba.

Microbios y salmonelas no se mencionaban; no había laboratorios de análisis clínicos y nunca le echamos la culpa al agua por las enfermedades que. como hoy , se dicen de origen hídrico. Si padecía uno fiebre, le ponían una dieta rigurosa, por lo cual el que lograba curarse se levantaba hecho un “cadáver”. Pero eso sí, salía pelo crespo por la fiebre... por eso la gente decía “tiene pelo crespo de fiebre”.

Hoy contamos con plantas de agua purificada como la Maya Montebello, agua embotellada de diferentes marcas y, como que ya es un delito tomar agua cruda. El reparto se realiza en camiones especiales hasta con música, y en carritos que van ofreciendo el agua de casa en casa. Hemos progresado mucho en este aspecto ¡que bueno!, pero a pesar de esto seguimos padeciendo tifoideas y paratifoideas, aunque con los análisis si sabemos qué enfermedad padecemos y los antibióticos nos curan. Lo único que perdimos es el “pelo crespo de fiebre”... ¡quien sabe cual fue el secreto!.

 

 

 

 

 

 

 

 

Seguramente se acuerdan ustedes de nuestro amigo Francisco Javier López, quien por Internet nos envió el siguiente mensaje:

“Me dio mucho gusto ver mi trabajo en su publicación. Más aún, estoy muy agradecido por la oportunidad que me han dado de compartir con mi gente una de mis mayores pasiones, la escritura. Alguien dijo "lo prometido es deuda" así que yo digo: he aquí el poema en que he estado trabajando para ustedes paisanos y amigos. Esta vez el titulo es algo importante, en contraste al ya publicado. Sin más preámbulos

se titula“...

Para Él De Las Flores

Yo me enamoré en mi tierra.
Entre Montes-Bellos y Lagos de Colores
Entre los caminos, los pinos,
la fresca sombra de los encinos.

Los Angeles de mi suelo me guardaron
De rayos truenos y relámpagos.
En las zanjas de mi vida no uno
no dos, no tres, sino nueve Angeles me cuidaron.

Yo me enamoré en mi tierra.
Me enamoré de su gente, la mía
de sus tardes tan amenas
de incomparables tristezas y alegría.

Cuando me tocó partir
hice un mural de cada recuerdo en mí
para poder recurrir mañana
Por si no te vuelvo a ver.

Yo también aprendí en mi tierra.
no solo a leer, sino a deveras querer
sin limitaciones, como un hermano
Como se aprecia la vista al correr.

Me enseñó la vida la dificultad
Y en el mismo rato la belleza final
Mi pila aunque seca nunca vacía está
más aun lleno la olla con un poquito de felicidad.
En el fogón de la existencia
arderán nuestras palabras
Y unas tortillas con sal, tía Rosa
quizás sean el desayuno mañana.

Yo me conocí en mi tierra
de allá es donde yo soy
Y cuando me preguntan digo:
"Soy marimbero señor".

Yo no me alejé de mi tierra.
La llevo aquí de la mano.
Alguien me dijo, compadre; "¿Es usted Mexicano?"

Mis más cordiales saludos desde Yakima, Washington, USA

yo dije "más que eso... soy comiteco mi hermano!".

DD00919

 
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