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Home Año3 1999 Boletin 066
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Boletin 066 5

hoja5.14

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CINE DE LOS 70
Derechos Reservados. D.R. © Carlos Romeo Nájera
Comitán, Marzo de 1999.
Eran los años hermosos, de nuestra niñez; cuando empezábamos a paladear la dulzuras de nuestros cines.

Espectaculares sus construcciones, como sus funciones; hoy nos toca hablar del cine Comitán y Montebello. Fueron esos Domingos que me toca recordar, por su alegría de asistir a las matinés donde las películas más llamativas fueron las de aquellos personajes como Gastón Santos, Rodolfo de Anda, Luis Aguilar, Santo el enmascarado de Plata, Antonio Aguilar, Viruta y Capulina y otros, que no alcanzo a recordar porque mi memoria me traiciona. ¡Cómo olvidar aquel gran recinto obscuro con gradas del cine Comitán, llamado "gayola", mejor conocido por otros como la parte arriba del cine, donde dejé tantas horas de entretenimiento!.

Acudíamos únicamente a esa parte superior del cine, aquellos que carecíamos de centavos para entrar en la parte de la planta baja; ya que era mucho más caro. Además, nosotros gozábamos la función en toda la extensión de la palabra y con travesuras de toda índole, pues tirábamos cuanto estuviera a nuestro alcance hacia la parte de abajo, por ejemplo: basura, botellas, y gritábamos dos que tres groserías cuando muy a menudo solía reventarse la cinta de la película que estaba pasando, pues los operadores de la misma, no se daban cuenta en su momento por motivo de las copitas, que se decía, tomaban durante su trabajo (no me consta). Otros, contaban que en la parte más alta y oscura; se encontraban algunos adolescentes manoseándose o fumando pequeños cigarrillos llamados “Faritos”.

Por lo general los matinés de los domingos empezaban a las 9 o 10 de la mañana y terminaban entre 1 y2 de la tarde; para posteriormente iniciar la función de estreno, como la de “El Nano” con Capulina, Super San o simplemente El Santo contra Capulina. Es importante recalcar que los estrenos eran dos películas a colores y las matinés 3 en blanco y negro.

En el cine Montebello, por lo general ,se exhibían películas en inglés por lo cual muy esporádicamente acudíamos. Para poder entrar a dichas salas, teníamos que hacer unas inmensas colas hasta llegar nuestro turno a las taquillas y poder adquirir el boleto; la fila era más o menos grande, dependiendo de la cinta de estreno.

Si usted recuerda, al terminar la primer película de la función, rápidamente salíamos a la sala de descanso donde encontrábamos una surtida dulcería o tacos doraditos hechos al instante, refrescos, tortas y panes compuestos. Por la parte de enfrente estaba una gran pared tapizada con una gran cantidad de carteles de los próximos estrenos, donde podíamos pasar horas enteras sin darnos cuenta del tiempo. Por el otro lado se localizaba el sanitario de hombres y mujeres, interponiéndose entre estos un gran espejo; donde nos podíamos dar algunos pequeños retoques a nuestro peinado que ya se había desacomodado en la cola para la compra de los boletos. Aquella persona que no podía comprar en el intermedio, también podía comprar los comestibles antes mencionados, con el vendedor que se encontraba en el interior de la sala, quien con su voz muy peculiar solía anunciar todo sus productos en el momento más emocionante de la película. 

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PERSONAJES DE COMITAN: El Janush
D.R. © Profr. Raúl Espinosa Mijangos,
Comitán, Chiapas, Marzo 99
En Comitán siempre han existido gentes conocidas por todos los que aquí vivimos, estos personajes son más famosos que el mismo presidente municipal.

Y esto se debe a que no tienen vigencia, incluso creo que son anacrónicos, sí, la vida siguió su paso y ellos continuaron igual que siempre. Podemos decir con toda justicia “genio y figura hasta la sepultura”.

A muchos de los personajes solo les conocemos un seudónimo y a veces este mote deriva de los rasgos característicos de su figura.

¿Quién no recuerda a Don Antonio “El Janush”?. El vestía un saco raído de color indefinido, un pantalón y playera con las mismas características, cabello alaciado y una barba marchita, era común verlo ebrio, cargando un bote o cubeta, lleno de algo que “sólo él sabía qué”.

Caminaba incesantemente con los pies descalzos, y de vez en vez se detenía, bajaba su bote y se sentaba en él.

Algunas personas aseguran que se ganaba la vida lavando coches, otras afirman que cargando bolsas del mandado y otras más, dicen que tirando la basura. Lo cierto es que siempre lo veíamos deambulando por las añejas calles de nuestro pueblo, o descansando en su bote, fumando un interminable cigarrillo.

Hace ya algunos años nuestros ojos le perdieron el rastro, pero nuestra memoria lo mantendrá activo en su incansable peregrinar. 

Respetuosamente

Raúl Espinosa Mijangos.

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