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Home Año3 1999 Boletin 067
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Boletin 066 4

hoja4.12

LOS PASEOS (1943)
Derechos Reservados.
D.R. ©
Sra. María Antonia Carboney de Zebadúa.
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Marzo de 1999.
Comitán, Chiapas, enero de 1999

 

CONTENIDO

Los paseos dominicales al campo eran frecuentes. Se podía ir a pie a La Pileta, a La Ciénaga, a Campech, a La Represa o a Nicalococ.

Sin embargo, había un lugar al que solamente se iba por un motivo muy especial... Su nombre: Chacaljocom, que en ese entonces era una ranchería situada a varias leguas de nuestra ciudad y por ese motivo se tenia que llegar a ella en automóvil. Ese lugar era el destinado por las familias que tenían parientes o amistades viviendo fuera de la ciudad, para ir a esperar el o los vehículos en los que llegaban los familiares viajantes y darles, así, la bienvenida con abrazos y otras muestras de cariño.

Por tres años consecutivos fuimos toda la familia allá a esperar a los parientes que vivían en San Cristóbal, cuando anunciaban días antes, con el consabido telegrama, su llegada a ésta. Desplazarse hasta allá constituía un acontecimiento, pues había que llevar almuerzo, frutas y refrescos. La espera prolongábase por varias horas, las que dedicábamos por un tiempo a jugar con la pelota, al "chepe-loco", o correr por un bosquecito cercano, no alejándonos mucho, pues en cualquier momento podían llegar los viajantes. Este año (1943) tuvimos la oportunidad de observar el proceso que los indígenas del lugar daban a la lana.

Expertos en esa materia, nos fueron explicando cómo trasquilaban a las mansas ovejas, para después lavar la lana, secarla al sol, escardarla y teñirla de varios colores para después, una vez seca, hilarla en un huso y, finalmente, colocar sistemáticamente los hilos en el telar, tejiéndolos en una preciosa variedad de colores y dibujos, haciendo para su uso personal o para vender, cobijas o gruesos cotones para ellos y vistosas faldas para ellas. En esta ocasión la espera no se hizo larga, ya que estuvimos muy atentos observando cómo realizaban el tejido. Los parientes salieron de San Cristóbal a las 7.30 de la mañana y, después de recorrer los 80 kilómetros por un pésimo camino, llegaron al lugar donde estábamos esperándolos, a la una p.m. Una odisea.

Ellos habían llegado a Comitán para celebrar con toda la familia los 80 años del abuelo, y en esa fecha especial, tuvimos una fiestecita en casa. Después de la comida, en la que se sirvió sopa de pan y lengua de res en escabeche, organizaron los mayores un paseo a La Ciénaga y todos muy animados, hacia allá nos dirigimos. Pasamos por Campech y por el Cerrito Nitre, para dar vuelta en una vereda. A nuestro paso se apreciaban grandes extensiones de terreno donde empezaba a despuntar la milpa. Caminando en compacta marcha, el grupo iba conversando animadamente, haciendo bromas y cortando flores silvestres a su paso.

Al llegar a un llano, los varones haciendo gala de sus habilidades, se adelantaban en abierta carrera o se hacían apuestas para ver quién llegaba primero a determinada meta. Todo iba a pedir de boca... Empero, ya casi al llegar, cierto inconveniente detuvo nuestra marcha: un repentino aguacero, precedido de fuerte tormenta y granizo que nos impidió proseguir. Corriendo lo más que pudimos alcanzamos a llegar a una pequeña choza abandonada para guarecernos. En silencio escuchábamos caer aquel torrencial aguacero; y lo que mucho preocupaba a los mayores, era el continuo golpeteo de los granizos en nuestro frágil refugio, que en cualquier momento podía venirse a pique.

CONTENIDO

MEDIR
D.R. © Don Jorge Castellanos Rivera.
Comitán, Chiapas. 1982

 

No agotes tus reservas insaciante,
se prudente en tu paso caminante,
no sabes lo que falta por andar.

Ni acabes tu licor en un instante,
ansioso y vacilante
que después no tendrás con que brindar.

Ser prudente en la vida fiel consejo,
no abuses si quieres llegar a viejo,
la fatiga nos llega a derrotar.

No corras si es que piensas llegar lejos,
observa que la vida es un espejo,
en que tu podrás analizar.

Cuando es largo el camino en ocasiones
conviene calcular las provisiones,
para llegar con bien hasta el final.

Debe el cuerpo y la mente ir sobre rueda
y medir las reservas que le quedan
para que al fin los dos rindan igual.

No olvides que las cosas por mas bellas,
que sin tener conciencia abusas de ellas
tienes que terminar en el hastío
y pasión y placer se van muriendo,
como el humo se van desvaneciendo
cayendo sin remedio en el vacío.

Es triste que una mente ágil activa,
que aún no causa el rigor de la fatiga
y sintiendo deseos de vivir,
tenga que soportar un cuerpo enfermo,
llevando su existencia hacia un infierno
tan sólo porque no supo medir. 

hoja4.13

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