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Boletin 063 4

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EL ALGODÓN DE PARÍS (1942)
Derechos Reservados.
D.R. © María Antonia Carboney de Zebadúa
Comitán, Chiapas, enero de 1999

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En el mes de agosto cuando celebramos la festividad de Santo Domingo de Guzmán, patrono de nuestro pueblo, año con año para dar realce a la feria, algo novedoso llegaba que rompía con lo monótono, causando asombro en unos y admiración en otros; como fue el caso del año anterior (1941), cuando instalaron una carpa de títeres o el sujeto aquel que dialogaba con su muñeco de trapo, cuya presencia en el kiosko nos dejó atónitos a todos.

El año de 1942 no fue la excepción y en la festividad del Santo Patrono, además de la tradicional "rueda de caballitos”, los puestos de las “zacatecas”, así como de lotería y una diversidad de otros puestos circundando la plaza; una novedad arrasó con todo lo esperado: un pequeño aparato que hacía un dulce en forma de copo, al que llamaban "algodón de París” nunca visto por acá.

Todos, por supuesto -niños y adultos - quisimos saborear el famoso "algodón", aunque existía el inconveniente de que un solo aparato había para hacerlos, lo que con frecuencia ocasionaba largas "colas". El precio del dulce era de cinco centavos; caro para nosotros los niños, ya que los dulces regionales -trompadas, turrones, obleas, tartaritas, africanos y otros -, costaban uno o dos centavos. Pero con tal de obtener el "copo", no importaba su precio ni la espera.

Mis amigas y yo nos formamos en la larga fila. ¿Qué sabor tendrá?, me preguntaba mientras con pasmosa lentitud avanzábamos. ¿Cómo los harán? Para lograr ver cómo manejaban el aparato, me puse a "palillas". Pero, nada; el niño que me precedía era más alto que yo, lo que impidió toda visibilidad. ¿Por qué no avanza la fila? Por fin, después de la larga espera recibí el mío. Los ojos me brillaron. ¡No podía creerlo! Y cuando ya estaba dispuesta a disfrutarlo, unos "peladitos" se acercaron rápidamente y con toda la mala intención del mundo, le arrojaron un puñado de confetti a mi dulce, impidiendo así comerlo y, menos aún, comprar otro, pues dinero ya no tenía.

Aturdida por la sorpresa, desilusionada y colérica ante tal adversidad, llena de vergüenza me retiré del lugar, soportando aún las carcajadas de los bromistas, muchachitos malcriados que se divertían a costa de los varios niños que fuimos sus víctimas. Sin embargo, a pesar de la larga espera para adquirirlo y el peligro que acechaba de que alguien quisiera repetir la bromita, nos arriesgamos e hicimos "cola” en tres ocasiones más, defendiendo nuestro dulce como si fuera una reliquia para saborearlo a nuestras anchas.

La feria continuó con la alegría de siempre. Por las tardes, la gente menuda acudíamos al parque para dar una vuelta en los "caballitos" que en ese entonces eran fijos, no de sube y baja; con unas banquitas pintadas de rojo y otras semejando unas lanchas. La música provenía de un aparato al que colocaban un rollo especial donde venían impresas las melodías; y éstas eran solamente dos: “ Amor chiquito" y "El organillero”, que repetían una y otra vez y un incansable empleado dábale vuelta y vuelta a la manigueta para hacerlo tocar.

Las niñas no se montaban en los corceles, así que la vuelta era en una banca o una lanchita, sin mayor aliciente para nosotras pero, a pesar de ello, constituía una novedad. Por las noches, después de la "entrada de flores" en la parroquia, había en el parque música en marimba, cohetes, globos gigantes de papel que inflaban con un fuelle y eran elevados por medio del calor de una fogata cercana y, desde luego, no podía faltar el tradicional “torito de petate”, haciéndonos correr a todos, por miedo a los "canchinflínes".

Días después la feria se dio por terminada y el barullo se esfumó. Solo se oía el ruido de tablas y láminas; voces de los trabajadores apremiándose unos a otros para levantar las carpas y demás. Camiones que se retiraban con su carga, a cuestas, dirigiéndose a otro pueblo para llenar de alegría a sus habitantes por espacio de dos semanas. Y nosotros los niños, acariciando un juguete comprado con las “zacatecas”, entretenidos con nuestros juegos e ilusiones, nos preguntábamos cuál sería la novedad para el siguiente año... 

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