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Boletin 011 2

Derechos Reservados. D.R. ©1974-1998
González De la Vega, Comitán, Chiapas
Tel y Fax: (9) 632 02 00
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Publicación quincenal 
Distribución gratuita.
Tiraje: 1,000 ejemplares
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PAGINA 2

Año Uno No. 11 | 2a Quincena de Noviembre de 1996 | Familia González De la Vega
Publicación sobre el pasado, presente y futuro de Comitán y la Región Fronteriza de Chiapas ®
 
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LO QUE EN EL RECUERDO QUEDÓ
Derechos Reservados
D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Octubre de 1996.

Doña Lolita Albores
Cronista Vitalicia de la Ciudad

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LO QUE EN EL RECUERDO QUEDÓ
Únicamente en el recuerdo quedó la imagen que teníamos de Comitán, con tantos cambios en sus edificios, sus calles, parques y -que decir- de sus costumbres.
Parece que tuvimos urgencia de un cambio en todo y que a algunos les molesta saber cuáles fueron nuestras creencias, nuestras costumbres y asi oímos decir con cierta extrañeza o molestia:
- ¿ Cómo podían vivir así?,
- ¿Cómo? pues con toda la tranquilidad y felicidad que
daba el convivir con gente guardadoras de tradiciones
transmitidas de padres a hijos, haciendo los quehaceres
y las cosas con las normas que las abuelitas y las mamas
nos enseñaron, los secretos en la preparación de
alimentos y remedios para criar a los hijos, para
organizar el hogar y así formar una sociedad organizada,
respetuosa, llena amor a los padres, de respeto a los
mayores, con formación cristiana y cívica, teniendo
como resultado una juventud alegre y sana, hogares bien
formados, asegurando la tranquilidad en la vejez y un
final de la vida pleno de satisfacciones del deber
cumplido.

UNA SEMANA DE AQUELLAS ÉPOCAS:
Es lunes, vendrá la Juliana a lavar la ropa, ya está lista la olla de agua de lejía, la otra con agua para enjuagar, las dos bateas de madera y el jabón de bola. La ropa de color quedará lista hoy y la blanca queda en jabón para sacarla mañana. Los alambres están tendidos siempre para colgar la ropa sostenidos en dos rollizos postes de ciprés, el lavadero protegido con techo de tejamanil, el lavadero de madera con alzas de pedazos de ladrillos para que la batea quede inclinada y el guacal para sacar el agua.
Juliana lavará todo el día y cuando se vaya por la tarde se le pagarán dos reales o sea veinticinco centavos, con lo que ella pasará a la tienda de la esquina y llevará panela, café molido, pan y tostadas que le costarán la mitad del jornal que ganó. Vendrá mañana a terminar el lavado de la ropa.
El miércoles la salera (muchacha encargada del aseo y del cuidado de la ropa), o la señora de la casa repasa la ropa y se almidonarán manteles, servilletas, fundas y gabachas (mandiles). Se hará el almidón en el perol de peltre o cobre, el chucub para moverlo, el cernidor de manta de San Bartolomé; se le pondrá al almidón un poquito de tinta para que le de a la ropa un ligero azulado.

La tinta está guardada en botellas, se hizo con las ramas de la planta llamada tinta, metiéndola repetidas veces en agua hirviendo hasta que soltó todo el color. Se verá todo lo demás de la ropa si no le faltan botones a las camisas, se zurcirán los calcetines y otras piezas de ropa con alguna rotura; la almidonada quedará tendida al sol para secarse.
El jueves en una batea con una roja sábana de Guatemala, se dejará la ropa regada, hecha en rollos para plancharla al día siguiente.
El viernes se sacan las planchas para lavarlas con pequeños trocitos de carbón y se pondrán a calentar en el bote con fuego de carbón, se pondrá la mesa de planchar con una cobija de lana, luego la sábana amarrada con cordelitas de las cuatro patas de la mesa, los trapos limpiadores a un lado, una muñequita de trapo con parafina para pasarles a las planchas calientes para que corran sobre la ropa y los agarradores hechos con trapos y medias viejas, la ropa que se irá planchando o asentando doblada quedará en un canasto tendido hecho con caña de castilla.
A pesar de barrer diario, el sábado era el día destinado al baño general de la familia y el aseo retirando muebles, quitando telas de araña con la escoba larga, el trapo de sacudir el agua con creolina para evitar pulgas. Quedaba la casa reluciente para el domingo, esperar visitas o parientes que vendrían a comer.
El domingo las sirvientas iban a la Misa primera y la familia a la Misa mayor, de las 8 de la mañana; se almorzaba caldo de gallina con huevos duros, tostaditas, cebolla, chile picado, frijoles calientes de la olla. De regreso de misa los niños iban a la doctrina, las señoritas esperando impacientes las flores que mandaban los novios los domingos. La comida era mejorada, vendría los tíos o compadres a comer, por la tarde se platicaba en la sala o salían al campo a volar papalote en verano a los llanitos de Yalcoc Nicalococ o a los llanos de Campeche. El novio llevaba un bonito papalote para jugar "soltadas". De regreso, caminando lentamente para que el camino se hiciera mas largo, luego la cena. Si el novio ya era "con permiso de casa", se le podía invitar a cenar. Entre ocho y nueve de la noche, todo mundo dormía pensando en el empiezo de la nueva semana
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