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Boletin 037 3

Navidad, posadas, nacimientos y año nuevo.
Derechos Reservados. D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Diciembre de 1997.
Ave. Central Dr. Belisario Domínguez No 41, Barrio de El Calvario, Comitán, Chiapas, México. C.P. 30000..

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Cuando empezamos a ver en el cielo el hermoso Lucero de Pascua, sabemos que ya se acerca la Navidad. No se si hoy la juventud ve así al planeta venus, que en este mes del año se puede observar mejor. Nosotros le llamamos Lucero de Pascua y es la estrella que, según nos decían, guió a los Reyes Magos al lugar donde nació el Niño Dios. Por eso, al verlo pensamos inmediatamente en la alegría de la Navidad. En esta época también las pascuas rojas (hoy flores de noche buena) empiezan a verse en muchos jardines y, en los cerros, florea la pascua blanca con su inconfundible aroma, evocador de nacimientos, posadas y del viejito de la noche buena.

El 16 de diciembre empiezan las posadas. En los templos, en los barrios, en las casas, se puede observar a los santos peregrinos bajo de una palmera, la Virgen montada en un burrito, San José de sandalias y con un gran bastón para caminar. La difícil jornada de estos peregrinos pidiendo posada -negada muchas veces- y que al fin son recibidos con alegría, es lo que cada año recordamos en las posadas con cantos tradicionales. Aunque la tonada haya cambiado, la letra es la misma, así como la tradición de las piñatas, los silbatos y la alegría de los niños mezclada con la nostalgia de los viejos.

En mis tiempos, para la hechura del nacimiento, la familia entera salía unos días antes de la Navidad, armados de machete y costales a buscar ramas y materiales para hacer los adornos. Se buscaba entre las piedras de los cerros unos cactus espinosos llamados “huevos de coyote”; en los robles, se encontraban pelotitas de algodón en color rosa llamados “pedos de duende”; también unas frutitas como trompitos cuyas flores hoy las están vendiendo como flor de tila; flores de maguey de grandes varas, magueyitos chicos, ramas de ciprés, laurel, frutos de colchosté, pashte y grandes manojos de pascua blanca, lamita, arena y cal.

Toda la familia gozaba con poner en el nacimiento lagunas de vidrios, carneritos de algodón, pastores de trapo, casitas de paja, caminos de arena y cal, ramas de limas adornando al ciprés, sartas de manzanitas (tejocotes se llaman ahora) y, por último, una cerca de tule ensartado en mecahilo. Así, el nacimiento quedaba terminado desde el 23 ó 24 de diciembre y en la noche ya lucía bello y oloroso para la nacida del Niño. Todo esto se complementaba con los canastos con hojuelas rociadas de miel virgen o temperante, los tamales, el ponche de piña, marquesote ya en cuadritos y la botella para el piquete del ponche, luces de bengala, velitas, triques e incienso.

En las noches de posadas solíamos ir al templo o a celebrarlas en casas del barrio; una en cada casa, saliendo la procesión por las calles con cantos y faroles, triques o cohetes. Dejábamos a los peregrinos donde les tocaba, para la otra noche llevarlos de nuevo y así, nueve noches, para terminar con la nacida del Niño Jesús.

Las pastorelas, que son representaciones sobre el nacimiento del Niño con pastores y sobre todo cantos alusivos, hoy las organiza y dirige Lupita Alfonzo con sus alumnos de la Escuela Preparatoria y en algunos jardines. La Sra. Esperancita Solís de Pulido (Q.E.P.D.), todos los años en su domicilio y con niños de su familia y de su barrio, presentó la pastorela tradicional. No cualquier persona las hace.

Lo que más se acostumbraba en estas celebraciones, era llevar a los niños vestidos de pastorcitos que bailaban y cantaban villancicos al Niño Jesús. Quien tenía formado un grupo para actuar en navidad y era llamada a diferentes casas era la señorita Olaya Moreno, quien con tiempo preparaba a sus pupilos con panderetas hechas de ruedas de madera, con corcholatas de refresco aplanadas y clavadas a la tablita. Con los años empezamos a saber de “Santa Claus” en lugar del viejito, de sidra en vez de ponche o mistela y de la cena de navidad. Actualmente, muy pocas personas van a la “Misa de gallo”, que ya es más temprano, pero la navidad llenará siempre de alegría los corazones y el nacimiento de Cristo para todo el mundo católico llena siempre de Fe, Amor y Paz.

El día 31 por la tarde y noche se acostumbraba ir a la iglesia a dar gracias a Dios por los favores recibidos en el año y a pedirle su bendición para el próximo año. Después, celebrábamos reunidos en familia en las casas, con la cena, los brindis y la alegría de esperar las 12:00 de la noche para darnos el tradicional abrazo de Año Nuevo.

En esta fecha, se celebraba también el gran baile de fin de año en el salón del cine Olimpia. Era el baile más elegante del año, al que asistían las damas de traje largo y los caballeros de rigurosa etiqueta. Se rifaba una banda para quien sería la señorita del año nuevo. Ella tocaba las doce campanadas en una campana previamente adornada, un caballero despedía con alusivas palabras el año y la luz eléctrica se iba apagando poco a poco para encenderse a las 12:00 de la noche. Entonces repicaban las campanas y el Año Nuevo había llegado a Comitán, lleno de ilusiones y esperanzas.

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