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Boletin 036 5

hoja5.9
Tío Esteban... Tercera Parte. (Estancia en la Ciudad de México)
Derechos Reservados. D.R. © Ing. Armando Alfonzo Alfonzo. Diciembre de 1997.
Ciudad Satélite, Estado de México.

CONTENIDO

En la capital del país ingresó al Conservatorio Nacional de música y recibió las enseñanzas de la profesora Ofelia Urosa. Después pasó al conservatorio Libre donde fue alumno del profesor Rafael Tello y, finalmente, recibió clases del maestro Manuel Barajas en la academia de piano del mismo nombre. Estos estudios formales le dieron armas más eficaces para la ejecución del piano y para la composición, indudablemente. Durante su estancia en la capital del país, se ganaba la vida ejerciendo su profesión de pianista en teatros, cinematógrafos, restaurantes y en cualquier otro lugar donde se requirieran sus servicios.

“LA PAJARERA”

En 1919 realizó un arreglo en modalidad de danzón de nombre “La Pajarera”, canción vernácula mexicana del dominio público. Este arreglo tuvo muy buena aceptación y alcanzó gran popularidad en los lugares donde él trabajaba por lo que algunos prestigiados conjuntos musicales de la capital lo incorporaron a su repertorio. Vendió su propiedad artística a la “Casa Wagner” por la cantidad de quince pesos; esta casa editó el arreglo y el danzón se conoció en todo el país y, posiblemente, en algunas partes fuera de México, llevado por los artistas chiapanecos principalmente.

“NO DEBIO MORIR”

Poco tiempo después, basándose en una tonadita popular, posiblemente llegada de Cuba, que se silbaba y cantaba en la ciudad de México, donde se le adaptó un estribillo con intenciones políticas, compuso un danzón al que llamó “No Debió de Morir”, porque el estribillo decía: “Juárez no debió de morir, ¡ay! de morir... porque si Juárez no hubiera muerto, ¡otro gallo cantara aquí!”. Este danzón, como “La Pajarera”, fue editado también por la casa Wagner y como el otro llegó a ser muy popular.

El cuarteto de músicos cómicos que actuaban con el nombre de “Los Xochimilcas”, a fines de los cuarenta y principios de los cincuenta, parodiaban este danzón usando la letra de la tonadilla, razón por la que en la actualidad el danzón se le conoce más como “Juárez” que como “No Debió de Morir”.

En el seno de la familia Alfonzo García se propagó la versión de que el danzón “No debio de Morir” fue compuesto por mi tío para una novia que tuvo en Tapachula y que murió ahogada en el mar. Con esta versión resulta imposible explicar por qué se le llamó “Juárez” y por qué su autor lo dedicó a un amigo muy apreciado, de Chiapa de Corzo, don Carlos Grajales.

Mi tío trabajaba como pianista en la sala cinematrográfica y salón de baile llamado “Salón Rojo”, que se ubicaba en la esquina de la avenida Madero y la calle Bolivar. El dueño de este salón organizó un concurso de danzones al que se inscribieron varios compositores conocidos de aquella época.

Entre ellos estaba “Larita”, como se le solía llamar a quien más tarde sería el inolvidable Agustín Lara. El día del concurso “Larita” no se presentó; el empresario le preguntó a mi tío si tenía alguna composición para suplir a este concursante. Aprovechando la oportunidad mi tío presentó su danzón “No Debió de Morir” que mereció el primer premio. Este consistía en un hermoso bastón que realmente era un estilete o verdugillo, pues al oprimir un botón en su empuñadora dejaba el arma al descubierto. Mi tío, que no usaba bastón ni tenía necesidad de una arma, vendió su primer premio en la cantidad de veinticinco pesos...de aquél tiempo. La primera grabación de “No Debió Morir” la hizo la orquesta “Columbia” en ese mismo año de 1919.

INVESTIGACION DE LOPEZ MORENO

El periodista, escritor y poeta Roberto López Moreno, nacido en Tapachula, Chiapas, se interesó, desde hace tiempo, por la música de mi tío Esteban y se encontró con que el famoso “Juárez” aparecía en sus versiones modernas con autoría de Tomás Ponce Reyes, quien fue un arreglista de la orquesta “Acerina”. Todo esto trajo como resultado final que en Cuba se diga que el danzón original de tío Esteban, “No Debió de Morir” es cubano y su autor Tomás Ponce Reyes, esta versión cuyo título es, efectivamente, “Juárez” presenta diferencias notables con la versión de “No Debió de Morir”.

En viajes que realizó a la isla bella, López Moreno descubrió cual fue la tonadilla cubana a que hice referencia antes; se trata de toda una “clave” (un ritmo muy parecido al bambuco yucateco y colombiano) cuyo título fue “Clave a Caridad” y su autor el cubano Terenso Valdés, quien estuvo profundamente enamorado de Caridad, una cubana que era la primera voz de un coro que Terenso dirigía. Caridad falleció en plena juventud. La letra de “Clave a Caridad” dice:

Aquí falta una voz, Falta una voz, Aquí falta una voz, ¡Ay! una voz.

Es tan dulce y melodiosa, Es tan dulce y melodiosa,

Como no hubo otra igual, No hubo otra igual.

La voz a la que se refiere la letra de Terenso Valdés es precisamente la de Caridad quien había muerto recientemente. Tiempo después la bella melodía de “Clave a Caridad” se utilizó para otros fines y el músico E. V. Villillo modificó la letra de la siguiente manera:

Aquí falta señores, ¡Ay! una voz, Aquí falta señores, ¡Ay! una voz,

De ese sinsonte cubano. De ese mártir hermano

Que Martí se llamó, ¡Ay! se llamó.

Todo esto sucedió en Cuba, a principios del presente siglo. Esta tonada con su letra modificada fue la que llegó a México, y los mexicanos la volvieron a modificar para aplicársela a Juárez. Esto sucedió en México alrededor de 1916. Tío Esteban tomó cuatro o cinco notas de la tonada así modificada para componer su danzón que, insisto, se llama “No Debió de Morir”.

No existe pues, una clave ni un danzón que se llame “Martí” como tampoco existe un danzón que se llame “Juárez”. Existe una hermosa composición de Terenso Valdés, en ritmo de clave y con letra, que se llama “Clave a Caridad” y un no menos hermoso danzón, sin letra, titulado “No Debió de Morir” cuyo autor es Esteban Alfonzo García.

EN EL PROXIMO BOLETIN:

SU RETORNO A COMITAN

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