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Boletin 036 3

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Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe.
Derechos Reservados. D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Diciembre de 1997.
Ave. Central Dr. Belisario Domínguez No 41, Barrio de El Calvario, Comitán, Chiapas, México. C.P. 30000.

CONTENIDO

El primer domingo de diciembre tiene lugar la entrada de flores de la Virgen de Guadalupe, cuyo templo fue construido en el año de 1907 y remodelado después poniéndole cúpula y arreglando el altar mayor. Por muchos años los encargados del templo fueron don Manuel María Velazco y las señoritas Caralampia y Romana Velazco.

A un lado del templo estaba una explanada llamado el Llanito de Guadalupe rodeado de huertos frutales y magueyales y allí se acostumbraba poner las mesitas con vendimias de frutas y refrescos. El 12 de diciembre, día de la Virgen, la gente se sentaba a un costado del templo en donde había una pequeña lomita con verde zacatito.

No había, como ahora, entrada de antorchas. Unicamente presenciábamos la gran peregrinación que salía del templo de San Sebastián, uniéndose con la de la parroquia de Santo Domingo y que, con cantos, coheterías, flores y velas, llegaba al templo de Guadalupe al medio día, donde eran recibidos con repiques.

El Señor Cicerón Trujillo, Presidente Municipal, mandó pavimentar la calle de subida al templo y a construir el parque, tal y como hoy está. Por los años de 1926 y 1927, por primera vez en una festividad de Guadalupe, el Señor Belisario Argüello empezó a vender las paletas de hielo raspado. Con un molde especial y poniéndole un palito enmedio, ponía el hielo previamente raspado con un cepillo para hielo, lo comprimía y preparaba las paletas de hielo blanco. En esa ocasión, agregó jarabe verde y rojo, dejando la parte de enmedio sin jarabe, y quedando las paletas como banderas tricolores, mismas que vendía a cinco centavos. Recuerdo que hicimos con mis hermanas larga cola para al fin poder saborear las paletas que, según letrero del carrito donde las elaboraban, decian ser “paletas del Polo Norte”.

Por mucho tiempo se vendieron en Comitán estas paletas poniéndoles jarabe de distintos colores y sabores. Hoy, parece que el hielo raspado se vende en bolsitas con un sólo color y con un popote. Lo que no ha cambiado es la devoción a la Virgen de Guadalupe, que sigue firme cada año. Y, ahora, la festividad reviste mayor solemnidad. Llegan las antorchas de muchas partes de Chiapas y de Centro América, consistentes en grupos de corredores que van alternándose en su recorrido para llevar la antorcha encendida. Toda la noche se espera su llegada y así también, del templo de Guadalupe, salen estos grupos hacia otros lugares.

Las entradas de flores empiezan desde el día 3 por la noche para iniciar el novenario el día 4 y terminar el día 12; y, el primer domingo, llegan grupos de las rancherías, trayendo ramas y flores para la construcción de la enramada o jacal a la entrada del templo. Todo esto se combina con la música de marimbas, cohetería y multitudes de devotos. Afuera del templo se forma toda una feria con ventas y juegos; y, la noche del 11, víspera del día de la Virgen, llegan conjuntos musicales, cantantes y las esperadas antorchas, hasta el rompimiento en las primeras horas. Así, el templo está lleno toda la noche con gente que asiste para las misas y también durante el día, pueden observarse peregrinaciones y muchísima gente rezando. Una bonita costumbre es llevar a los niños vestidos de inditos como Juan Diego y, también, se lleva a cabo una peregrinación que sale de la Colonia Miguel Alemán al Templo, compuesta de puros niños y niñas con trajes regionales.

Ahora, más que nunca, debemos demostrar nuestro amor a nuestra Santa Patrona de México y decirle, como nos enseñaron a rezarle nuestras mamás: ¡Virgen de Guadalupe, Reina de México, salva nuestra Patria y conserva nuestra fe!.

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