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Boletin 034 3

hoja3.39
La Fiesta de Todos Santos.
Derechos Reservados. D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Noviembre de 1997.
Ave. Central Dr. Belisario Domínguez No 41, Barrio de El Calvario, Comitán, Chiapas, México. C.P. 30000.

CONTENIDO

La Iglesia Católica instituyó la celebración de tres días dedicados a la veneración de los santos y difuntos: el 31 de octubre a los ángeles, o sea a los niños muertos; el día 1 de noviembre, a la fiesta de todos los santos y, por lo tanto, es el día en que celebramos a todos los vivos que tenemos nuestro santo; el día 2 del mismo mes está dedicado a los fieles difuntos -nuestros muertos-, y es el que más se conoce y se celebra.

Según nuestras tradiciones Dios concede a nuestros seres queridos ya muertos venir a convivir la noche del día 1 de noviembre y, por lo tanto, debemos recibirlos con cosas que a ellos les gustaron en vida. A esto se le llama “quinsanto” en lengua tojolabal: “Quin” es fiesta, por lo tanto esta palabra se refiere a la Fiesta de Todos los Santos. Desde el 30 de octubre se arreglan los sepulcros de los angelitos con flores y adornos,así como con las velas de colores adornadas con tiras de papel; en los altares se les deja dulces y frutas.

El día de Todos los Santos se arregla el altar, se ponen cortinas y coronas de papel de china, flores, veladoras y, por la noche, en la mesa del altar, se pone el quinsanto: pan, chocolate, licor, cigarros. Además, calabaza, camote y yuca cocidos con panela o azúcar, elotes y chayotes también cocidos y frutas. Todo esto se deja para que las almas vengan a comerlo. No se debe comer nada antes que ellas porque según decir de las abuelitas de antaño “se caían los dientes”; así, hay que esperar al día siguiente, dedicado a los muertos, para comer la sobras que ellos dejaron y para hacer el intercambio de bocados con las amistades, así como obsequiarlos con las personas que visitan ese día.

En aquellos tiempos, cuando no había florerías ni se sabía de arreglos florales como hoy, desde el 31 de octubre ya se oía el ofrecimiento de musgo y disciplina traído por las vendedoras de Yashá o de Quijá. Llegaban al mercado con grandes canastos y atados de margaritas de todos santos en diferentes colores, flor tradicional para estas festividades, ciprés y romerillo para hacer las coronas. En enormes bateas de madera se ponía todo esto en agua y toda la familia tomaba parte en la elaboración de estos adornos para el panteón. Letras iniciales hechas con musgo y margaritas y las coronas con romerillo disciplina (hierba especial para su elaboración), quedaba todo preparado para salir al panteón tempranito con toda la familia caminando.

Las sirvientas, con cántaros de agua y llevando, en canastos tendidos, las flores. Al llegar al panteón, en la puerta, uno encontraba las ofertas de juncia o el famoso decir de los albañiles: “se lo limpio, se lo blanqueo, se lo resano” . Y ya hecho el trato, entraba uno llevando la juncia y acompañados por quien iba a quitar el monte, blanquear y resanar los sepulcros, llamados mesitas con su cruz, o hermosas capillas grandes o pequeñitas.

El panteón se veía lleno. Las mujeres entraban con la cabeza tapada y de vestido negro, los hombres sin sombrero. “Mucho respeto y silencio que es Campo Santo” nos decían las personas mayores; ya que no podíamos saber cuántas personas de las ahí enterradas eran santos; después de adornar los sepulcros y rezar salía uno a comprar frutas y quinsanto; muchas familias comían en las casas vecinas o bajo los árboles cercanos, y así se acompañaba todo el día a nuestros muertos. Por la tarde, en el llanito de “La pileta”, cercana al panteón y al “Puente Hidalgo”, se acostumbraba ir a comer quinsanto, llevándolo en canastas. Los jóvenes jugaban “chepe loco” o “tresillo”, las mamás formaban rueda sentadas en el pastito y platicaban y compartían la comida de los diferentes quinsantos llevados por cada familia. Regresaban todos al anochecer, caminando. El primer descanso era el parque de San Sebastián, y luego se recorría lentamente la subida del mismo nombre.

Con los años todo ha cambiado. Frente al panteón se organiza una feria: hay mucha bulla, carros por todos lados, la gente entra con vistosos arreglos florales; quema de triques, música y también, en la capilla se lleva a cabo la celebración de la misa que antes se decía en una improvisado altar a un lado de la entrada principal. No importa el cambio si seguimos respetando, conforme se nos enseñó, la fiesta de Todos Santos. El día de difuntos, sintamos el gusto de pensar que nuestros seres queridos vendrán en espíritu a estar con nosotros, que comerán lo que les gustaba y los tendremos siquiera por esa noche en familia. Pero eso sí, no se vale que lo volvamos noche de brujas, ¡quien puede pensar que los que se fueron y amamos volverán convertidos en brujas?.

Si tiene angelitos en el cielo, no se olvide de quemarles cohetes en la nochecita del 31. Según viejas tradiciones, se lo piden a la Virgen con un dedito parado, volando tras ella.

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