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Boletin 033 3

hoja3.5
Aquellos domingos de octubre en Yalchivol.
Derechos Reservados. D.R. © Marta Dolores Albores Albores. Octubre de 1997.
Ave. Central Dr. Belisario Domínguez No 41, Barrio de El Calvario, Comitán, Chiapas, México. C.P. 30000.

CONTENIDO

En el bonito barrio de Yalchivol se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, cuyo templo fue construido en el año de 1881. Fue hecho y trabajado por don Rito Aguilar y los vecinos del mismo barrio... En Comitán se acostumbra decir, cuando se pondera alguna acción: “hecho y trabajado por Rito Aguilar”, pues con esta frase firmaba sus obras este gran maestro albañil, quien también construyó la capilla de la Inmaculada, y el mausoleo de la familia Castellanos en el panteón municipal entre otras importantes obras.

La imagen de la Virgen en el templo de Yalchivol es antigua, se acostumbra vestirla elegantemente y se le adorna con una hermosa cabellera y su niño en brazos... Recuerdo que de niña me gustaba mucho ver unos angelitos de porcelana que creo todavía existen dentro del camarín de la Virgen.

Antes para llegar al templo se subía una loma cubierta de verde zacate (ahora tiene gradas) y estaba circundada de postes con alambre que, durante las festividades impedía que la gente entrara desordenadamente con ventas a las cercanías del templo; pero a la salida, se instalaban mesitas con ventas de jocotes de corona, chayotes y elotes hervidos, gaseositas, temperante, rompope, dulces, mistelas y curtidos.

Bajo la hermosa ceiba muchísima gente se acomodaba para comer, también en las casas del barrio se acostumbraba pedir lugar para comer. Desde muy temprano y caminando, las familias enteras llevaban comida y ofrendas para la Virgen y llenaban los caminos hasta llegar al templo de Yalchivol.

La entrada de flores de los barrios y rancherías tenía lugar al medio día y, por la tarde, se organizaban las carreras de caballos en la calle del lado derecho del templo que, así, quedaba convertida en hipódromo. En las casas de los lados de esta calle se construían palcos para ver pasar las carreras que precisamente eran calificadas por cuerpos al llegar al costado del templo.

La bulla de los apostadores y, a veces, pleitos por la inconformidad de los perdedores, ponía nervioso al público. A veces, la carrera se abría y un caballo desbocado atropellaba a la gente que, inconscientemente, iba cerrando el paso a los caballos para ver mejor... como resultado, golpes y raspones nunca faltaban entre el público imprudente.

Yo recuerdo haber oído: “ganó el caballo de don Chides”, quien era uno de los mejores participantes en estas carreras... pasaba como exhalación montado en pelo y el grito: “Chides, Chides” llenaba de emoción a los apostadores.

Por la tarde, ya anocheciendo, a veces con una hermosa luna -nada menos que la de octubre-, empezaba a regresar la gente entre alegres pláticas y comentarios. Recuerdo el colorido de las ropas y canastas, las “descansadas” por los niños ya cansados de jugar y caminar , los saludos cariñosos de las amistades: “ay nos alcanzás” o “adiós pué, ay nos vemos el otro domingo”.

Todo mundo regresaba feliz y tranquilo, sin pena de asaltos o de que “dejé sola mi casa y no me vayan a robar”. Con la ilusión de volver al otro domingo, que era el mero día de la Virgen... Felices años en que yo de chica estrené vestidito de percal y en que mis tías Albores, quienes vivían frente al templo de Yalchivol, nos esperaban con gallina y el palquito bajo de un espino para ver las carreras.

Ahora, el cambio es notorio: carreras de bicicletas, palomitas y chicharrín en vez de núegados; tabletas, bolis y paletas en lugar de raspados; carros y más carros en lugar de gente caminando. Pero lo bueno es que se sigue con la tradición de la Virgen del Rosario, la patrona del barrio. Se tiene formada una bonita estudiantina por jóvenes del barrio y el fervor religioso sigue firme.

Yalchivol, barrio de gente noble y buena, sigue su tradición... ¡ que así siga por siempre !

vhoja3.6

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