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Boletin 032 2

hoja2.20
Libres por la Palabra Libre
Derechos Reservados
D.R. © Xavier González Alonso. Octubre de 1997.
Director del Boletín ImaginARTE

CONTENIDO

Nadie como los comitecos tenemos ante el mundo la responsabilidad y el privilegio de una herencia tan valiosa como la Libre Expresión... En especial aquellos que de alguna u otra forma nos dedicamos a comunicar y hemos adquirido el compromiso de compartir la verdad sin restricciones con la sociedad.

En estas fechas, Comitán de Domínguez se viste de gala en un nuevo aniversario del sacrificio del máximo héroe civil de nuestra Patria...

En todo México recordaremos el 7 de octubre el valiente discurso con el que, ante el Congreso de la Nación el Senador por Chiapas, Dr. Belisario Domínguez, cambió su vida por la Libertad de Expresión, denunciando la verdad que todos los demás conocían pero callaban... las consecuencias de la usurpación, abusos e ineptitud del chacal Huerta...

...Era 1913, otro tiempo, otros hombres y otra dimensión y calidad en la representación nacional. Ahora se habla de parlamentos autónomos con un total desconocimiento de la ley y una expresión de soberana intransigencia... El fundamentalismo de tipo religioso en donde “sólo yo conozco y poseo la verdad” nos ha llegado hasta las raíces. Esa no es la clase de verdad que sustenta la Libertad de Expresión, es sólo una nueva farsa que nos toca vivir y enfrentar.

Podemos para ello tal vez referirnos al ideal de Belisario Domínguez, que puede sintetizarse en la frase de su memorable discurso que dice:

“...¡Cumpla su deber la representación nacional y la patria estará salvada, y volverá a florecer más grande y más unida y más hermosa que nunca!.

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Estampada con la tinta indelebe de su sangre, a 84 años de distancia, la frase del Doctor Domínguez sigue siendo vigente... ¡si solamente cada uno de nosotros cumpliéramos con nuestro deber!...

CONTENIDO

Carta a los Comitecos. Autor anónimo.
Derechos Reservados
D.R. © Museo Dr. Belisario Domínguez. Octubre 1997.
Comitecos:

¡Los sauces llorones de las riberas del Grijalva inclinan más sus melancólicas ramas hasta besar la superficie líquida que hoy es una lágrima gigantesca de natura chiapaneca y se empapan para que al ser agitadas por las brisas quejumbrosas, el fin derramen sus lágrimas!

¡Siniestros rumores se escuchan por doquiera como la macabra expresión del misterio!

¡El cielo consumando la imponente majestad de lo desconocido, suspendió sus caricias torrenciales, o tal vez, como espandado ya de fecundizar a esta tierra de desgracias!

¡Un grande hombre, el más grande hombre, si cabe, la más perfecta criatura que chiapas haya tenido... desapareció!

Impecable, sabio, de alma pura y nívea como el sudario de los polos, como la cresta de los volcanes; sólo faltaba un martirio para divinizarlo.

Ese hombre, bien lo sabéis, es el doctor Belisario Domínguez. Elevémosle un altar y que desfile el pueblo todo delante de él.

Le dediquemos las palpitaciones más sentidas de nuestro corazón, las más ardientes lágrimas de nuestro dolor, la más inspirada elegía de nuestra alma.

Porque, sólo comparable a Cristo, llevó la salud a los cuerpos, el bienestar a las almas y, por último, por redimir a su pueblo de un error, aún olvidando los seres que dejaba, agonizó quien sabe si en tortura. Nada más justo pues, que ante esa sublime grandeza, nosotros compatriotas celebremos su apoteósis.

Y así, como el creyente le da forma tangible en imágenes y esculturas a lo místico en que sueña, del mismo modo nosotros creyentes también llenos de fe, sacudamos nuestro marasmo y obedeciendo a un obligado sentir de veneración, amor y gratitud, coloquémosle su busto para perpetuarlo a la mirada y legarlo a la posteridad como un recuerdo, como el más grande ejemplo.

CONTENIDO

 
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