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Boletin 108 5

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ENTREVISTA: Manuel Nucamendi Pulido
Derechos Reservados. Octubre de 2000. ( Parte 3 de 3)
D.R. © María Antonia Carboney de Zebadúa

Dice doña Tony: “Que un paisano se encuentre en Alaska o en la Patagonia quizá no cause asombro... Sin embargo, que alguien de esta tierra se aventure ir a trabajar hasta Bosnia, eso si que es sorprendente.

 

>>>Continúa del boletín anterior

 

- ¿Te acomodaste a las circunstancias, quiero decir, al extremoso clima y a otros modos de vida?

- Sí, siento que soy bastante adaptable; no me quejo por el mucho frío o calor. En invierno presencié tres nevadas muy grandes, fenómeno que me impresionó, ver caer copos blancos por doquier.

- ¿Y en aquellas lejanas tierras te ganó la nostalgia?

- Sí, por supuesto, echaba de menos a mis hijos, mi madre, hermanos, pero, gracias a Dios, encontré mucha camaradería entre los compañeros, entre ellos a tres mexicanos –dos mujeres y un hombre-, que ya imaginarás el gusto que tuvimos al encontrarnos allá. Formamos un cuarteto, reuniéndonos eventualmente para no sentirnos nostálgicos. Eso nos reconfortaba. A pesar de la lejanía estuve muy unido con mi familia por teléfono o por esa maravilla que se llama Internet. No sabes el gusto tan grande tener ese contacto con los seres queridos.

- Luisa, tu pareja, ¿trabaja contigo?

- No, ella está con Naciones Unidas en otro proyecto enfocado a la mujer en el que, desafortunadamente, ellas perdieron mucho del camino andado. A consecuencia de la guerra, la mujer ahora, en aquellos lugares, está bastante restringida. Después de tantos asesinatos, la asistencia en las Universidades es casi nula y en el ambiente rural se percibe más este fenómeno. Nadie, del sexo femenino, se atreve a recorrer cierta distancia para asistir a la escuela. Ahora están dedicadas a los deberes del hogar o al campo. El proyecto entonces, es que retomen lo antes iniciado.

- ¿Debo entender que tu estancia por aquellas tierras te satisfizo?

- Tan es así que me regreso.

- ¿Al mismo lugar?

- No, ahora voy a Kosovo, una provincia de Servia que hace frontera con Albania.

- Bueno, Manolo, no me resta más que darte las gracias por tu tiempo. Te deseo muy buena suerte.

            - Gracias a ti.

 

EL DIA QUE CAYO CENIZA

Derechos Reservados. Noviembre 2000
D.R. © Profr. José Luis González Córdova

Comitán era toda efervescencia, corría la primera semana del mes de agosto de 1902. Todo parecía normal, las festividades del Santo Patrono del lugar se daban con mucha algarabía, la marimba, los cohetes, el confeti y por supuesto la primera sociedad comiteca se daba cita en el parque central para lucir sus mejores galas. Sí, todo parecía normal, si no hubiera sido por el anuncio que había hecho el Señor Cura, al concluir el sermón de la solemne misa de gala en honor a Santo Domingo de Guzmán: “...Hermanos, el Señor nos está mandando señales, en estos últimos días ha habido algunos temblores de tierra, la lluvia ha sido torrencial, las feroces tormentas eléctricas que parecen no tener fin y luego la completa calma. Debemos estar preparados para resignarnos a los designios de Dios”.

La voz del sacerdote sonó como trueno mensajero del mal. La noticia corrió como reguero de pólvora las venas de la pequeña ciudad. La gente empezó a murmurar: dijo el padrecito que debemos organizarnos para llevar muchas velas a la iglesia, que cada uno debe tener en su casa agua y palma benditas, renovar su escapulario y comulgar todos los días, que porque algo anda mal allá en el cielo y que más vale que nos “agarre la muerte confesados”.

Transcurrieron los días y los meses. Las lluvias habían amainado, las noches frescas iluminadas por la luna tenían un no sé que de melancólico misterio. Sus rayos pálidos y apacibles bañaban las torres galanas de la Iglesia Grande; desiertas las calles y en la plaza el viento estaba tranquilo, el silencio, interrumpido de cuando en cuando por el graznar de alguna ave agorera que fugaz atravesaba el firmamento.

Eran las últimas horas del día 24 de octubre, la ciudad estaba cerrando sus párpados, llegaba el sueño, todos se disponían a dormir, el bueno y el malo, el rico y el pobre, el místico y el profano. Los rescoldos en el fogón solamente eran pequeños intentos de lo que había sido. Eran las 11:30 p.m. de pronto se sintió un fuerte movimiento sísmico, como si un émbolo de gran envergadura hubiese golpeado el corazón mismo de la diosa Gea. Todos pudieron escuchar los quejidos de la tierra. Las velas y los quinqués se prendieron como por arte de magia y los corazones agitados parecían corceles en tropel. Fueron sólo unos segundos, pero parecieron eternos.

¡El cura tenía razón! hay señales en la tierra. Esos tumbos no pueden ser más que malos augurios. “...arrepentíos pecadores, arrepentíos porque el fin se acerca”.

Después la calma fue completa. Amanecía el día 25, con los primeros rayos del sol llegaron también las primeras voces, alarmadas y bulliciosas. ¡El cura tiene la culpa, le dijimos que no sacara a Santo Domingo, que era San Caralampio Bendito el que debía pasearse por el pueblo para buscar su protección! ¡Ah... pero no, el muy necio tenía que sacar al santo de los ricos y no al de los pobres, que es más milagroso!

 

>>> Continuará en el próximo boletín

 

 

 

DD00919

 
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